Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2006

Noviembre: Mes de la Santidad

Por Jorge Luna

De pequeño recuerdo haber escuchado de boca de mi bisabuela un dicho que decía: "Noviembre dichoso mes, empieza con todos los Santos y termina con San Andrés". Y es que si bien, a lo largo de todo el año, debemos tener presente nuestro llamado a ser santos, y una de las maneras de hacerlo es recordando el buen ejemplo de tantos hermanos que nos han precedido en la fe; durante el mes de noviembre el tema aparece más evidente, precisamente porque el primer día del mes celebramos la "Fiesta de Todos los Santos".

La fiesta de todos los santos

Ya en varias ocasiones hemos hablado de la importancia de la santidad en la actualidad, y el llamado de todos los católicos a ser santos en la vida cotidiana. Y nunca está demás volverlo a mencionar, en especial cuando celebramos junto con todos aquellos "que dejaron todo por alcanzar el Reino de Dios", como mencionaba el Papa Benedicto XVI en una reciente homilía de canonización.
La santidad está al alcance de todos, pero requiere de una verdadera fe y de nuestra cooperación. Como recordaba el Santo Padre en la misma ocasión, el pasaje del joven rico nos da el ejemplo de lo que el Señor nos pide a cada uno para seguirlo: “Si quieres ser perfecto ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos, y ven y sígueme”. (Mt.19, 21). El Señor quiere que estemos dispuestos a dejarlo todo y seguirlo. Eso significa, en nuestro caso particular, ver si es que hay algo que impide que Dios sea la prioridad en nuestras vidas, y si es que hay algo por encima de Dios, ¿estaríamos dispuestos a dejarlo? Porque sólo en el Señor podemos ser realmente felices, sólo él tiene palabras de Vida Eterna. En el ejemplo de los santos vemos aquellos que confiaron en el Señor y lo siguieron dejándolo todo; vivieron vidas plenas y gratificantes y muchos de ellos serán recordados para siempre.

Durante el mes de noviembre tenemos diversos ejemplos de santidad a seguir, y algunos muy cercanos a nuestra experiencia. Entre los que peregrinaron por nuestras tierras podemos mencionar a San Martín de Porres (3 de nov.), y Santa Francisca Cabrini (13 de nov.). Además también tenemos a un obispo y cardenal de la Iglesia San Carlos Borromeo (4 de nov.); dos Papas: San León Magno (10 de nov.) y San Clemente mártir (23 de nov.), un militar que luego será obispo: San Martín de Tours (11 de nov.), dos reinas y madres ejemplares: Santa Margarita de Escocia (16 de nov.), y Santa Isabel de Hungría (17 de nov.), y una virgen y mártir Santa Cecilia (22 de nov.), y también cabe mencionar entre muchos otros a San Andrés Apóstol cuya fiesta cierra el mes (30 de nov.) Estos ejemplos venidos de distintos continentes, de distintos modos de vida, de distintas épocas de la historia nos sirven de muestra para saber que todos estamos llamados a ser santos.

Santa Francisca Cabrini

Intentó entrar a la orden a los 18 años, pero su salud frágil le impidió tomar el velo. Un sacerdote le pidió que enseñara en una escuela para muchachas, la Casa de la Providencia, un orfanato en Italia, labor que realizó por seis años. En 1877 tomó votos religiosos, y se desempeñó tan bien en su trabajo que su obispo le invitó a fundar la Congregación de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón, con la finalidad de cuidar de niños pobres en escuelas y hospitales. El Papa León XIII la envió a los Estados Unidos para continuar esta misión. Ella y seis hermanas llegaron a Nueva York en 1889. Trabajaron entre los inmigrantes, especialmente italianos. La madre Cabrini fundó 67 instituciones, incluyendo escuelas, hospitales, y orfanatos en los Estados Unidos, Europa y Sudamérica. La Madre se hizo ciudadana de Estados Unidos, siendo la primera ciudadana americana en ser canonizada.
El Santuario de la Madre Cabrini, en Golden, fue establecido por ella como un campamento de verano para niños huérfanos. Luego de su beatificación en 1938 se convirtió en un lugar de oración, devoción y peregrinaje a la Madre y al Sagrado Corazón de Jesús.

San Martín de Porres

Nació en Lima, Perú, el año 1579. Vivió en la misma época junto con Santa Rosa de Lima y Santo Toribio de Mogrovejo. Las leyes de aquel entonces le impedían ser religioso por el color y por la raza, por lo que Martín ingresó como Donado a la Orden Dominica. Después de dos años en el convento y por intercesión de su padre ante sus superiores, Fray Martín se convierte en hermano cooperador. El 2 de junio de 1603 se consagra a Dios por su profesión religiosa. El P. Fernando Aragonés testificará: "Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor". Después de su muerte, su culto se extendió prodigiosamente. Gregorio XVI lo declaró Beato en 1837. Fue canonizado por Juan XXIII en 1962. Recordaba el Papa, en la homilía de su canonización: su profunda humildad que le hacía considerar a todos superiores a él, su celo apostólico, y sus continuos desvelos por atender a enfermos y necesitados, lo que le valió el hermoso apelativo de "Martín de la caridad".

San Andrés, Apóstol

Fue el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y éste al ver pasar a Jesús exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús, Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le dijeron: "Señor: ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venga y verán". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde (Jn. 1, 35- 39). Esa llamada cambió su vida para siempre. San Andrés se fue luego donde su hermano Simón (Pedro) y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo" y lo llevó a donde Jesús. El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue San Andrés quien llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. El santo presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones, viviendo junto a él por tres años. En el día de Pentecostés, San Andrés recibió al Espíritu Santo, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios. La tradición coloca su martirio el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón.

La solemnidad de Cristo Rey
Una fecha que no podemos olvidar en este mes es la Solemnidad de Cristo Rey. La fiesta de Cristo Rey se celebra el último domingo del Año Litúrgico, antes de empezar el Adviento. En esta fiesta en la que recordamos que Cristo es Rey del Universo, por ende Rey de todas las realidades terrenas, es una magnífica ocasión para descubrir lo que los santos hicieron en sus vidas, reconocer a Cristo como Rey de mi vida, de mi mente, de mi corazón y de todas mis acciones, porque la santidad consiste precisamente en conformarse con Cristo y poder repetir con el Apóstol San Pablo: «Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (2, 20).

 

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