Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Abril 2007

 
Nuestra Iglesia

Sacramentum Caritatis
Las enseñanzas de la nueva Exhortación Apostólica de Su Santidad Benedicto XVI

Por Jorge Luna

Este nuevo documento que el Santo Padre nos ofrece sobre la Eucaristía tiene como base las reflexiones y recomendaciones del XI Sínodo de Obispos sobre la Eucaristía. En esta reunión el Papa invitó a sus hermanos en el episcopado a reflexionar sobre la centralidad de la Eucaristía para la vida de la Iglesia. Recogiendo estas reflexiones, el Santo Padre ha querido profundizar en esta línea, mostrándonos cómo la Eucaristía es el centro de la Iglesia y de la vida cristiana.

El documento, dividido en tres partes que a su vez están relacionadas entre sí, nos indica como la Eucaristía es un misterio que se ha de creer (primera parte), un misterio que se ha de celebrar (segunda parte) y también un misterio que se ha de vivir (tercera parte). De esta manera el Papa nos señala como este misterio debe estar al centro de nuestra vida.

Al tocar estos tres aspectos el Santo Padre nos recuerda que para vivir adecuadamente el misterio Eucarístico tenemos que tratar de entenderlo y creerlo. Esto implica el adentrarnos en el misterio, y entender la profunda relación que la Eucaristía tiene con nuestra vida cristiana, especialmente con nuestra vida de gracia en los Sacramentos. La Eucaristía es de donde brota la Iglesia y hacia donde apunta todo su actuar.

El Papa Benedicto nos indica cómo al entender cada vez mejor el misterio de Amor que significa el sacrificio Eucarístico, entenderemos mejor porque no sólo es necesario, sino más bien indispensable el asistir a Misa. Y de este profundizar en el Sacramento de Amor de Dios también crecerá nuestro entendimiento y profundización en los demás sacramentos.

En la segunda parte, en donde se toca aspectos relacionados con la celebración litúrgica propiamente dicha, el Papa nos llama la atención acerca de la riqueza de la celebración. Si entendemos y creemos, nuestra experiencia en la celebración se enriquece y nuestra comprensión de elementos de la celebración tales como el silencio, los distintos gestos del sacerdote, la estructura de la Misa, los colores, las distintas posturas que adoptamos, crece y cobra un sentido muy profundo. Sin esta comprensión, la celebración pierde sentido. Así el Santo Padre nos llama a recobrar importantes elementos simbólicos como por ejemplo, que el sagrario esté visible en la Iglesia, ó la recuperación del latín como parte de la tradición de la Iglesia y la adecuada utilización de la música como un elemento que eleve nuestro espíritu a Dios, en lugar de distraernos del misterio. Todos estos elementos deben entenderse siempre en el contexto de que el misterio central de la Misa es Cristo que se convierte en Pan y Vino por nosotros, todo lo que hagamos debe dirigirnos hacia Él y no distraernos.

Por último en la tercera parte, pero que a su vez esta relacionada con las otras dos, el Papa, siguiendo las reflexiones de los obispos nos indica cómo una adecuada participación en el misterio Eucarístico debe y tiene una profunda repercusión en toda nuestra vida. La Eucaristía debe ser el centro de toda nuestra vida. Y como tal influye en la manera en la cual los cristianos se desempeñan en el ámbito laboral, social y político. “todos, pero en particular los fieles laicos, deben ‘cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en su vida cotidiana, convirtiéndolos en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad’”. El Papa señala la especial responsabilidad que tienen aquellos que están en puestos de autoridad o de influencia política de ser coherentes con lo que creen y celebran.

En esta parte también se nos recuerda cómo de la participación en la Eucaristía brota el impulso de “hacerse ‘pan partido’ para los demás, es decir que, nuestro anhelo de trabajar por un mudo más justo brota del ejemplo de Cristo que nos amó hasta el extremo y de nuestra participación en su sacrificio en la Eucaristía. Para ayudar a los demás debemos empezar por ir a Misa.

Por último, cabe señalar que tanto al inicio como al final del documento, Benedicto XVI subraya la relación entre la Eucaristía y la Virgen: “En María Santísima vemos perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. De Ella hemos de aprender a convertirnos en personas eucarísticas y eclesiales”.


 
 

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