¿Qué celebramos el día de San Valentín?
Sobre el origen de la fiesta y el verdadero sentido de la amistad
Por Jorge Luna
El día 14 de febrero se celebra en muchos países el día de la amistad. Este día tradicionalmente es llamado el día de San Valentín. Ciertamente temas como el de la amistad y el amor son aspectos centrales en la vida de todo ser humano. Y este día debe ser una ocasión para reflexionar y celebrar su verdadero sentido.
Quién fue San Valentín
No se sabe con certeza quién fue San Valentín. Existen distintas teorías con respecto al santo. Según la Enciclopedia Católica, el santo cuya festividad cayó en la fecha conocida hoy como Día de San Valentín fue posiblemente uno de los tres mártires que vivieron en la antigua Roma a finales del siglo III durante el reinado del Emperador Claudio II. Algunas tradiciones se refieren a un sacerdote romano, muerto en el 273. Muy venerado en Francia, sobre todo en la diócesis de Jumièges. Otras fuentes se refieren a San Valentín como el obispo de Iteramna (hoy Terni) y otras hablan de un mártir de la provincia romana de África.
Según Butler, San Valentín fue un santo sacerdote, quien con San Mario, y su familia socorría a los mártires de la persecución de Claudio II. Fue aprehendido y enviado por el emperador al prefecto de Roma, quien después de intentar, arduamente y sin exito, hacerlo renunciar a su fe, mandó a que lo decapitaran. Esto tuvo lugar el 14 de febrero del año 270. Parece que fue el Papa Julio I quien hizo construir una iglesia cerca de Ponte Mole en memoria del mártir. La mayor parte de sus reliquias están ahora en la iglesia de Santa Praxedes.
Por otro lado, en la localidad italiana de Terni existe la Basílica de San Valentín, en la cual está una urna en la que se conservan los restos del patrono de los enamorados. En esta Iglesia, todos los años en una tradicional ceremonia, que se realiza el 14 de febrero, decenas de novios se comprometen a casarse. Al parecer San Valentín fue un obispo de Terni que sufrió el martirio en el año 268. Una leyenda, que no está confirmada por fuentes históricas, dice que san Valentín fue sacrificado porque promovió el matrimonio de numerosas parejas, a pesar de las prohibiciones del emperador Claudio II quien era de la opinión de que los soldados casados no eran tan aguerridos como los solteros.
Es posible que a pesar de las distintas tradiciones se trate del mismo santo que fuera llevado desde su ciudad (Terni) a Roma para el martirio. Esto se basa en que además de tener el mismo nombre, ambos fueron decapitados en la Vía Flaminia y tienen su fiesta el 14 de febrero.
Del siglo V hay un obispo también llamado san Valentín de Recia, enterrado en Mais, cerca de Merano, en el Tirol italiano. En el siglo VIII su cuerpo fue trasladado a Passua en Baviera. En Alemania los católicos le tienen mucha devoción y es invocado para curar la epilepsia. A partir del siglo XV se le representa con un niño tendido a sus pies.
Otra leyenda dice que San Valentín es patrono de los enamorados porque su fiesta coincide con el momento del año en que los pájaros empiezan a emparejarse.
La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I y fue celebrada por la Iglesia Católica Romana cada 14 de febrero hasta 1969.
Actualmente, debido a la poca información, la Iglesia Universal ya no celebra el día de San Valentín el 14 de febrero, aunque se siga celebrando en algunas Iglesias locales.
El día de la amistad
En muchos lugares este día se considera también como el día de la amistad y el amor. Lamentablemente esta se tergirversa y se entiende sólo como un sentimiento meloso y un poco superficial. Y mucho se ha escrito acerca de lo que significa la amistad, pero como cristianos creo que es importante recordar en qué términos nos habló Cristo sobre la amistad. En el evangelio de Juan, el discípulo amado, encontramos al Señor Jesús que nos dice: “Nadie tiene mayor amor, que el que da la vida por sus amigos”. (Jn 15,13) Y el gran Juan Pablo II en su discurso a los jóvenes el 22 de febrero de 2004, reflexionando en este pasaje nos recordaba que: “amar no es sólo un sentimiento; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio el bien, el bien de los demás”. En este contexto el amigo se nos muestra como aquel que está dispuesto a dar la vida por los demás, aquél que tiene una actidud de servicio, de sacrificio y de generosidad para con sus amigos.
¿Cuántas de nuestras amistades las vivimos de esa manera? O acaso nuestros amigos son solo aquellos que nos hacen pasar un buen momento, o con los que nos divertimos juntos. La amistad es algo mucho más profundo y mucho más demandante y que requiere precisamente nuestra actitud de salir al encuentro de los demás, muchas veces sin esperar nada a cambio. Ese por más radical que suene, es el ejemplo del Señor Jesús. Esa es su definición de una amistad cristiana. Juan Pablo II les recordaba a los jóvenes en ese mismo discurso: “Jesús nos habla el lenguaje maravilloso del don de sí mismo y del amor hasta el sacrificio de la propia vida. ¿Es un discurso fácil? Bien sabéis que no. El olvido de sí no es fácil; éste aleja del amor posesivo y narcisista para abrir al hombre al gozo del amor que se dona.” Y para él la mejor escuela de amor y de amistad es la Eucaristía, es ahí donde aprendemos que la amistad requiere pues superar las emociones superficiales para radicarse firmemente en lo que es verdadero y bueno; librarse del encerrarse en uno mismo y prepararse para abrirse a los demás, enseñar a pasar de un amor afectivo a un amor efectivo.[1]
Anunciar al Señor, un acto de amistad
El día de la amistad normalmente significa un momento para pensar en los amigos y darles una muestra de nuestro amor. Y qué mayor muestra de amor que la de anunciar al Señor a aquellos que no lo conocen: “Sed los amigos entusiastas de Jesús, que le presentan al Señor a todos aquellos que desean verlo, sobre todo a los más alejados de él... Dios se sirve de la amistad humana para llevar a los corazones a la fuente de la divina caridad. Sentíos responsables de la evangelización de vuestros amigos y de todos vuestros coetáneos”[2].
[1] S.S. Juan Pablo II, Mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, Ciudad del Vaticano, 22 de Febrero, 2004
[2] Idem.
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