Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Enero 2007

Enseñanzas de la Familia de Nazaret

La Sagrada Familia es modelo de una auténtica familia cristiana

Por Jorge Luna

El último día del año celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. La Iglesia nos invita, en medio del contexto de la Navidad, a poner nuestros ojos no sólo en el Niño que nace, sino también en aquellos que colaboraron con Dios para que esto sea posible: San José y Santa María. Y al verlos descubrimos muchas enseñanzas para nuestras vidas en el día a día..

A veces parece que fruto de la sociedad en la que vivimos, lejana a Dios e inundada de relativismo, modelos como el de la Familia de Nazaret aparecen como ideales sublimes pero inalcanzables, llenas de cosas que nos gustarían hacer pero que en el fondo sabemos que no podemos llegar a hacer, y es precisamente esa aproximación la que nos impide lanzarnos con todas nuestras fuerzas para mostrar al mundo lo que realmente significa ser una familia cristiana.
No nos olvidemos que lo que leemos en las Escrituras son hechos completamente reales, donde seres humanos como nosotros -María y José- hicieron todo lo posible por colaborar con el Plan de Amor del Padre, para que su Hijo habitara entre nosotros. El caso de cada familia cristiana no tiene porque ser distinto. El Señor quiere que cada hogar- padre, madre e hijos - sea un lugar donde Cristo esté presente y esa presencia se irradie a todos los que lo visiten.

Mensaje de fe
Tal vez uno de los rasgos más importantes que descubrimos al acercarnos a Jesús, María y José es un hogar en el que Dios ocupa verdaderamente un lugar central. María y José han formado un hogar bendecido por Dios y ambos están dispuestos a dejar de lado sus propios planes, sus comodidades, para seguir fielmente el Plan que Dios tiene para ellos. Mejor dicho, ellos entienden que sus planes deben ser los planes que Dios tiene para ellos, y es por eso que están dispuestos a enfrentar retos, sacrificios e incomprensiones juntos, sabiendo que la base de su hogar está en Dios.

Testimonio de vida
Otra de las características que descubrimos en la Familia de Nazaret es cómo su vida desde el inicio no está exenta de dificultades. Ellos son un modelo para todas las familias de cómo las dificultades deben ser enfrentadas con realismo, pero siempre con nuestra confianza puesta en Dios. Y cómo una familia, cuyo vínculo principal es el Amor que viene de nuestra relación con Dios, puede sobrellevar cualquier dificultad. Ellos tuvieron que viajar largas distancias estando María embarazada. No encontraron alojamiento en la ciudad de los ancestros de José. Quizás sus propios familiares no quisieron darles posada. Tuvieron a su Hijo, el Mesías esperado, en un pesebre, el lugar donde comen los animales. Tienen que huir a Egipto porque quieren matar a su Hijo. Imagínense las preocupaciones, los sufrimientos que debieron pasar durante todas estas experiencias. Y a pesar de no llegar a entenderlas del todo siempre hicieron el esfuerzo por descubrir qué era lo que Dios quería, y Dios nunca los abandonó. Un ejemplo muy concreto lo tenemos en la Virgen María que meditaba todas estas cosas en su corazón.

Testimonio de santidad
Así, en la Familia de Nazaret debemos descubrir un llamado muy claro a vivir la santidad en la familia. Sabemos que la cultura secular ataca frontalmente el ideal de la familia cristiana. Y debemos estar atentos a este fenómeno. Los medios de comunicación al presentarnos modelos de familias en las que los esposos no son fieles, en las que los hijos no respetan a sus padres, en las que los padres no son capaces de educar y ser modelos para sus hijos, nos van poco a poco convenciendo que en realidad es imposible vivir la santidad en el matrimonio. Esto es especialmente perjudicial para nues-tros hijos. Tampoco podemos olvidarnos de lastres como la pornografía, la exaltación del homosexualismo como algo na-tural, la propaganda del aborto, entre otras cosas.
Ante todas estas realidades, las familias tienen una misión muy grande. La de recuperar en su propio hogar la santidad de la familia. Hemos visto en los últimos años modelos como el de los Beatos Luis y María Quatrocchi y Santa Juana Molla, y hay tantos otros que permanecen anónimos, pero que nos demuestran que sí se puede ser como la fami-lia de Nazaret.

Familia misionera
Otro aspecto que descubrimos en la familia de Nazaret es el llamado de las familias a anunciar a Cristo a los demás desde el hogar. En los relatos del Evangelio vemos como primero los pastores van a donde estaban María, José y el niño Jesús a adorarlos y luego los sabios del Oriente. En ambos casos, en la simplicidad del pesebre, lo que ofrecen María y José a sus visitantes, pobres o ricos, cercanos o desconocidos, es al Señor Jesús, al salvador del mundo. ¿Acaso no es eso lo más valioso que una familia cristiana puede ofrecer a aquellos quienes los visitan? Qué testimonio más grande y que labor evangelizadora más importante si aquellos que no conocen a Cristo o que no están viviendo su fe lo descubren en el testimonio y en el calor de un hogar cristiano donde el centro no es la televisión o las tele-novelas, o los deportes o escuchar la radio, sino Cristo. En este sentido, cada uno de los miembros de la familia debe tener un encuentro con Cristo, y también lo debe tener como familia, rezando juntos, yendo a Misa juntos, comiendo juntos y rezando antes de las comidas y al terminar el día.
Pidámosle pues a la Sagrada Familia de Nazaret que interceda por todas las familias cristianas para que sean cada vez más esa Iglesia doméstica que están llamadas a ser.



 
 

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