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Todo es posible para el que cree (Mc. 9, 23)
Por Luis Soto
La sociedad actual ha perdido todo horizonte. No sabe hacia donde se dirige, y a veces parece que no le importa. Y no sabe hacia donde se dirige porque el ser humano se ha olvidado de quien es y de donde viene. La sociedad actual ha quitado a Dios de en medio de su vida.
La fe ya no se cotiza como un valor, aún a pesar que nuevas investigaciones coinciden en que las personas que crecen en un hogar con fe, serán más exitosas. La sociedad se olvida de Dios y toma decisiones incluso en contra de la voluntad de Dios.
Por causa de todo esto, se vive en una desesperanza continua. Hemos olvidado los grandes valores, los grandes proyectos, en otras palabras, la vocación grande a la que estamos llamados. Miles de jóvenes se suicidan por creer que su vida no tiene sentido. La desesperanza se refleja también en los hispanos al enfrentarnos a políticas migratorias restrictivas y al temor a la deportación que viven miles, millones de personas, por falta de documentación legal.
Sin duda que en toda la Sagrada Escritura encontramos que este tipo de males sólo se vencen con fe. Pero una fe que es capaz de creer contra toda posibilidad. Que es capaz de creer aún en los momentos más difíciles.
Recordemos que Abraham creyó contra toda posibilidad y Dios se lo premió en justicia (Gal 3,6). Pero un aspecto de la fe de Abraham que me hace admirar es que creyó aún a pesar de no ver claro lo que se le ofrecía. Dice el libro del Génesis, en el capitulo 15, que Dios le dijo “Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas… así será tu descendencia. Y creyó él en Yahvéh, el cual se lo reputó con justicia” (Gn. 15, 5-6). El texto más adelante nos deja entender que cuando Dios le pidió que contara las estrellas, si podía, era de día (Gn. 15,12). Pero Abraham creyó que las estrellas estaban allí, aún a pesar de no poder verlas y contarlas.
En casi todas sus intervenciones milagrosas, Jesús dirá que es la fe de las personas la que los ha salvado o les ha hecho posible el milagro: “tu fe es grande…” (Mt 15, 28); “que suceda como has creído…” (Mt 8, 23); “tu fe te ha sanado…” (Mt 9, 22); “tu fe te ha salvado…” (Lc 17, 19); “si tuvieras fe…” (Mt 17, 20), etc.
Sin duda que Jesús estaba convencido que todo es posible para el que tiene fe. La fe es la única que podrá cambiar nuestra sociedad. Pero debemos entender que no es cualquier tipo de fe. Es una fe a prueba de todo. Una fe que confía sabiendo que será concedido. Hace unos días leí una historia que decía así: “En un pequeño pueblo había gran desesperanza y desánimo. Habían pasado ya seis años sin ver caer una sola gota de agua. La lluvia se había olvidado de ellos. Los animales estaban muriendo, las siembras estaban perdidas por completo y la gente comenzaba a morir de sed. Así que decidieron hacer una jornada de oración para pedir la lluvia. Oraron con fervor y cuando llevaban cuatro horas de oración ante el Santísimo Sacramento, comenzaron a escuchar ruidos en el techo. Eran gotas de agua. Cada vez se hicieron más intensas y terminó siendo un verdadero aguacero. La gente intentó salir de la Iglesia en felicidad, pero la lluvia era tal que tuvieron que quedarse en ella por muchas horas y la lluvia parecía no ceder. Sólo una persona fue capaz de salir, una muchacha joven que había llevado un paraguas a la Iglesia”.
Cuando pongamos nuestra confianza en Dios debe ser con la certeza de que lo que estamos pidiendo será concedido. “Todo cuanto pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán” (Mc 11, 24). La fe es poderosa, o me atrevo a decir, el arma más poderosa. Nuestra fe sin embargo, debe estar acompañada con acciones que confirmen lo que creemos.
En mi mente y corazón resuenan hoy las palabras del Papa Juan Pablo II el 16 de Octubre de 1978, el día de su elección al pontificado: “No tengan miedo”. Aun a pesar que no se vean las estrellas y no se vean signos alentadores en el día a día; aun cuando se diga que el Congreso no aprobará la reforma migratoria; aun cuando escuchemos acerca de deportaciones y amenazas; aun cuando muchos digan que el mundo no tiene remedio y jamás será cambiado; aun cuando pienses que no hay esperanza; recuerda que todo es posible para el que tiene fe, si no me crees, ponlo en práctica. |