Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Julio 2007

Espiritualidad

Hombres fieles a la gracia recibida
La comunidad hispana agradece de manera especial la dedicación de dos sacerdotes americanos

Por Mar Muñoz-Visoso

Hoy quiero hablar de dos sacerdotes. Dos hombres que en días recientes se han despedido de sus parroquias para atender el llamado de Dios, y del obispo diocesano a una nueva misión. Son sólo dos de 37 sacerdotes que este año cambian de parroquia o ministerio en la Arquidiócesis de Denver.

Ellos se preguntarán qué han hecho para merecer esta atención pública que no han pedido. Desde el punto de vista de un montón de feligreses agradecidos la pregunta se revierte en “¿Qué no han hecho por nosotros?” y sí merecen un “hasta pronto” agradecido.

Uno es el Padre Bernie Schmitz, hasta hace poco párroco de Nuestra Señora de la Paz en Greeley, y ahora nuevo Vicario para el Clero y párroco de Mother of God en Denver. El otro es el Padre Stephen Siebert-Foley, quien ha dejado Holy Family en Denver para ir a tomar las riendas que el P. Bernie deja en Greeley.

En su exhortación apostólica Pastores Dabo Vobis, (“Os daré pastores según mi corazón”, Jer 3, 15) el Papa Juan Pablo II nos recuerda que sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato de Jesús “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19) y “Haced esto en conmemoración mía” (Lc, 22, 19; cf. 1 Cor 11, 24).

Sabemos por la fe que la promesa del Padre no puede fallar y que nunca el Espíritu Santo dejará que falten del todo los ministros sagrados en la Iglesia. Sin embargo, la abundancia o escasez de ellos depende en mucho de la disposición y entrega confiada y generosa que hagan aquellos que son llamados. Y también de que, una vez aceptado el llamado, ellos permanezcan fieles a la gracia recibida. El Papa también hacía alusión a la “absoluta necesidad de que la nueva evangelización tenga en los sacerdotes sus primeros ‘nuevos evangelizadores’”.

Meditando en estos pensamientos fue que me vino a la mente el proceso que estos dos buenos sacerdotes y sus comunidades han vivido recientemente. Ninguna despedida es fácil, pero sobre todo si hay amor y un profundo cariño y respeto entre las partes que se separan. Este es, sin duda, el caso en estas dos historias.

El Padre Bernie Schmitz deja en Greeley un legado de reconciliación, impulso positivo a la acción, inclusión, sentido de pertenencia, dignidad y respeto hacia todos los miembros de la congregación. Con gran sentido pastoral, este hombre, que una vez y otra nos recuerda que su misión es acercar a las personas más a Dios, no ha sido tímido a la hora de poner sobre la mesa los temas y asuntos que afectan y crean tensión, tanto en la comunidad parroquial como cívica, tratando de buscar soluciones constructivas.

Su liderazgo le ha ganado el respeto no sólo de sus feligreses sino de las mismas autoridades civiles. También la admiración y confianza de sus hermanos sacerdotes y de su obispo. Su salto a la “fama” el año pasado cuando tuvo que acompañar a las familias afectadas por las redadas migratorias en una planta de la ciudad, sólo puso de manifiesto al “padre Bernie” que muchos ya habíamos llegado a conocer y admirar por mucho tiempo.
El Padre Esteban Siebert llegó a una parroquia bella pero que en esos momentos languidecía entre el cierre de su escuela parroquial y una población envejecida y cansada que sin embargo ha dado mucho a la parroquia. Sabiendo ver más allá, se dio cuenta de que la creciente presencia hispana inmigrante en la zona no era correspondida por una atención pastoral por parte de la parroquia. Decidido a cambiar esto, el padre Esteban comenzó el largo y lento proceso de explorar la necesidad y buscar formas de que los católicos de habla hispana se sintieran bienvenidos.

Su experiencia en México, además, le hacía consciente de que los católicos hispanos no tenemos demasiada conciencia de límites geográficos parroquiales. Y que son más bien los lazos familiares, las relaciones de amistad y, sobre todo, el sentir que somos bienvenidos lo que nos lleva a poner nuestros dones al servicio de la comunidad o, simplemente, a asistir a misa en un lugar u otro. Cuatro años después, la congregación ha atraído también a numerosos católicos hispanos de todo el área metropolitana. Y la misa en español es ya la que cuenta con mayor asistencia.

En ambos casos, la construcción de una nueva Iglesia (Nuestra Sra. de la Paz) y de nuevos salones parroquiales (Holy Family) pueden ser símbolos de un ministerio entregado, efectivo y constructivo, donde se ha tratado de atender a las necesidades sacramentales y pastorales de los recién llegados, tratando de no desmerecer ni descuidar tampoco a la congregación existente. Cada uno lo ha hecho con su personalidad y su estilo pero con un gran sentido pastoral y misionero. Y no es tanto el edificio sino el “construir comunidad” por lo que serán recordados.

No ha sido un proceso exento de tensiones ni sufrimiento para ambos párrocos. Sin embargo, su legado y su memoria serán duraderos en los corazones de sus ya antiguas congregaciones donde han ganado amistades y lealtades sinceras de por vida.
Debemos dar gracias a Dios por sacerdotes como estos, alegrarnos de haber gozado de su servicio por un tiempo y de compartirlos ahora con otros fieles y otras necesidades de la Iglesia arquidiocesana.

Los párrocos van y vienen. Y es bueno que lo hagan para conservar su sentido misionero. Mientras tanto la vida de la Iglesia continúa. No importa el estilo o el carácter del nuevo párroco (aunque párrocos como estos ayudan mucho…) Nosotros sabemos que “el mandato de anunciar el Evangelio y de renovar cada día el sacrificio del cuerpo entregado y la sangre derramada por la vida del mundo” (PDV, 1) continuarán en la figura de otros sacerdotes. Demos gracias a Dios.

Mar Muñoz-Visoso es la Directora de la Oficina Justice for Inmmigrants en Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Denver.


 
 

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