Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Abril 2007

 
Testimonio

Un hispano sirviendo a la sociedad
desde la fe

En conversación con Ron Montoya, presidente del Directorio del Centro San Juan Diego

Por el equipo de redacción de EPC

Uno de los hispanos más exitosos y comprometidos con las causas latinas en nuestra región es Ron Montoya. Desde su fe católica, Ron apoya numerosas causas a favor del desarrollo material, moral y espiritual de los hispanos en Colorado.

Ron nació en Boulder y creció en Denver; aunque sus raíces provienen de Nuevo México, y de allí se remontan a México y España.

La madre de Ron murió cuando él tenía dos años, por lo que fue criado por sus abuelos y su padre, de quienes conserva una agradecida memoria por la feliz infancia que supieron proporcionarle.

Ron se enlistó en el Ejército a los 19 años; estudió sociología en la Universidad de Colorado y se graduó en Derecho en la Universidad de Denver, mientras trabajaba a tiempo completo.

Ron conoció al “amor de su vida”, su esposa Naomi, con la cual tiene 41 años de casado, cuando eran muy jóvenes, durante un partido de básquetbol. “Los primeros años fueron muy duros, porque yo estudiaba y trabajaba a tiempo completo. Naomi me dio todo su apoyo y su amor, y así pudimos criar a nuestros hijos”, cuenta Ron.

Los Montoya tienen ahora dos hijos, el mayor de 38 años y el menor de 35, y tienen cuatro nietos; y Ron considera que la vida en familia es una de las más importantes bendiciones de su vida. Actualmente trabaja con sus hijos en su empresa, por lo que “puedo verlos todos los días”, señala. “Además pasamos fines de semana juntos, vamos a ver partidos o a pescar y pasamos mucho tiempo juntos. Somos una familia muy unida”, cuenta Ron.

Para el exitoso empresario hispano, lo más importante es Dios y su familia. “Tratamos de ser muy fieles a Dios, que nos ha dado todo lo que tenemos y que nos permite ser felices”.

Ron cuenta que ha sido católico a lo largo de su vida y siempre ha tratado de estar involucrado con la Iglesia. Además de ser Ministro Extraordinario de la Comunión y Lector en su parroquia, es Presidente del Directorio del Centro San Juan Diego de la Arquidiócesis de Denver.

De su formación cristiana, Ron recuerda con especial afecto a las Hermanas de la Caridad “con quienes estoy muy agradecido”, y a quienes apoya como miembro del directorio del hospital católico que las religiosas dirigen.

Ron señala haber recibido “todos los premios existentes en la ciudad”; pero considera que todos ellos son un don de Dios. Y esto, gracias a lo que ha aprendido durante su vida: “que no merecemos nada y que todo lo que recibimos viene de Dios. Cada día de mi vida es un don suyo”.

Católico y empresario

Como familia católica los Montoya tratan de darle a la comunidad todo lo que pueden en términos de tiempo, apoyo moral y dinero. Además, para Ron es muy importante conciliar el ser católico y ser empresario.

“La fe -explica Ron- te da principios éticos y morales y en el mundo de la empresa es fundamental ser ético y moral: tienes que tratar a tus empleados con justicia y dignidad, tienes que tratar a los clientes con dignidad y generosidad; porque la vida no es sacarle ventaja a los otros, sino lograr relaciones duraderas y amistades”.

“Para ser exitoso -agrega- no es necesario renunciar a los principios de fe. Nunca he creído ni nunca creeré que para ser exitoso en el mundo de los negocios hay que traicionar los propios valores cristianos”.

Gracias al apoyo de sus hijos, Ron puede dedicar muchas horas a servir a la comunidad a través de numerosas iniciativas. “Yo amo devolverle a la comunidad lo que ella me ha dado”, explica Ron, y por eso sirve en directorios de numerosas entidades caritativas, religiosas, de salud y educativas en Colorado.
“Uno de mis objetivos es que nuestra comunidad hispana esté representada en diversas organizaciones, y que los hispanos se vean beneficiados”, explica.
Ron está convencido de que uno de los principales desafíos que enfrenta la comunidad hispana es el de la educación.

“Necesitamos educar a nuestra gente y no necesariamente con educación universitaria”, dice Ron. Por eso, una de las cosas que más le alegra es ir al Centro San Juan Diego y ver las clases de computación llenas. “No queremos perder nuestra cultura y nuestros valores, pero debemos aprender inglés y otras habilidades para poder ofrecer algo a nuestras familias y nuestra comunidad”, concluyó.


 
 

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