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Resoluciones para el verdadero "año nuevo"
Por El Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap
Pequeñas cosas en la cultura, a veces tienen mayor significado del que pensamos. Dios -así como el demonio- vive en los detalles de la vida diaria; no en nuestros gestos dramáticos o grandes intenciones, sino en nuestras pequeñas acciones y hábitos, que se repiten miles de veces a lo largo de las décadas. Algunas veces estas "pequeñas cosas" son tan modestas y rutinarias que olvidamos por qué las hacemos, o lo que significan. Eso es un error.
Aquí les doy un ejemplo. ¿Cómo es que la mayoría de nosotros pensamos sobre el tiempo? Para gente que ha sido educada en sociedades occidentales, el tiempo no es un círculo, sino una línea recta. Es cierto que la historia tiene patrones familiares que vienen de la naturaleza humana, y la naturaleza humana cambia muy lentamente, si es que cambia, a lo largo de los siglos. Pero este patrón es engañoso. La historia realmente nunca se repite a sí misma porque cada persona es única e irrepetible, cada persona tiene libre voluntad, y las personas hacen historia - no de la otra forma.
El mundo tiene un inicio. Tiene también un final. El tiempo importa porque es el espacio limitado entre ese inicio y ese final. Tarde o temprano, el tiempo se terminará -para cada una de nuestras vidas, y para toda la creación.
Esta comprensión del tiempo tiene profundas raíces bíblicas. Para los cristianos, quienes por 2,000 años han construido mucho de la civilización de la que la vida moderna depende, el centro y el sentido de la historia es Jesucristo. Decimos cosas como, 143 a.C. (el año 143 antes de Cristo) ó 2006 d.C. ("en el año de nuestro Señor", 2006) precisamente porque toda existencia humana gira en torno a la venida del Hijo de Dios.
Como el Papa Juan Pablo II nos recordó durante el Gran Jubileo, el nacimiento de Cristo es el punto decisivo en toda la historia de la creación. Es por ello que para los católicos, el alternar maneras en referirse al tiempo - como EC ("Era Común") - nunca puede ser adecuado. Ellos sutilmente y casi invisiblemente, cambian nuestra comprensión del mundo. Los seres humanos no le dan sentido al tiempo. Dios creó el tiempo. Dios le da sentido. Su historia es el marco de nuestra "historia". Podemos tomar parte en el significado de la creación viviendo las palabras de Dios, pero no lo inventamos logrando un consenso común.
La Iglesia personifica esta verdad en su liturgia. El año secular se inicia el 1 de Enero, pero para los católicos, el año se inicia realmente con el Primer Domingo de Adviento. La Iglesia organiza el calendario cada año en tiempos litúrgicos - Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Tiempo Ordinario - para ayudarnos a recordar y experimentar más profundamente la historia de nuestra salvación.
El tiempo importa. Lo que hacemos con él importa eternamente, y el Adviento es un tiempo de preparación. Es el tiempo en el que reflexionamos en la creación humana, la caída, la promesa de Dios de un salvador y el cumplimiento del Antiguo Testamento con el nacimiento de Cristo en Belén. Es también un tiempo para mirar adelante hacia la Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos a juzgar a cada uno de nosotros individualmente, y a toda la creación. Si nuestras vidas tienen que cambiar para estar listos para la llegada del Rey, el Adviento - no el 1 de Enero - es el tiempo para empezar esa labor.
En el Evangelio del Primer Domingo de Adviento, Jesús nos interpela a “Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones” de los placeres y ansiedades de la vida diaria, y a "estar vigilantes en todo momento". Muchos aspectos de la vida moderna tratan de poner otras cosas - bulla, distracciones, ambiciones, deseos, consumismo y materialismo - junto al Señor Jesús en el centro de nuestro pensamiento. Pero el Hijo de Dios está viniendo, y la mayoría de nosotros lo veremos mucho antes o mucho menos predecible de lo que pensamos. El sentido del Adviento es purificar nuestros corazones, refocalizar nuestras vidas y voltear nuestra mirada a la llegada de Cristo Niño en Navidad. El mismo Niño será algún día el Señor que viene en poder al final de la historia. Hagamos de este Tiempo de Adviento un nuevo tiempo en nuestras vidas como discípulos. Hagamos de estas próximas semanas antes de Navidad, la más auténtica peregrinación hacia Tierra Santa - aquella que tiene nuestro corazón preparado para recibir al Redentor niño. |