Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Enero 2007

Los retos de una familia cristiana en medio del mundo

Ser padres no es fácil, pero con la ayuda del Señor Jesús todo es posible

Antonio y Claudia Chávez llevan 12 años de casados y tienen dos hijos: Tony de 9 años y Gisell de 7 años y llevan 13 años viviendo en Estados Unidos. Esta joven pareja mexicana, colabora de manera dinámica en su parroquia (San Agustín de Brighton) y son parte de la asociación Encuentro Matrimonial. En esta edición, ellos comparten su experiencia de ser padres y los retos que tienen que enfrentar en la educación de sus hijos y en su esfuerzo por ser una verdadera familia cristiana.

Por Claudia y Antonio Chávez

Antes de conocer a Dios nues-tro Señor, nuestro matrimonio no estaba nada bien, así estuvimos nuestros primeros 7 años de casados, viviendo y haciendo sólo nuestra voluntad, pero gracias a Dios, vivimos el fin de semana del Encuentro Matrimonial. Hasta ahora recordamos la fecha, fue un 7 de Abril del 2002, a partir de ese momento Dios transformó nuestra relación, y ahora Él es centro de nuestras vidas y sabemos que si nos alejamos de Él, podríamos volver a ser como antes, por eso luchamos cada día por vivir los valores que hemos aprendido en este caminar, eso no quiere decir que todo sea perfecto, porque también tenemos nuestras caídas, pero con la ayuda y la gracia de Dios nos levantamos y seguimos caminando, ayudando con nuestro servicio en lo que Él nos necesita. Y una de las cosas que nos pide es ser buenos padres, porque en este tiempo hemos descubierto que ser padres ha sido un gran regalo de Dios, es maravilloso ser dadores de vida, esta experiencia no se puede explicar con palabras, este sentimiento es tan fuerte y tan profundo que si lo pudiéramos comparar con algo, sería talvez como la inmensidad del infinito y tan profundo como el mar.
Esto ha sacado nuestros mejores dones, sin embargo nuestra experiencia no ha sido muy fácil. No hay escuela para ser unos buenos padres y muchas veces a causa de nues-tro trabajo no tenemos el tiempo que quisiéramos para nues-tros hijos. Por otro lado, formar a nuestros hijos en un ambiente católico es una lucha constante, tenemos que combatir con todas las barreras del mundo de hoy, los medios de comunicación y la sociedad por ejemplo, que con sus mensajes llenos de anti-va-lores, llevan a la desintegración familiar. Es por ello que conti-nuamente necesitamos estar al tanto de lo que nuestros hijos están haciendo o viendo, o cuales son sus amistades. Ellos algunas veces piensan que somos demasiado estrictos, pero confiamos en que más adelante ellos comprenderán que todo lo que hacemos es porque los amamos.

Nuevamente, no es fácil ser padres, pero una de las cosas que más nos ayudan para unir a nuestra familia es involucrarnos en las actividades de nuestros hijos, por ejemplo nuestro hijo juega fútbol, Antonio –el padre de familia- es el entrenador del equipo y cuando tienen un partido, vamos a verlo en familia. Además Claudia –madre de familia- coordina el coro de niños y nuestros dos hijos parti-cipan en él. De esta manera los involucramos en las actividades de la parroquia. Por otro lado, buscamos tener tiempos libres para compartir, una de las cosas que hacemos es ir tres veces por semana juntos al centro de recreación a nadar.

Otra cosa que creemos importante es crecer en nuestra fe y compartirla con los demás. Como pareja, presentamos charlas en el Encuentro Matrimonial mundial y en nuestra parroquia damos pláticas prematrimo-niales. Somos ministros extraordinarios de la comunión y estamos en el coro de matrimonios, también ayudamos en las actividades de nuestra parroquia como en los retiros, festival etc.

Educar a nuestros hijos en una cultura diferente a la nuestra es todo un reto, porque tenemos que adaptarnos a la cultura de aquí sin dejar la nuestra y esto para ellos no es fácil. El idioma es una de las cosas que les ha causado más dificultades. Al comienzo nuestros niños asistían a una escuela donde sólo hablaban inglés y nuestro hijo lloraba porque no entendía y después lo cambiamos a una escuela donde todo era en español, pero a causa de eso, se atrasó con el inglés y no sabíamos que hacer. Ahora uno de los retos que enfrentamos es que tenemos que manejar 40 minutos para llevarlos a una escuela católica, pero sabemos que este reto vale la pena, sobre todo porque en esta etapa están fortaleciendo su fe y sus valores y la escuela juega también un papel muy importante en esto.
Desde nuestra pequeña experiencia, aconsejamos a las fami-lias a que no se suelten de Dios, porque sólo con Él es que vamos a poder salir adelante. Él se encargará de que nada nos falte y que trabajemos juntos para darle a este país lo mejor que traemos del nuestro.

 
 
 

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Arquidiócesis de Denver

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