Los latinos son aliados naturales de los EE.U. y una fuerza para renovar y re-humanizar nuestra vida
Por el Exmo.
Monseñor
Charles J. Chaput,
O.F.M. Cap
El siguiente texto es un resumen de las palabras de bienvenida que el Arzobispo Charles Chaput ofreció a los participantes del Simposio de Hispanos en Estados Unidos reunidos en Denver del 18 al 20 de Agosto pasado.
Hoy se inicia un fin de semana muy importante y espero que este tipo de conversación se convierta en un hábito - y al mismo tiempo en una manera de focalizar sus capacidades de líderes hispanos para construir un futuro que valga la pena en nuestro país.
Ustedes tienen una responsabilidad única. A diferencia de los nuevos inmigrantes, ustedes están completamente insertados en la vida americana. La mayoría de ustedes tiene algún tipo de liderazgo. Pero como muchos de los nuevos inmigrantes, comparten una serie de valores espirituales y culturales que influyen profundamente en la visión católica del mundo. Debido a sus roles en la sociedad, pueden hacerse escuchar de una manera que muchos hispanos indocumentados no pueden. Por eso es que su voz es tan importante. Escuchamos frecuentemente que América es una nación de inmigrantes. Eso es obviamente verdad. Pero ¿quién es el típico inmigrante en Estados Unidos? (A pesar de haber algunas excepciones históricas) el inmigrante típico ha venido de ambientes bajos a nivel social, económico y educativo de su tierra de origen. Como la mayoría de los sin voto en sus propias naciones, son aquellos que tienen poco que perder.
(En medio del clima de discusión de los nuevos inmigrantes) muchos hispanos exitosos, especialmente la segunda o tercera generación de hispanos americanos, parecen avergonzarse de los inmigrantes que los siguen.
Eso puede ser una especie de traición -una traición no sólo a sus compatriotas hispanos, sino sobretodo, una traición a la misión que Dios les ha encomendado como proveedores de vida nueva a nuestra nación. Estados Unidos es la única nación más desarrollada en el mundo con un nivel de crecimiento estable y positivo. Y una de las razones centrales de ello es la inmigración hispana.
Hace unos años atrás, un arzobispo italiano, el Cardenal Giacomo Biffi, propuso a su gobierno, que si Italia necesita inmigrantes para sostener su población -y lo necesita- entonces nos tenemos que asegurar en invitarlos de América Latina, porque por lo menos los latinoamericanos comparten las raíces católicas europeas cultural y religiosamente. Los obispos italianos han hablado públicamente sobre las serias dificultades que emergen de los crecientes matrimonios católicos-musulmanes, por los profundos mal entendidos que el Islam tiene sobre la dignidad y rol de las mujeres, el significado del matrimonio, la autoridad paterna sobre los hijos y la naturaleza de la familia.
Estos problemas no existen en América. Como el Papa Juan Pablo II ha repetido una y otra vez, América es un continente. Americanos, del norte y del sur -hablen inglés o español, y a pesar de sus diferencias- comparten la misma visión fundamental y los mismos valores básicos moldeados por la fe cristiana.
Mucha gente en EE.UU. vive con miedo pensando que somos una nación sitiada: por un lado por el fanatismo del Islam, y por el otro, por la inmigración ilegal.
Mi primera esperanza es que ustedes dejen esta reunión con la determinación de ayudar a desplazar la discusión pública sobre la presencia hispana en los Estados Unidos lejos de los desorientadores clichés sobre muros fronterizos y "aprovechadores ilegales", y más bien hacia la búsqueda de una verdadera asociación.
Al final, a pesar de nuestras diferencias, la gente y las naciones latinas son aliados naturales de EE.UU. y una fuerza natural para renovar y re-humanizar la vida americana.
Mi segunda esperanza es que, como hispanos, reconozcan que su fe católica es el centro de los dones que traen a la sociedad americana. Siempre me intriga que muchas de las tradiciones culturales a las que no le damos importancia en EE.UU. se remontan de eventos o creencias religiosas. No pueden permitirse perder su identidad católica. Y si alguna vez la pierden, perderán lo que son. Perderán su alma. Y todos nos empobreceremos por esa pérdida.
La cultura anglo tiene muchos valores y fortalezas. Esto ha sido decisivo para convertir nuestra nación en el país más poderoso del mundo. Pero EE.UU. tiene también una capacidad sorprendente y negativa de convertir toda tradición cultural en otra excusa para el consumismo. En el 2006, para muchos americanos, el Día de San Patricio es básicamente cerveza irlandesa y pastel de carne, y el Cinco de Mayo es sobretodo cerveza mexicana y enchiladas de Texas. Hay algo fundamentalmente errado con nuestras suposiciones sobre quienes somos como nación, y los ideales que se ciñen a la identidad de los Estados Unidos.
Entonces, por favor, fortalézcanse y construyan sobre su fe católica. Asegúrense que se convierten en las personas que nuestra sociedad necesita para renovar su grandeza -no sólo su poder y riqueza, sino por su verdadera grandeza, que es finalmente la grandeza moral. El futuro de nuestro país, de muchas maneras, depende de ustedes. |