Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Junio 2007

Espiritualidad

La importancia de ser padres
En este mes de junio, pensemos en los papás

Por Rev. Jorge de los Santos

Podríamos iniciar este artículo con la pregunta: ¿Qué es la paternidad? El elemento más importante de esta respuesta lo encontramos en que la paternidad es sobre todo una vocación (una llamada de Dios), es el acto de confianza más grande que Dios muestra hacia el hombre, los propios hijos de Dios son puestos con toda confianza en las manos de los hombres para que sean cuidados, guiados, protegidos y amados. Es una misión importantísima que dura toda la vida, a la que no se puede renunciar o hacer a un lado como si fuera algo desechable. El padre tiene la tarea de llevar a los hijos, que Dios le ha confiado, hacia la plenitud.

Desafortunadamente sucede en la mayoría de los casos, en forma extraña, que los padres se afanan tanto por proveer a sus hijos solamente de elementos externos y no se preocupan por su verdadera felicidad (sólo por la aparente). La mayoría de los padres están regidos por el principio de: “BUSCAR SATISFACER PRIMERO LO URGENTE” y no por el principio de “BUSCAR SATISFACER PRIMERO LO IMPORTANTE”. La urgencia, muchas veces se materializa en proveer techo, vestido y sustento -que bien reconocemos como necesidades vitales- pero la misión de ser padre no se limita sólo a eso, quienes se concentran sólo en ver por estas necesidades “urgentes” no son padres sino que se convierten en sólo “proveedores”. Un verdadero padre además de ver por las necesidades vitales antes mencionadas atiende aquellas tareas que se encuentran a la base y son el soporte de las necesidades vitales, como: compartir un tiempo de calidad con los hijos, con una verdadera presencia física y espiritual. No basta estar en la misma casa pues podrían estar a dos metros de distancia y viviendo en dos mundos diferentes. Con amor y respeto y al mismo tiempo con firmeza, en un ambiente privilegiado por la comunicación, los padres deben transmitir a sus hijos los valores ayudándoles a crear una escala de valores objetiva que sea la fuerza motivacional que los guíe y los mueva en sus vidas.

Puesto que los padres han dado vida a los hijos están obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros educadores. Teniendo presente a la familia como un valor universal y permanente, es pues obligación de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, en la presencia de Dios y el respeto a los hombres, que favorezca la educación íntegra, personal y social de los hijos, es ésta la primera escuela de las virtudes humanas que toda persona necesita. Los padres deben formar y fomentar las virtudes en los hijos, padres comuniquen los valores abiertamente, hablen del por qué de las virtudes tales como: la generosidad, la fortaleza, el optimismo, la perseverancia, el orden, la responsabilidad, el respeto, la sinceridad, el pudor, la sobriedad, la flexibilidad, la lealtad, la laboriosidad, la paciencia, la justicia, la obediencia, la prudencia, la humildad, la sencillez, la sociabilidad, la amistad, la comprensión, el amor a la patria, entre muchas otras más.

A los hijos hay que enseñarles el significado de la verdadera libertad y darles un por qué para vivir para que casi siempre encuentren el cómo vivir.

El padre de familia en cada uno de sus actos, en relación con los hijos, debe tener un por qué, debe tener una razón de peso, aunque tal vez tu hijo no entienda esa razón en ese momento. Los padres deben reconocer cómo sus acciones afectan el desarrollo de los valores de sus hijos, pues muchas veces los hijos copian el comportamiento de los padres. Consideren que sus actitudes y acciones pueden formar la opinión de su hijo, consideren los conflictos que pueden generar en sus hijos con determinadas palabras y acciones.

La primera cosa que los padres necesitan para educar es un verdadero amor a sus hijos y la primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre sí, por lo tanto llegamos a una conclusión muy importante, para ser un buen padre hay que ser también un buen esposo.

Es obligación moral de los padres el educar con el ejemplo, motivar, recompensar y reconocer los logros obtenidos por sus hijos en un ejercicio justo de la autoridad siempre recurriendo a la ayuda de Dios.

Padres, no cometan el error cada vez más frecuente que es el descuidar la formación en la fe de sus hijos haciendo caso omiso de la dimensión espiritual en la vida de sus hijos, recuerden que ante todo ellos son hijos de Dios. ¡FELIZ DIA DEL PADRE!


 
 

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