De un Ipod
Por Abraham Morales
¿Sabías tu que el Ipod fue el regalo más popular la Navidad pasada? Tú sabes mejor que yo, qué es y cómo funciona, es un mágico aparato del tamaño de un teléfono celular capaz de almacenar cientos sino miles de canciones, y ahora videos, con una excelente calidad digital. Es el artículo electrónico de moda, y la verdad que es un milagro de la tecnología. Algo que quizá sea de lo que más ha gustado es que con el Ipod, puedes llevar tu música contigo a donde quiera que vayas, con tus audífonos haciendo ejercicio, con unas bocinas en tu recámara o hasta al estéreo del carro lo puedes conectar. Además de eso, lo fácil que es usarlo. Es increíble, y más con la novedad que ahora puedes comprar las canciones que te gustan y no todo un CD como antes, y grabarlas en grupos o como gustes para escuchar realmente lo que tu quieres y cuando tu quieres (bueno, nomás no en clases ni cuando tus papás quieran hablar contigo, ¿OK?)
Pues bien, te quiero hablar de otro tipo de Ipod, uno que llevas también contigo a todas partes, de hecho éste es un “built in Ipod” o sea, uno que ya está construido dentro de ti. Se parece mucho al otro, en varios sentidos, y ahorita te los explico, pero este ya existía antes que tú y que yo, de hecho, tiene ya poco más de 2,000 años, pero a pesar de eso no es viejo, al contrario, es tan moderno y actual como el Ipod que ahorita estás escuchando y que por lo mismo no le pones mucha atención a lo que te estoy diciendo (no te creas). Como eres bien inteligente sabes que me refiero a la presencia de Dios en tu vida. Cuando compras el Ipod lo tienes que registrar ante la compañía que lo produce para poder recibir la garantía y te mantengan informado de actualizaciones, etc. Tu “Ipod” con Dios también lo recibes y lo registras, pero no lo compras, es un gran regalo que se nos ha dado sin merecérnoslo. Aunque Él siempre ha estado ahí, tú lo recibes en tu bautismo, la gracia de Dios. Y también lo registras con una “compañía” con el bautismo al hacerte miembro de la Iglesia. Este “Ipod” que tú llevas dentro también recibe actualizaciones a través de tu vida. La primera al recibir el sacramento de la Eucaristía, después con la Confirmación y así continúa de acuerdo a la vocación a la que seas llamado, ya sea a recibir el sacramento del matrimonio o bien el sacerdocio.
Tu “Ipod” interior no sólo es música para tus oídos, sino para tu alma. Pero a diferencia del Ipod que compras en la tienda que toca lo que tú quieres que toque, el Ipod interior fue diseñado de tal manera tan perfecta que escucha tu corazón y se sintoniza con tus sentimientos. Lo único, y luego no me digas que no te advertí, es que este “Ipod” interior no siempre va “tocar” lo que tú quieras escuchar. Es tan inteligente que si tú quieres algo que no está bien para ti, aunque se entristece mucho porque sabe que te estás haciendo daño, no hace nada; te deja ser y hacer. Lo maravilloso es que al momento que lo necesites ahí estará por ti. Otra gran diferencia al Ipod comercial es que aquel usa baterías que tienes que ser recargadas cada dos o tres días conectándolo a tu computadora. Este Ipod no tiene baterías pero si necesita de tu energía para trabajar dentro de ti al cien por ciento. La manera como mantienes esa energía para que tu “Ipod” interior trabaje como debe ser en ti es a través de tu oración personal, tu oración en comunidad y sobre todo y lo más importante, tu participación en la Eucaristía porque la comunión es el perfecto alimento para ti para que ese Ipod interior se mantenga fuerte en ti. Ahora, el Ipod comercial se puede tallar, golpear o descomponer. En cambio este interior no, a él no le puede pasar nada, lo que si puede pasar es que tú lo trates mal y lo quieras usar a tu conveniencia. Si esto te pasa, la garantía que recibes con él nos dice que puedes reparar los daños causados con el sacramento de la penitencia, es decir, con la confesión y perdón de tus pecados.
Así que si como yo, no has podido comprar un Ipod comercial, o si ya tienes uno, no importa, te invito a que le des mejor uso a ese Ipod interior que te ha acompañado siempre, revisa como está trabajando en ti. Y si no está del todo bien, no es por él sino por como tú le has permitido actuar en tu vida. Hoy tienes la oportunidad de dejarlo trabajar al máximo dentro de ti. ¿Te animas a dejarlo obrar en ti?
Paz
Abraham
PD. En esta ocasión saludo con mucho gusto a todos los jóvenes de la parroquia de San Pio X.
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