Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Febrero 2007

71 años de fidelidad al Plan de Dios

El Padre Jaime Prohens, una historia de obediencia y sencillez

Por Lara Montoya

Con ocasión del aniversario de sus 71 años de vida sacerdotal (9 de febrero) , El Pueblo Católico, presenta en esta edición, el testimonio de un hombre que- como él mismo lo dijo en una de nuestras ediciones pasadas – “nació sacerdote” y ha entregado su vida incansablemente a Dios. El Padre Jaime Prohens, párroco de San Cayetano nos comparte con sencillez los secretos de su vida interior.

Mi primera experiencia al conocer al Padre Jaime fue conmoverme con su sencillez, sin embargo, al repasar su entrevista, descubro que sus palabras dicen más de lo que dicen y la verdad no siempre lo entiendo.

¿Cómo describir a este hombre de Dios?, ¿Cómo transmitir la experiencia de sentirme profundamente conmovida con su sola presencia?, ¿Cómo explicar lo que muchos perciben al verlo? ¿Dónde reside su grandeza?

El Padre me dice, usando un término periodístico, “a veces tratamos de hinchar al perro un poco más de lo que conviene, si yo digo: no tengo relieve de ninguna clase, la historia terminó… las obras de arte te dan un poco de color, te dan un poco de maquillaje o te hacen un poco más joven de lo que pareces o tal vez más viejo”.

Sin embargo, esta historia no tiene esa intención, porque la grandeza del Padre Prohens se parece a la de aquel que se hizo santo abriendo las puertas del convento todos los días. No son las grandes obras las que nos santifican, y por eso la vida del Padre Jaime, no tiene historias de milagros, revelaciones, o maravillosos acontecimientos, su historia es simplemente una historia de disposición interior, sencillez, obediencia y fidelidad. Y con esto, ¿Es más Santo o menos Santo que San Ignacio de Loyola o que San Agustín? ¡No! es simplemente diferente, pero con una cosa en común: su gran amor a Dios y su incondicional respuesta a su Plan, en el día a día y a lo largo de toda su vida.
El Padre me vuelve a insistir que su vida no tiene relieve de ninguna clase, sin embargo su historia no termina como él lo supone, aunque es corta y parece no tener mucha relevancia, guarda la riqueza de aquel que ama a Dios en las cosas sencillas, y el lo dice sin ningún problema, “Yo ando en sencillez de corazón, no tendría ningún inconveniente de abrir las puertas de mi alma, de mi vida y mi Dios, si se puede. La verdad, no me da ni me quita nada. Para utilizar un término de mujer, yo voy sin maquillaje por el mundo, no tengo necesidad porque ya casi no llevo cuerpo”.

Y esa misma simplicidad la muestra al contar su historia vocacional, cuando al preguntarle como se decidió a entrar al seminario me responde, “por inercia, parece un chiste pero no- y explica- yo era desde niño cantor y también y un poco sacristán, servía en Misa, tenía 5 años cuando hice la primera comunión y ya sabía todas las oraciones de memoria. Entré desde muy pequeño al colegio de los Padres Teatinos, sin embargo el colegio sólo tenía hasta 3er grado de primaria o elemental, entonces llegó un momento que no tenía donde ir. Eso significaba quedarme sin estudios. Entonces recibí una invitación de estudiar en el seminario de los padres Teatinos. Entre al seminario cuando tenía 9 años. Cuando llego la hora de terminar los 4 años de latín yo tenia 13 años, me dijeron: “siga estudiando”. Estudie dos cursos de filosofía, de los 13 a los 15 años para poder alcanzar la edad para comenzar el noviciado. Se comenzaba a partir de los 15 años porque no se podía pronunciar los votos antes de los 16. A los 16 profesé, e hice un noviciado. Y bueno, tenía 16 años, había hecho mi profesión, había terminado los cursos de filosofía y me tenían que dar un destino donde estar. Yo sabia que aquello desembocaba al sacerdocio, ya había terminado mis cursos, sabía todo, sabía contestar todas las preguntas. Para entonces ya estaba en el seminario y por supuesto yo tenia que estar allá y desembocar en la orden Teatina - y agrega con tranquilidad, - todo sucede porque tiene que suceder”. Y es esa justamente la comprensión que él tiene del Plan de Dios, es esa obediencia que sigue los impulsos del Espíritu, aquello que el Padre llama ‘inercia’ y luego, admirada de la sencillez de su respuesta le pregunto, lo que muchos tal vez puedan estar preguntándose en este momento, “¿Entonces, nunca has dudado de tu vocación, o te has preguntado porqué estás acá?”, y nuevamente me asombra con una respuesta ‘plana’ y que a primera vista no parece responder mi pregunta, “Bueno, tanto tiempo que no he tenido tiempo de preguntarme porqué. No he tenido mayores problemas en mi vocación. Fui al seminario Teatino porque no había más grados en la escuela. Y cada vez que me han trasladado a un lugar diferente: que a Argentina, a México, a España, y ahora a Denver, pues no parece que haya ningún drama…Cuando era seminarista, un día en plan de estudiar estábamos varios de nosotros hablando y alguien me preguntó ‘y bueno ahora de que te van a poner’ yo respondí, ‘A mi no me importa cualquier cosa, yo puedo ser maestro y enseñar geografía o puedo ir a las misiones, pero maestro de novicios no’. Tenía mis razones para decir eso y agregué, ‘Creo que si me pusieran ahora de Maestro de Novicios me saldría de la orden’ y eso era lo que pensaba. Al poco tiempo, cuando estaba recién ordenado sacerdote, faltó el maestro de novicios y resulta que estaba de maestro en el colegio de Padua. Tenía 25 años. Un día uno de esos jueves o domingos que teníamos el día libre, el superior, que era entonces el provincial me llamo y me dijo: ‘Padre donde tiene que ir esta tarde, porque no viene conmigo’ Era cuestión de un paseo y me dijo, ‘yo no le he pedido que viniera porque necesito un maestro de novicios…bueno, pues usted va a ser un maestro de novicios’, ‘¡como!’ dije yo, no lo podía creer, porque no se le ocurre a nadie que un sacerdote con 25 años, con un año de ministerio pueda ser maestro de novicios, (generalmente los maestros de novicios tiene que tener al menos 50 años). Yo estuve muy contento, siempre he estado contento. Hasta siendo maestro de novicios”
Esta es en resumen la “corta” historia del Padre Jaime Prohens, quien a pesar de sus 96 años, es un hombre muy lúcido, con una chispa y picardía incomparables, hábil para arrancar sonrisas y mucha ternura. Pero si deseas conocer más de él por ti mismo, puedes ir a la Misa diaria de las 8 de la mañana en la Iglesia San Cayetano, lo verás ahí celebrando la Santa Eucaristía y si decides conversar con él, presta mucha atención a sus palabras, porque no siempre lo que escuches es lo que él quiera decirte al corazón.

 

 
 
 

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