Vida Consagrada
Toda una existencia puesta al servicio de los demás
Al hablar de la vida consagrada, no puede dejar de mencionarse a nuestra Madre, Santa María, la primer apóstol, quien respondió ese “Hágase” incondicional que aún resuena en el corazón de muchos de nosotros, “Hágase” que nos abrió las puertas de la reconciliación con Dios Padre y que trajo la luz al mundo. Es nuestra Madre Santa María la que ha inspirado a miles de hombres y mujeres a ofrecer ese sí incondicional al Señor, que sigue llamando a muchas a dar la vida para ganar el ciento por uno acá en la tierra y heredar la vida eterna.
Con este modelo y a ejemplo del Señor Jesús, la historia de la Iglesia, desde sus inicios, ha estado marcada por el testimonio de miles de seres humanos que han dejado todo por seguirlo y entregarse al servicio de los demás. Empezando por el testimonio de los apóstoles, vemos a lo largo de los siglos, a miles de hombres y mujeres, santos, santas y mártires, hombres que han seguido la vida cristiana con heroísmo y que han inspirado y siguen inspirando a hombres y mujeres de hoy a responder con generosidad el llamado de Dios a consagrar sus vidas para anunciar el Reino de los cielos.
Una vocación particular, diferentes carismas
La vida consagrada, como el matrimonio, es una vocación particular a la que Dios llama a determinadas personas, así lo explica el Santo Padre Juan Pablo II en su exhortación apostólica “Vita Consagrata”, “Poner la propia existencia al servicio del Reino de Dios, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida…es posible sólo desde una especial vocación y gracias a un don peculiar del Espíritu”.
Desde el inicio de la historia, Dios ha ido llamando de este modo a muchos hombres y mujeres, inspirando por medio de su Santo Espíritu, diversidad de carismas, diferentes estilos de vida que han ido constituyendo la riqueza de la Iglesia. El Papa de Benedicto XVI lo describe de la siguiente manera, “Muchos se dedican por completo a la catequesis, a la educación, a la enseñanza, a la promoción de la cultura, al ministerio de la comunicación. Están junto a los jóvenes y a sus familias, junto a los pobres, los ancianos, los enfermos y las personas solas. No hay ámbito humano y eclesial en el que no estén presentes de manera con frecuencia silenciosa, pero también concreta y creativa, como una continuación de la presencia de Jesús que pasó haciendo el bien a todos”
Vida Consagrada femenina en Denver
En esta edición de febrero, mes en el que recordamos la vida consagrada, El Pueblo Católico, conversó con algunas de las comunidades de vida consagrada que sirven en la arquidiócesis de Denver.
Misioneras de la Caridad de María Inmaculada
Las Hermanas Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, fueron fundadas en 1934 en México DF, por el Padre, Siervo de Dios, Moisés Lira Serafín, quien con su dirección espiritual, las encaminaba a hacer obras de caridad. La congregación, nos cuenta la Hna. Rocío, nació como una organización de laicos, sin embargo en el futuro se convirtió en una comunidad religiosa.
El Padre Moisés Lira, era misionero del Espíritu Santo, y su ideal era hacer el bien en todas sus formas, “es por eso que él quiso extender esa espiritualidad, invitando a esta nueva fundación- nos cuentan las hermanas- a sentirse hijas de Dios y vivir esa filiación divina con el Padre. “Uno de los sueños de nuestro fundador, explica la Hna. Francisca, era hacer el bien en todas sus formas: por eso nosotros trabajamos en diferentes campos como, el campo de la educación, de la salud, tenemos hermanas enfermeras, también hermanas que trabajan en las parroquias, y hermanas que se dedican a la misión ‘Ad Gentes’”
Recorrido en Denver
La comunidad en Denver está compuesta por la Hna. Rocío Maldonado, Superiora de la comunidad, la Hna. Carmen Calderón la Hna. Elena Vaca Hinojosa y la Hna. Francisca Martínez
Las Hermanas Misioneras de la Caridad de María Inmaculada llevan 21 años de servicio en Denver y su trabajo está enfocado sobre todo en la ayuda a la pastoral hispana y al emigrante en sus necesidades. Actualmente apoyan en la estructura del Centro San Juan Diego, así como en algunas parroquias.
“Me gusta acompañar a nuestra gente en necesidad, dice la Hna. Rocío, la población hispana busca superarse y busca quien ‘le eche una mano’, quien le diga por donde ir, y en este trabajo que hacemos en el Centro San Juan Diego nos dan la oportunidad de ayudarlos a crecer”
Una opción de fe
La Hna. Roció nos cuenta que cuando ingresó decía, “bueno no me siento segura, si de veras esto es o no es, pero aquí estoy. Con el paso de los años- agrega- va uno experimentando esa seguridad de que ‘esto es lo mió’ y así he seguido adelante y lo sigo renovando. Con el paso de los años se hace mas sólida la experiencia del llamado”
Clarisas Capuchinas - Monasterio de Nuestra Señora de la Luz
Las Clarisas Capuchinas son una Orden Religiosa fundada por San Francisco y Santa Clara de Asís, en el Siglo XIII. Viven en comunidad, abrazando alegremente una vida de pobreza y fraternidad. Son hermanas contemplativas, cuyas vidas giran en torno a la oración, el trabajo manual, el estudio y el silencio; todo para la mayor gloria de Dios. Ellas viven una vida de clausura que es un signo visible de su total consagración a Dios.
Carisma de la comunidad
Su carisma es franciscano, y nace con Clara de Asís. Siendo el centro de la oración, “nos dedicamos el mayor del tiempo a orar, a la Eucaristía y a trabajar como complemento de nuestras vidas” cuenta la Hna. Maria Gabriela de la Cruz. Una de las fuentes de ingreso para esta comunidad son las galletas, “hacemos galletas, añade la hermana, las empacamos y un benefactor nos hace el favor de distribuirlas en las iglesias y nos las compran. Otro ingreso de la comunidad es que hacemos hábitos para los frailes, rosarios y también los quehaceres de la sacristía”
Las Clarisas Capuchinas en Denver
El 17 de Noviembre de 1988 diez religiosas del monasterio de Irapuato, Guanajuato (México), fundaron en Denver, Colorado, el tercer monasterio de Estados Unidos.
El arzobispo Charles Chaput las invito cuando era provincial Capuchino. “Fue a la comunidad de Irapuato, vio a las capuchinas y le pidió a la Madre superiora de ese tiempo si podía venir una comunidad a fundar aquí en Denver porque necesitaban una comunidad que los apoyara en la oración”, nos narra la Hna. María Gabriela.
Breve historia de su vocación
La Hna. Maria Gabriela de la Cruz comparte que a los 18 años ya empezó a tener la inquietud de querer entrar a una congregación pero no sabía dónde. “Conocí a las hermanas capuchinas en Irapuato, pero no sabia si estaba llamada a la vida contemplativa o a la vida activa. Yo tenía una tía capuchina y le escribía pidiéndole que me contara como era la vida contemplativa. Ella me respondió y decidí hacer una experiencia. Le escribí a la comunidad durante unos años. Pasó un largo proceso antes de entrar, pero después de tres meses viviendo aquí me gusto y me quedé”.
“Con esta experiencia- agrega la Hna. María Gabriela- me atrevo a decir a todos los jóvenes que no tengan miedo. Cuando era joven tenía miedo, siempre pensaba si será mi vocación o si me estaba equivocando, pero eso no es dejarse llevar por el Espíritu, hacer la experiencia y entregarse por total y entero a lo que tú quieres, a tu ideal, a tu misión, pero siempre por completo es lo que te ayuda a descubrir tu vocación. No tengan miedo de hacer una experiencia, no se van a arrepentir” finaliza.
Fraternidad Mariana de la Reconciliación
La Fraternidad Mariana de la Reconciliación es una comunidad de laicas consagradas fundada en Lima, Perú, el 25 de Marzo de 1991 por Luis Fernando Figari.
Las “Fraternas”, como se las conoce, tienen un llamado especial de vivir en comunidad. “Buscamos que nuestras comunidades sean espacios privilegiados donde vivamos el servicio y el amor fraterno. Teniendo al Señor Jesús como el centro, buscamos ayudarnos entre nosotras para mejor servir a los demás” señala Ursula Jiménez, fraterna de la comunidad de Denver.
Las Fraternas están llamadas a vivir la plena disponibilidad para el apostolado, teniendo cuatro acentos prioritarios: El apostolado con los jóvenes, el servicio solidario con los más necesitados, la evangelización de la cultura y el trabajo con las Familias.
Historia en Denver
En 1994, el Cardenal J. Francis Stafford, luego Arzobispo de Denver, visito el Perú e invito a la Familia Sodálite a comenzar el trabajo apostólico en su diócesis. En ese momento las Fraternas (fundadas en 1991) recién comenzaban a crecer.
Cuando el Arzobispo Charles J. Chaput. O.F.M. Cap. fue asignado como Arzobispo de Denver, extendió la invitación a la comunidad. Así, la primera comunidad en los Estados Unidos fue fundada un 12 de diciembre de 1998, bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe. Actualmente son 6 Fraternas viviendo en la comunidad de Denver: Rossana Goñi (Superiora), Daniela Neuenschwander, Claudia Samame, Susana Nieto, Ursula Jiménez y Lara Montoya.
Testimonio Vocacional
Paula Osorio, fraterna de Colombia, nos cuenta que para ella ser consagrada es el regalo más hermoso e inmerecido que Dios le ha dado, “Dios me fue llamando a través de pequeños detalles y encuentros profundos en el Santísimo, a través de diálogos con diferentes personas y en el apostolado que realizaba con los jóvenes en Medellín (ciudad en la que nací); son muchos los motivos que me llevaron a descubrir mi vocación, pero uno de las cosas que más me llevó a entregar mi vida a Dios, fue la necesidad que veía en el mundo de anunciar al Señor, de que las personas conocieran su mensaje de Amor y de Reconciliación, frente a tanta violencia, injusticia e indiferencia, que se vivía concretamente un país como Colombia, yo no podía quedarme con los brazos cruzados y ser consagrada fue la manera concreta en la que descubrí que podía entregarme totalmente y servir a los demás”.
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