Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2006

Primer Obispo santo latinoamericano es de México
San Rafael Guízar Valencia fue canonizado recientemente por el Papa Benedicto XVI

El pasado 15 de Octubre, el Papa Benedicto XVI proclamó al primer santo obispo de América Latina, el mexicano Rafael Guízar Valencia. Junto a él fueron proclamados santos: Felipe Smaldone, fundador del Instituto de las Hermanas Salesianas de los Sagrados Corazones, Rosa Venerini, fundadora de la Congregación de las Maestras Pías Venerini y Théodore Guérin, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Providencia de Santa María “ad Nemus”.

San Rafael nació el 26 de abril de 1878 en Cotija de la Paz (Michoacán) en el seno de una familia católica y fue el cuarto de los once hijos que llegó a tener el matrimonio Guízar y Valencia.
Sacerdote y obispo ejemplar, beatificado por Juan Pablo II el 29 de enero de 1995, en la Plaza de San Pedro (Roma), llevó una vida sacerdotal muy difícil y exigente debido a los tiempos duros de la revolución y persecución religiosa en México, en los años 20.

Un extenso territorio le esperaba como obispo de la Diócesis de Veracruz, contaba en aquellos años con una población aproximada de 1´200,000 personas. En varias ocasiones, en mulo, a caballo o a pie, consiguió recorrer las poblaciones haciendo de cada visita pastoral una verdadera misión que renovaba la vida cristiana de las parroquias. Lo que más le desplegaba al audaz obispo era realizar misiones y predicar a Cristo entre los pobres y necesitados.

Mons. Rafael Guízar fue un hombre de Dios que cuidó de su seminario como su perla preciosa, que practicó en grado heroico la obediencia durante sus primeros años de vida sacerdotal y que vivió con un exquisito espíritu de pobreza su vida entera.

La Comisión Médica que vela por la causa de canonizaciones, aprobó hace un tiempo el milagro requerido para proceder a declararlo santo. El milagro fue cuando un niño, Rafael de Jesús, originario de Xalapa (México), cuando tenía 31 semanas de gestación le detectaron paladar hendido y labio leporino en el vientre de su madre. El bebé nacería con esa malformación. Encomenda-ron a Dios la salud del bebé, por intercesión del beato Obispo de Veracruz. Cuando nació el niño, los papás preguntaron al médico: "¿Cómo nació?". A lo que el médico respondió: "Sano, sin ninguna malformación".

Según sus biógrafos, quizá la virtud que vivió de modo más eximio fue la caridad pastoral que le hizo vivir en todo momento como obispo evangelizador y misionero. Porque quería dar lo mejor a sus fieles, además de las numerosas ayudas materiales que les procuraba, quiso darles a conocer el amor de Dios. Fue Mons. Guízar un obispo eminentemente misionero y evangelizador que, al estilo de San Pablo, no podía vivir sin predicar la palabra de Dios a sus hermanos, como el mayor y más delicado acto de caridad hacia ellos. Vivió predicando y quiso continuar después de su muerte su labor misionera, cosa que realiza actualmente a través de su intercesión desde la gloria celeste. De este modo la providencia divina, al permitir que un obispo misionero como Mons. Guízar sea el primero en recibir el honor de los altares, presenta un elevado programa de santidad apostólica y misionera para todos los obispos, sacerdotes y fieles del continente americano.

 

 

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General: Jeanette DeMelo