Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Enero 2007

La familia hispana, unidad en la adversidad

Por Liliana Flores

Dice el Evangelio (Mt 2, 13-15) “Después de la partida de los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ´Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo´. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: desde Egipto llamé a mi hijo”.
Hace algunos domingos, en la víspera del año nuevo, nuestra Iglesia conmemoró a la Sagrada Familia. Durante la Misa se encontraban presentes muchas familias católicas y entonces la añoranza se asomó a mí, recordándome los innume-rables momentos en que pude estar presente en Misa con mi familia y me hizo recordar la importancia de compartir todos estos momentos con ella. Por primera vez me sentí inmigrante en este país. Es curioso, pero a pesar de ya tener más de cuatro años viviendo en Denver, este sentimiento no se había asomado a mi puerta ya que casi siempre he podido tener la oportunidad de compartir estos momentos tan especiales con mi familia y hoy por primera vez me encontré alejada de ellos.
Esto me hizo recordar a todas las familias que se encuentran separadas en estos momentos, recordar a todos aquellos jóvenes que se encuentran en este país solos sin ningún miembro de su familia a su alrededor y a los niños que durante esta temporada se vieron separados de sus padres debido a las recientes redadas que ha sufrido la comunidad inmigrante. Pero sobre todo, me hizo comprender el dolor de la soledad que se asoma en cada uno de los inmigrantes especialmente en estos días de fiesta.
Al mismo tiempo me pregun-taba ¿Qué ayudaría a superar estos momentos de soledad y de crisis a la Sagrada Familia? Y encontré algo muy especial; ellos tenían a Jesús con ellos y a Dios presente en sus vidas.
Obedeciendo siempre la vo-luntad del Padre, José tomó a su familia y partió a Egipto, y tal vez pudo haber habido otras alternativas más fáciles. Sin embargo, él simplemente obedeció la voluntad de Dios, sin cuestionarla y con la seguridad de que Él los ayudaría a soportar todos los obstáculos que se les pudieran presentar. Imagino a la Sagrada Familia caminando por el desierto para poder llegar a Egipto, imagino sus momentos de frustración cuando se descubrían lejos de sus familias, pero más imagino sus momentos de sufrimiento al no poder visitar sus templos para elevar sus plegarias al Señor, ya que se encontraban en un lugar totalmente desconocido para ellos. Sin embargo, había algo que los movía: proteger a Jesús y obedecer la voluntad del Padre.
Dentro de todos los momentos difíciles y de soledad que vivimos en este país como comunidad hispana y como inmigrantes, aún tenemos una luz que nos puede dar esperanza. Tenemos la luz de la fe, una fe que aún podemos vivir plenamente, pues nuestra Iglesia se encuentra abierta para recibirnos, encontramos misas en donde podemos vivir la liturgia en nuestro idioma y de acuerdo a nuestra cultura, todavía tenemos un lugar donde nos podemos reunir como comunidad y como familia y de esta forma aminorar el dolor de estar alejados de nuestras familias que se encuentran en nuestros países de origen. Pero sobre todo, todavía tenemos la voluntad de nuestro Padre que siempre nos puede inspirar a seguir adelante con la confianza de que Él estará presente para ayudarnos a enfrentar todos los obstáculos que necesitemos enfrentar.
Creo que sería muy bueno iniciar este año nuevo confiando en este Padre que se empeña en demostrarnos su amor especialmente en las adversidades. ¿Por qué no encender una vela y elevar nuestras plegarias a Dios y pedirle que especialmente nos dé ánimos y fortaleza en estos momentos tan especiales que vivimos? Hagamos de este nuevo año, un año más lleno de la presencia de Dios, pero sobre todo un año de unidad como Iglesia, si me preguntan porque hasta ahora sentí la soledad de estar lejos de mi familia, es porque siempre, desde que llegué, ha estado mi Iglesia presente para apoyarme y hacer menos dolorosa la ausencia de mis seres queridos.

¡FELIZ AÑO NUEVO 2007!

Liliana Flores es Coordinadora de Pastoral Juvenil Hispana de la Arquidiócesis de Denver.


 
 

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