El pasado mes de octubre se otorgaron en el Centro San Juan Diego los Premios Arzobispo José H.Gomez al liderazgo pastoral y a la justicia social. Los premios tratan de reconocer a personas en nuestra comunidad que, ya sea al servicio de la evangelización o de la justicia social, se han convertido en modelos de entrega, de constancia y dedicación en los que podemos fijarnos.
Yo tuve el inmenso privilegio de ser quien diera a los galardonados la primera noticia. La reacción de ambos fue muy interesante. A Salvador Varela, premio al liderazgo en la justicia social, le avisamos al final de un retiro que él estaba guiando para el personal del Centro San Juan Diego. Al principio Don Chava, ni siquiera se percató de que estábamos hablando de él. No fue hasta que alguien le dio un codazo y todos empezamos a felicitarlo con alegría que se dio cuenta de lo que estaba pasando.
A Juan Carlos Hernández me tocó hablarle por teléfono. Al darle la noticia el teléfono quedó en silencio por algunos segundos. Cuando le pregunté “Juan Carlos, ¿sigues ahí?”, me respondió: “Sí, sí, lo que pasa es que no se qué decir”. A los dos les tomó la noticia por sorpresa. Y es que cuando se hacen las cosas por amor, por amor de Dios y por amor al prójimo, no se hacen buscando reconocimientos y alabanzas, sino que son la exigencia de una fe viva. Y nada satisface al alma sino ejercer la caridad y la buscar la justicia, la justicia con Dios y la justicia para los hombres.
La justicia con Dios es tradicionalmente llamada la virtud de la religión. El hombre que conoce a Dios y sabe todo lo que Dios a hecho por él, se siente tremendamente agradecido y trata con su oración y con su vida de de hacerle “justicia”, esto es, de tratar de devolverle a Dios un tantito de lo que Él nos ha dado. Sabemos que nunca podremos regresarle, ni de lejos, todo lo que Él ha hecho por nosotros. No es una relación de igual a igual. Pero eso no significa que no debamos mostrarnos agradecidos con Él y que no tratemos de corresponder en la medida de nuestras posibilidades y talentos, que para eso nos los ha dado.
La justicia para con los hermanos se deriva inmediatamente de ella. En primer lugar, es de justicia compartir con ellos la Buena Nueva de la Salvación, para que ellos también se sepan y reconozca como hijos de Dios. En segundo lugar, y por esa razón, la caridad y la justicia deben llevarnos a luchar por corregir y derribar todo lo que atente contra la dignidad de la persona humana, incluyendo todo lo que signifique privarle de lo que legítimamente, de por sí, le es debido.
Un tercer reconocimiento cuyo nombre es “Amistad” se otorga a personas o entidades que nos han ayudado a progresar en nuestras necesidades. El recipiente del premio fue este año la Fundación Católica, quien otorgó una suma importante de dinero hace tres años con la cual pudimos lanzar el proyecto de recaudación de fondos para comenzar el Centro y restaurar el dilapidado edificio que se nos había ofrecido. Por todo lo que ha hecho por nosotros a lo largo de este tiempo podemos con justicia llamarles “amigos”.
Volviendo a Salvador y Juan Carlos fue igualmente revelador escuchar sus palabras de aceptación la noche de los premios. Don Chava, como en muchos otros momentos y circunstancias de su vida, le preguntaba a Dios si recibir este premio era una bendición o no. Nos alegra que en su discernimiento llegara a la conclusión de que sí. Cuando uno mira atrás a su vida, todos los momentos, hasta los más duros y difíciles han servido para algo, y a menudo nos han hecho más fuertes. Gracias, Salvador, porque hasta en los momentos más difíciles usted no ha escatimado tiempo, talento o dinero para ayudar a otros, defender sus derechos y ayudarles a superar barreras aparentemente insuperables.
Juan Carlos, agradeció a Dios que siempre lo reciba con los brazos abiertos a pesar de sus fallos y reconoció que el pacto que el tiene con el Señor es lo más importante en su vida. Aunque a veces otras cosas nos distraigan u otras tentaciones nos quieran llevar por otros caminos, el Señor sigue llamando y nos da la bienvenida cuando regresamos a Él con el corazón entre las manos…Ojalá que este reconocimiento sirva para alentarte en los momentos difíciles y recordarte que el Señor confía en tu trabajo para extender el Reino. Que contigo se sientan afirmados todos los que calladamente trabajan y han trabajado por años en la evangelización del pueblo Hispano.
Creo, sin embargo que fue el Arzobispo Chaput quien, para cerrar con broche de oro, sintetizó de una forma magistral lo que significaban los premios que acababan de otorgarse. Ellos representan-dijo-la esencia de cualquier comunidad cristiana. En primer lugar, predicar la palabra de Dios (evangelización); en segundo, crear comunidad (amistad); en tercero vivir la caridad, participando en la comunidad y ayudando a los más necesitados (justicia social). Esos son precisamente los pilares sobre los que se apoya el Centro San Juan Diego.
En este tiempo en que se acerca el día de Acción de Gracias los invito reflexionar a quien debemos darle gracias personalmente en alguna de esas tres áreas: ¿quién me ha acercado a Dios? ¿Quién me ha ayudado cuando lo necesitaba? ¿Quién en mi comunidad se desvive por ayudar y sostener a otros? Para reconocerlos no hace le falta un premio. Un simple “gracias”, dicho con el corazón, basta.
Amigo lector, ¡GRACIAS!