A un año del I Encuentro Nacional de Pastoral Juvenil Hispana
Recordando los desafíos que el Encuentro planteó a los jóvenes hispanos de Estados Unidos
Por Luis Soto*
Un año ha pasado desde la realización del gran evento que culminó el proceso del Primer Encuentro Nacional de Pastoral Juvenil Hispana en la Universidad de Notre Dame. El sabor de la celebración y el compromiso aun se siente en cada uno de los que tuvimos la dicha, de alguna u otra manera, de participar en este gran evento. Pero a un año, ¿que podemos recoger para nuestras experiencias de pastoral juvenil? Hagámoslo siguiendo los pasos por los que nos llevó el proceso del Encuentro.
El Encuentro comenzó invitándonos a abrir nuestros ojos y corazones para poder “Encontrar a Cristo Vivo en las necesidades y aspiraciones de los jóvenes hispanos”. Ya el Papa Juan Pablo II lo había mencionado en “Iglesia en América”: “El Encuentro con Jesucristo Vivo es el camino para la conversión, comunión, solidaridad y misión”. El entonces Papa mencionó que hay distintos lugares privilegiados donde podemos tener un Encuentro más eficaz con el Señor Jesús, tales como la Eucaristía, su Palabra, las devociones, pero enfatizó la importancia de encontrarlo en nuestros hermanos y hermanas. Los jóvenes hispanos de los Estados Unidos hemos hecho una pastoral enraizada en las necesidades y aspiraciones de nuestros hermanos jóvenes y desde allí partimos en nuestro Encuentro Personal con Jesucristo Vivo.
Después de enfatizar nuestro Encuentro con Cristo Vivo, el Encuentro nos invitó a reflexionar sobre todas las mejores prácticas, actividades, acciones y modelos que usamos en nuestra evangelización, asegurándonos que “La pastoral Juvenil Hispana trae nueva vida a la Iglesia en los Estados Unidos”. Sin duda que así es. Cuando exploramos las diversas formas de evangelización que, siguiendo la fuerza de un espíritu creador y creativo, muy latino y muy divino, se han dado en nuestra comunidad juvenil, sin duda que podemos decir que somos fuente de bendición para la Iglesia. Y ese testimonio vivo de nuestro énfasis evangelizador, debe ser fuente de conversión, de nueva vida para la Iglesia. La Iglesia se ha convertido y se sigue convirtiendo cada día con cada uno de nosotros que contribuye de manera callada y casi anónima a la construcción del Reino de Dios en los Estados Unidos.
Al hacerlo, no debemos caer en la tentación de sentirnos solamente especiales, separados, como si nuestra pastoral juvenil fuese la única vía para la Iglesia, sino hacerlo teniendo conciencia y sabiendo a ciencia cierta que estamos inmersos en una tarea evangelizadora más amplia que realiza la Iglesia. Si somos “una sola Iglesia, debemos tener una sola visión”. La visión de Jesús. Esto nos lleva a la comunión, a ser fuente de unión y comunidad y no de divisiones y rencillas. Cuando trabajamos en el Encuentro articulando una visión común y principios pastorales, nos dimos cuenta que es la misma visión de la Iglesia, y que no porque somos hispanos debemos ser considerados separados de ella.
Pero para llevar a cabo una pastoral juvenil que parta de un Encuentro con Jesucristo Vivo en las necesidades y aspiraciones de los jóvenes, para así ser fuente de vida nueva para la iglesia, trabajando bajo una misma visión y en espíritu de comunión, hacen falta “líderes llamados a servir”. No a servirse a sí mismos, sino a toda la Iglesia. Líderes al estilo de Jesús enfatizamos durante el proceso del Encuentro. Servidores solidarios y preocupados por las necesidades de nuestros hermanos. Haciendo en nuestro trabajo evangelizador las mismas cosas que hacia Jesús. Buscando en todo momento la evangelización y la gloria del Padre. El Encuentro enfatizó la promoción de liderazgo. Como respuesta, muchas diócesis, movimientos, parroquias, etc., han desarrollado programas que buscan la promoción y formación de líderes, que sean capaces de llevar la Palabra de Dios hasta los últimos rincones del mundo. De la misma manera que Jesús hizo al escoger a los primeros doce, por eso nosotros seguimos apostando por la formación de líderes juveniles, aun cuando la tarea sea larga y los resultados no siempre alentadores.
Todo este proceso debe empujarnos a buscar las mejores “estrategias para continuar la misión”. Como juventud hispana, tenemos muchos retos y desafíos que enfrentar. La mayoría de nuestros jóvenes hispanos, especialmente los adolescentes, están siendo mal atendidos por nuestra pastoral. ¿Qué estrategias podemos implementar para llegar a esos jóvenes que no han escuchado el mensaje de Jesucristo? No se trata de un proceso que se hace una sola vez, sino que debe ser multiplicador, misionero.
Un año ha pasado, pero los anhelos siguen vivos, las ilusiones, lo que nos motivó el primer día en una reunión de La Red en Dallas, Texas, a convocar este Primer Encuentro Nacional, siguen vigentes. Como todos escuchamos de boca del Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga y lo leemos frecuentemente en la Primera Carta de San Pablo a los Corintios: “Predicar el Evangelio no es motivo de gloria, sino un deber que me incumbe, ¡Ay de mí si no evangelizo!” (1 Cor 9,16)
* Luis Soto es Director del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver y Coordinador del Comité de Proceso del Primer Encuentro Nacional de Pastoral Juvenil Hispana. |