Encontrarse con Dios
Ten ese encuentro profundo con Él para que tu corazón sea como el suyo
Por el Padre Jorge de los Santos
El anhelo más grande al que un alma pueda aspirar es el deseo de tener un encuentro con el Dios vivo y verdadero, un encuentro no que lo haga comprender quién es Dios sino un encuentro que lo lleve a la experiencia de sentir su maravillosa presencia. Es justamente por eso que con tanta frecuencia la gente busca quien le pueda hablar de Dios, pero no es sólo un escuchar sobre Él sino es un encontrarse con Él. Es precisamente el Dios Infinito, Todopoderoso, Eterno.
Él es el centro de nuestra fe y tanta es su grandeza que resultan insuficientes las palabras para poderlo dibujar en nuestra mente, pero más bien lo que necesitamos es imprimirlo en nuestro corazón. A Dios podemos hablarle aún sin necesidad de palabras, podemos verle aún con los ojos cerrados, podemos sentirle aún cuando no lo podemos tocar.
Cuando hablamos de Dios no lo podemos hacer directamente, sólo es posible hacerlo comparativamente, para que tomando experiencias de nuestra vida diaria logremos tener una percepción acorde a lo que es nuestra naturaleza. No pidas que alguien te lo explique para entenderlo, pídele la oportunidad de vivirlo para poseerlo. Ni nuestro vocabulario, ni nuestros conceptos son capaces de describir en lo más mínimo la grandeza del Señor, por eso es que Jesús siempre nos ha ilustrado los misterios del Reino por medio de parábolas o comparaciones. Entonces encontrarse con Dios es tener una experiencia directa de Él y hablar de Dios es siempre hacer referencia a algo que nos lo haga accesible a nuestras capacidades.
Muchas veces queremos saber cómo es Dios pero creo que algunas veces debemos poner atención en el cómo Dios nos ve a nosotros. Y para iluminar este punto les transcribo este famoso cuento de "La entrevista con Dios":
-Pasa, me dijo Dios
-¿Con que quieres entrevistarme...?
-Bueno, le contesté. Si es que tienes tiempo, se que estás muy ocupado.
-Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo -me dijo.
-¿Qué pregunta vas a hacerme?
-Ninguna nueva ni difícil para ti, por ejemplo: ¿Qué es lo que más te desconcierta de los hombres? Y con su mirada tierna perdida en el horizonte contestó:
-Que se aburren de ser niños por la prisa de crecer y luego suspiran por regresar a ser niños. Porque primero pierden la salud para tener dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud. Que por pensar ansiosamente en el futuro descuidan su hora actual con lo que ni viven el presente ni el futuro. Viven como si no fueran a morirse y se mueren como si no hubieran vivido.
Con sus manos tomó fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo rato le dije: "¿Me dejas hacerte otra pregunta?"
No me respondió con palabras sino con una mirada tierna y profunda.
-Como Padre ¿qué es lo que le pedirías a tus hijos?.
- Que aprendan, que no pueden hacer que alguien los ame. Lo que sí pueden hacer es dejarse amar. Que aprendan, que toma años construir la confianza, y sólo segundos para destruirla. Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quién tienen en sus vidas. Que aprendan que no es bueno compararse con los demás, pues siempre habrá alguien más grande o más pequeño que ellos. Que rico no es el que tiene más, sino el que más da. Que aprendan, que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán.
Que aprendan, que a perdonar se aprende practicando. Que no siempre es suficiente ser perdonados por otros, muchas veces deben perdonarse a sí mismos. Que aprendan, que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen. Que lo que siembran, cosechan, si siembran chismes, cosecharán intrigas, si siembran amor, cosecharán felicidad. Que aprendan, que la verdadera felicidad no es lograr sus metas, sino más bien cómo se logran esas metas y valorar y aprender a ser feliz con lo que tienen. Que aprendan, que la felicidad no es cuestión de suerte sino producto de sus decisiones. Ellos deciden si ser felices con lo que son y lo que tienen, o morir de envidia y celos por lo que les falta y carecen. Que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente, entonces hay que aprender a respetar al otro. Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan lejos en la vida. Que retener a la fuerza a las personas que aman, las aleja más rápidamente de ellos y el dejarlas libres, las deja para siempre a su lado. Que nunca harán nada tan grande para que Dios los ame más, ni nada tan malo para que Dios los ame menos. Simplemente los amo a pesar de sus conductas, porque son mis hijas e hijos. Que aprendan, que la distancia a la que pueden estar de mí es la distancia que cubre una oración. Y así en un encuentro profundo, tomados de las manos, continuamos en silencio...
Esto es sólo un relato, un cuento pero que puede tener el poder, si tu así lo quieres, de hacerte reflexionar y hacerte viajar a tu interior. Tú también puedes tomarte de las manos con Dios y entrar en ese encuentro profundo y hablar con Él y dejar que Él te hable ya que tiene tantas cosas maravillosas que comunicarte y secretos que compartirte. ¿Hace cuánto que no dejas tiempo y haces un espacio para que Dios te hable? ¿No crees que Él podría penetrar tu vida e iluminarla, darte esa luz y hacerte apreciar tu vida de una forma nueva, diferente, mejor?
Déjate encontrar por Dios y tu también lo encontrarás. El cristianismo se basa en la certeza de que Dios ha entrado en la historia de los hombres y, si Dios ha entrado en la historia de los hombres, es posible encontrarse con Dios... Es posible acercarse a Dios, incluso es posible ver a Dios. Y quienes encuentran a Dios, quienes ven a Dios, se convierten necesariamente en testigos de Dios. Para que hombres y mujeres descubran el amor de Dios hacen falta testigos que antes hayan hecho esta experiencia. Para poder dar testimonio de Dios, es necesario tener un encuentro con Dios. El apóstol Pablo se encontró con Jesús en el camino de Damasco, después de aquel encuentro, Pablo no pudo detenerse porque no lograba contener el fuego que tenía tras el encuentro de Jesús.
Por el Bautismo y la Confirmación, todos tenemos en nosotros el llamado a que encontrándonos con Dios, seamos testigos del Señor ante el mundo.
No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro! No busques a Dios lejos de ti, sino en ti mismo...
No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tu mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta para que tu lo alcances...
No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela con Él! Y Él sufrirá contigo; y si hay dos para un dolor, se sufre menos...
No le exijas a Dios que te gobierne, a golpe de milagros, desde afuera; ¡gobiérnate a ti mismo! Con responsable libertad, amando, y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!
No le pidas a Dios que te libere, desconociendo la libertad que ya te dio.
No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas miedo de amar y saberte amado. ¡Ámalo tu! y sabrás que si hay calor es porque hubo fuego y que si tu puedes amar es porque El te amó primero. |