|
Plenamente disponible para anunciar el Evangelio a todos
« ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. Cumpliré al Señor mis votos, en presencia de todo el pueblo» (Sal 116, 12-14)
Por Renato Sander*
CDesde chico mi corazón fue inquieto. Un video muy antiguo de un viaje familiar, en el que mis papás aparecen corriendo detrás mío y después corrigiéndome, dan testimonio de que siempre mi corazón estuvo inquieto, buscando algo más.
Siempre fui católico, desde los 5 años frecuentaba un grupo de niños en la parroquia y tenía metida en mi cabeza la idea de cambiar el mundo. Algo tenía que hacer, pero no sabía qué o cómo.
Cuando llegué a la adolescencia, descubrí que necesitaba respuestas de adultos para mi fe y allí vino el momento más difícil. El corazón inquieto no le permite a uno estar indiferente. Las propuestas del mundo se mostraron muy pronto vacías y busqué también en otras religiones. Me frustré más aún. De travieso me volví rebelde. Rebelde, más nunca perdí mi fe, particularmente mi devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Incluso, aún cuando quise, no pude dejar de ir a la Misa y rezar ante aquél cuadro que siempre me llamó tanto la atención. No quería admitir que allí estaba mi respuesta, no la veía. Hasta que un día me invitaron a un congreso de estudiantes católicos.
Dios tiene sus caminos…me llevé a 25 amigos conmigo y no tenía ninguna intención de hacer o escuchar nada serio. Sin embargo aún recuerdo la primera charla, era sobre la alienación. El charlista explicaba cómo el joven necesita de respuestas auténticas, necesita saber bien quién es y cómo ser feliz. Y si no lo sabe, vienen las máscaras, pretende ser lo que no es, vive como alienado de sí mismo y no es feliz… ¡Parecía que me hablaba a mí, hasta me preguntaba si nos habíamos conocido antes! No sé, estaba describiendo mi vida, lo que hacía, lo que sentía. Dieciséis años han pasado y aún hoy me acuerdo de aquel día y de la charla. Y es que finalmente alguien pudo explicarme el porque de un corazón inquieto. La emoción era grande y mi corazón palpitaba fuerte. Ante la protesta de mis amigos decidí ir a fondo en lo que decían durante ese congreso. Descubrí allí quien era verdaderamente Jesucristo; modelo de plena humanidad, modelo de juventud, de astucia, de radicalidad, de autenticidad que tanto anhelaba mi corazón.
Es que San Agustín tenía razón, el corazón inquieto sólo descansa en el Señor Jesús que da un nuevo sentido a mi existencia, que me muestra que solamente vale la pena morir por un grande y verdadero ideal, que ha dado su vida por mí, por amor, para mostrar que sólo en Su Amor voy a encontrar mi felicidad. Descubrí que para eso fui hecho y no habría otro lugar dónde descansar sino en Él.
Luego del congreso busqué seguir profundizando en el tema y me quedó claro que la única y verdadera manera de transformar el mundo era transformando los corazones. Reconcilián-dolos de las heridas del pecado y una persona reconciliada no comete injusticias sino al contrario, vive el auténtico amor del Señor Jesús dispuesto a entregar hasta su vida. Encontré el sentido de mi vida, encontré el más valioso de todos los tesoros. Y en la oración y en la comunidad descubrí que el Señor me invitaba a llevar ese tesoro a todo el mundo. A transformarlo participando en la misión de María de llevar a todos los hombres al Señor Jesús y también de ser fiel a la misión de la Iglesia.
Ser Sodálite (nombre que reciben los miembros de la comunidad a la que Renato pertenece: Sodalitium Christianae Vitae) es eso, ser plenamente disponible para anunciar el Evangelio a todos.
La vocación es un don personal, Dios llama a cada uno de una manera particular, algunos con susurros y en la brisa suave, estos se demoran más para escuchar y comprender; a otros, Dios los llama con truenos y rayos y no hay manera de negársele.
Dios me ha llamado a la disponibilidad perpetua como me comprometí el 28 de Octubre de este año en la Catedral de la Inmaculada Concepción en Denver.
Soy feliz y estoy agradecido a Dios por mi vocación. Nada mejor hubiera podido hacer Dios y de esa manera seré agradecido: alzaré la copa de la salvación. Y lo entiendo, como dar la vida por los demás en el Amor, en la misión apostólica de la Iglesia Católica, de la cual formo parte y así cumpliré mis votos, mis compromisos ante todo el pueblo.
* Renato Sander nació en Rio de Janeiro, Brazil. Es laico consagrado del Sodalitium Christianae Vitae (SCV). El pasado 28 de octubre profesó públicamente sus compromisos a perpetuidad en el SCV. Actualmente es encargado de la administración de la casa de retiro de Saint Malo y sirve en la Arquidiócesis de Denver. |