Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Febrero 2007

Cuaresma: un examen de conciencia de cuarenta días

Por Mar Muñoz-Visoso

En unos días comenzará la Cuaresma, tiempo especial de reflexión y examen de conciencia para ver qué tanto se adecua nuestra vida a lo que creemos. Es tiempo de pedir perdón a Dios y a los hermanos de aquellas faltas que hayamos cometido y de hacerse el firme propósito de cambiar aquellas actitudes, costumbres, vicios que nos han inducido a obrar mal, ya sea de pensamiento, palabra, obra u omisión.
Es tiempo de actos penitenciales y de invitar a los fieles a acercarse en una forma especial al sacramento de la reconciliación. Para que el sacramento sea lo más eficaz posible conviene no acudir a el con prisa ni ligereza sino hacer uso de las herramientas a nuestro alcance para asegurarnos que nuestra reflexión sea profunda y serena, y que los propósitos y las metas que nos proponemos sean verdaderos y alcanzables.

Buceando en los libros litúrgicos, a menudo encuentra uno auténticas joyas esperando ser descubiertas. Una de ellas se cruzó en mi camino apenas hace unos días en una reunión del Subcomité de Obispos para la Liturgia Hispana en el cual sirvo desde hace tres años. Revisando el texto oficial del Rito penitencial de la Conferencia Episcopal Mexicana, que data de 1978, encontramos, además del texto oficial correspondiente a la edición típica latina, algunas bellas oraciones intercaladas en los ritos y varios apéndices. Con un gran sentido pastoral los obispos mexicanos añadieron, entre estos, el Apéndice III, “Guía para el examen de conciencia”. Se trata de varios esquemas con preguntas, en lenguaje muy sencillo y accesible, destinados a ayudarnos a prepararnos para el sacramento y, en general, a examinar nuestra vida a la luz de la palabra de Dios.

La guía nos ayuda a hacer un examen general, pero también tiene preguntas para ayudar a examinar nuestra vida en relación con los diez mandamientos, con las bienaventuranzas o en cuanto a nuestras responsabilidades sociales. Incluye sencillos exámenes para niños y también para jóvenes.

Muchas veces en el ministerio pastoral o en la catequesis nos gusta reinventar la rueda por no estar muy conscientes de recursos que tenemos disponibles. Otras veces el exceso de trabajo o la prisa nos roban el tiempo y la oportunidad de preparar o prepararnos bien para la celebración de un acto litúrgico. Comentaban algunos de los obispos del comité que también, muy a menudo, la mayoría de los celebrantes se conforma, en lugares donde hay varias oraciones y plegarias alternativas, con una o dos que le son familiares y raramente exponen a los fieles a la gran riqueza de los textos litúrgicos de la Iglesia.
Me gustaría ofrecer a sacerdotes, diáconos, liturgistas, catequistas, formadores y coordinadores de ministerios en general un desafío: descubran estos tesoros escondidos y compártanlos. Están ahí puestos para el beneficio de todos nosotros. Este examen de conciencia, por ejemplo, no es una gran pieza de la literatura hispana. Se trata de una lista de preguntas, muy sencilla pero muy completa; es un texto que cumple bien su misión pastoral de acompañar al pueblo y de ayudarle en su vida cristiana, en este caso, enseñándole como hacer un buen examen de conciencia. En este tiempo de Cuaresma, invito a todos los que tengan que preparar actos penitenciales o a los que tengan la tarea de preparar para la confesión a catecúmenos, niños y jóvenes, o adultos en general, a que usen estos esquemas u otros recursos similares en beneficio del pueblo, ya sean ofrecidos para la meditación personal o como ejercicio colectivo.

Sin embargo, hay algo más que podemos hacer personalmente para asegurarnos que nuestra vida se asemeje cada vez más a lo que creemos, es decir, refleje a Cristo. Se trata de formarnos mejor y prepararnos más. Cuanto más clara es la luz a la que examinamos nuestra vida, mas fácilmente vamos a ser capaces de encontrar lo que le falta y también en qué rincones hay que recoger la basura, barrer un poco o simplemente quitar el polvo. Las mujeres, especialmente, sabemos que por muy limpia que tengamos una casa siempre hay algo en lo que tenemos que trabajar.

Conocer más nuestra fe nos ayuda a ver mejor. Y como de la vista nace el amor, una vez enamorados de Jesús y su evangelio, una vez convencidos de su amor por nosotros, nunca nos podemos cansar de aprender más de sus misterios. Pero sobre todo, no podemos ignorar cuando esa luz nos dice que hay cosas en nuestra vida que atentan contra ese amor.

Por eso, amigo lector, no me canso de predicar una y otra vez que aprovechemos las oportunidades que se nos ofrecen para educarnos en la fe. Ahora se acerca la conferencia arquidiocesana Viviendo la fe católica, que este año ha escogido por tema precisamente “Arrepiéntanse y crean en el evangelio”. Con un buen elenco de conferencistas, estoy segura que iluminará y traerá palabras de ánimo a más de uno. El Instituto Pastoral San Juan Diego también nos ofrece diversos cursos y conferencias. Y nuestras parroquias a menudo ofrecen otras oportunidades. Participemos. No caigamos nunca en la tentación de creer que ya lo sabemos todo o que no necesitamos refrescar en nuestra mente y en nuestro corazón el mensaje de Jesús y las enseñanzas de la Iglesia. Vivamos la fe católica con plenitud de espíritu.
Que esta Cuaresma nos acerque de forma especial al Señor y a la Iglesia.


 
 

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