El primer viaje del Papa a América Latina: una “clave” para entender cómo piensa
Benedicto XVI se mostró como un verdadero padre que cuida de sus hijos y explicó que lo esencial en la vida del ser humano es vivir el Amor
Por Alejandro Bermúdez*
Si prestáramos atención a lo que algunos medios han informado sobre la reciente visita del Papa Benedicto XVI al Brasil -que él mismo describió como una visita a América Latina, a todo nuestro continente-, diríamos han habido dos viajes papales y no uno solo.
El primer “viaje” sería el que han presentado los medios masivos de comunicación: el de un Papa que se habría dedicado a dar mensajes formales de lo que enseña la Iglesia sin importarle el entorno. “El Papa dice ‘no’ al aborto y a las uniones homosexuales”. “El Papa le pide a los obispos dejar las ideologías”. “El Papa dice a narcotraficantes que pagarán ante Dios”.
Estos son algunos de los titulares con los que la prensa brasileña y latinoamericana resumió los cinco intensos días que el Santo Padre pasó en Brasil.
Es cierto que el Papa realizó declaraciones fuertes y claras, reafirmando la enseñanza católica. Pero el verdadero viaje del Papa, el que la mayoría de los medios no supo reflejar, es aquel en el que Benedicto XVI abrió su corazón con emoción a nuestro “Continente de la Esperanza”, y le señaló que lo central de la vida cristiana no es la ley, sino la vida en Cristo, que ilumina la mente con la fe, transforma el corazón con la esperanza, y se vuelve acción en el mundo mediante la caridad.
Su encuentro con los jóvenes
En efecto, durante el emotivo encuentro con los jóvenes en el viejo Estadio de Pacaembú en Sao Paulo, el Santo Padre no ofreció a los jóvenes una lista de tareas por realizar, sino que los inspiró con estas palabras: “Mi pedido hoy, a vosotros jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana. Vosotros, jóvenes, no sois apenas el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven”.
Así, con estas palabras, pronunciadas en portugués, y en algunas ocasiones en español, el Papa Benedicto XVI poco a poco se fue ganando el corazón y el entusiasmo de los brasileños, de tal manera que si bien sólo 35,000 jóvenes asistieron al estadio, la explanada del Santuario Mariano de Aparecida reunió a más de 300,000 personas. Ciertamente mucho menos del millón o más que atraería en otros países como México, pero mucho más de los 70,000 que los organizadores esperaban en un Brasil donde la práctica católica se ha ido evaporando rápidamente.
El primer santo brasileño y los obispos
Durante la canonización de Fray Antonio de Santa Anna Galvao, el primer santo brasileño, conocido como el “Padre Pío del Brasil” por su paciencia y caridad para con los numerosos sufrientes que buscaban su consejo y su consuelo, el Papa señaló una vez más que lo importante de la vida cristiana no es vivir un conjunto de normas, sino un verdadero encuentro con Dios que transforma la vida.
“Unidos en comunión suprema con el Señor en la Eucaristía -dijo Benedicto XVI- y reconciliados con Dios y con nuestro prójimo, seremos portadores de aquella paz que el mundo no puede dar”.
Y en ese mismo espíritu preguntó: “¿Podrán los hombres y las mujeres de este mundo encontrar la paz si no se concientizan acerca de la necesidad de reconciliarse con Dios, con el prójimo y consigo mismos?”
Así, para el creciente número de fieles que comenzó a seguirlo con cada vez más interés mientras su viaje avanzaba, el Papa se convirtió en el portador de un mensaje claro de renovación en la fe.
En ese sentido, les dijo a los Obispos del Brasil, reunidos en la Catedral de Sao Paulo, ubicada en una zona completamente copada por la pobreza material y moral de la urbe brasileña: “Es necesario un salto de calidad en la vivencia cristiana del pueblo, para que pueda testimoniar su fe de forma límpida y luciente. Esa fe, celebrada y participada en la liturgia y en la caridad, nutre y fortifica la comunidad de los discípulos del Señor y los edifica como Iglesia misionera y profética”.
Emotivo encuentro con ex-drogadictos
Un mensaje similar llevó al emotivo encuentro con las Fazendas da Esperança (Haciendas de la Esperanza), un centro de recuperación para drogodependientes, la mayoría jóvenes, ubicado en la región montañosa y serena de Guaratinguetá, al noreste de Sao Paulo y muy cerca del pueblo de Aparecida, el corazón espiritual de Brasil.
Es verdad que allí señaló con dureza que “los que comercializan la droga, piensen en el mal que están provocándoles a una multitud de jóvenes y de adultos de todos los segmentos de la sociedad: Dios les va a pedir cuentas”.
Pero más importante y menos reportado por la prensa fueron las conmovedoras palabras de reafirmación que dirigió a los jóvenes ex-drogadictos, que bebían sus palabras con la ansiedad de sedientos espirituales, y lo escuchaban con una atención filial que conmovió muchos corazones.“La reinserción en la sociedad constituye una prueba de la eficacia de la iniciativa de ustedes”, dijo el Papa Benedicto. “Pero lo que más llama la atención -agregó-, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia”.
El Pontífice volvió a subrayar la importancia de esta participación viva en la Iglesia, fruto del encuentro personal con Jesucristo, durante el Rosario con los sacerdotes, religiosos, movimientos apostólicos y familias del Brasil que presidió el sábado 12 de mayo en el gigantesco Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, el más grande de América Latina.
Allí, ante la imagen pequeña y negra de la Virgen María que casi dos siglos atrás unos humildes pescadores sacaron con sus redes del cercano río Paraíba do Sul, proclamó, ante los aplausos constantes de los presentes: “por eso el Papa quiere deciros a todos: ¡La Iglesia es nuestra Casa! ¡Esta es nuestra Casa! ¡En la Iglesia Católica tenemos todo lo que es bueno, todo lo que es motivo de seguridad y de consuelo! ¡Quien acepta a Cristo: ‘Camino, Verdad y Vida’, en su totalidad, tiene garantizada la paz y la felicidad, en esta y en la otra vida! Por eso, el Papa vino aquí para rezar y confesar con todos vosotros: ¡vale la pena ser fieles, vale la pena perseverar en la propia fe!”
“Pero la coherencia en la fe -agregó, ahora ante unos fieles que escuchaban en atento silencio- necesita también una sólida formación doctrinal y espiritual, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa, más humana y cristiana”.
El testimonio de vida es lo que logrará el cambio
El domingo 13 de mayo, en la mañana del mismo día en que regresaría a Roma, al presidir la Misa de inicio de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en la explanada del Santuario, el Pontífice recordó a todos los presentes cómo la Iglesia confía su crecimiento apostólico en el testimonio de sus miembros, y no en la habilidad de los “métodos” o de las “técnicas”.
Allí dijo: “la Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por ‘atracción’: como Cristo ‘atrae todo a sí’ con la fuerza de su amor, que culminó en el sacrificio de la Cruz, así la Iglesia cumple su misión en la medida en la que, asociada a Cristo, cumple su obra conformándose en espíritu y concretamente con la caridad de su Señor”.
En este espíritu, que subraya la primacía del encuentro con Cristo y de la vivencia del amor, dijo a los obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida para la gran cumbre eclesial que duró hasta el 31 de mayo: “los fieles esperan de esta V Conferencia una renovación y revitalización de su fe en Cristo, nuestro único Maestro y Salvador, que nos ha revelado la experiencia única del Amor infinito de Dios Padre a los hombres”.
“De esta fuente -agregó- podrán surgir nuevos caminos y proyectos pastorales creativos, que infundan una firme esperanza para vivir de manera responsable y gozosa la fe e irradiarla así en el propio ambiente”.
Qué nos dice a nosotros, latinoamericanos
Con este mensaje centrado en la conversión y el amor, que se proyecta en la solidaridad, el Papa Benedicto XVI no sólo conquistó el corazón de los brasileños, que lloraron su partida como quien ve a un padre querido partir a un destino lejano.
También dio a los hispanos de todo el Continente una clave muy importante para entender mejor el actual pontificado, y para comprender por qué la primera Encíclica de Benedicto XVI, no por casualidad, se titula “Dios es Amor”.
Para el Papa, explicaba un funcionario de la Santa Sede que viajó con él al Brasil, ser el Vicario de Cristo tiene poco que ver con ser un “policía” de la fe. Por el contrario, él ve que su misión consiste en alentar a las ovejas de su rebaño a comprender la grandeza, la belleza, la nobleza de esta fe que nos ha sido revelada por el amor de Jesucristo, y que es la única capaz de proporcionarnos el “ciento por uno” en esta vida… y la vida eterna.
Alejandro Bermúdez es director de la Agencia ACI Prensa, y cubrió la visita del Papa Benedicto XVI al Brasil. |