Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Agosto 2006

Orar por la paz en el Oriente Medio es crucial mientras sigue la violencia

Tierra Santa es hogar espiritual para todo católico de Colorado

Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap

Hace cincuenta años, el Líbano tenía un papel único en el Oriente Medio. La comunidad católica Maronita fue la única mayoría cristiana nacional sobreviviente en la región. Uso la palabra “sobreviviente” porque obviamente, alguna vez el Oriente Medio y el Norte de África fueron predominantemente cristianos.
Las invasiones islámicas conquistaron y se sumergieron en aquellas poblaciones cristianas. A través de los siglos, el Islam marginó a la comunidad cristiana hasta el punto de casi extinción. Las Cruzadas a pesar de todo fueron fundamentalmente una respuesta -no un detonante- de aquella lucha religiosa.
Hoy en día, los cristianos libaneses son una minoría en su propia tierra. La guerra civil, la tasa de nacimientos, y un flujo de refugiados de las luchas crónicas entre Árabes e Israelíes han jugado su parte en el giro demográfico del país. Miles de cristianos libaneses -así como otros cristianos del Medio Oriente- han inmigrado a Occidente para huir de la violencia y de un ambiente islámico crecientemente hostil.
Israel comparte la responsabilidad por esos problemas. La ocupación Israelí de la franja Occidental y Gaza, desde hace décadas, las duras medidas de seguridad, la toma de tierras, las réplicas violentas y las políticas discriminatorias con los palestinos, tanto cristianos como musulmanes, han suscitado las críticas de los líderes de la Iglesia durante años. También han proporcionado terreno fértil para los militantes islámicos en la región, muchos de los cuales tienen el mismo desprecio por el cristianismo y los cristianos, como la que tienen por Israel y los judíos.
Israel, como cualquier otra nación legítima, tiene derecho a existir y a vivir en paz. Como consecuencia, las políticas de Israel tienen que ser juzgadas de tres guerras israelíes, de supervivencia nacional provocada por vecinos árabes hostiles, así como por décadas de violencia terrorista contra civiles israelíes.
Estados radicales como Siria e Irán han aprovechado y distorsionado la soberanía nacional libanesa durante décadas con el pretexto de ayudar a organizaciones militantes para atacar al vecino del Líbano: Israel. Por tanto, culpar unilateralmente a Israel por el actual ciclo de violencia en el Oriente Medio es ignorar el fanatismo, extremismo y brutalidad de grupos islámicos como Hezbollah y Hamas y los estados que los apoyan.
Hezbollah y Hamas son organizaciones enraizadas en la violencia y el prejuicio religioso. Quienes esperan un trato justo para cristianos judíos y otras religiones minoritarias, de parte del estilo de liderazgo de Hezbollah o Hamas se están engañando a sí mismos seriamente y poniendo en peligro a otros.
¿Pero qué tiene que ver esto con los católicos de Colorado?
Jerusalén, Nazaret, Belén, y Galilea: estos no son lugares como otros. Están clavados en el corazón cristiano. Jesús, María y José eran judíos. También lo fueron todos los apóstoles. La Iglesia fue predominantemente judía durante más del primer siglo de su existencia. Ella no puede ser entendida fuera de sus orígenes judíos. Los católicos viven una afinidad natural con el pueblo judío, y las legítimas preocupaciones del pueblo judío conciernen también a cada uno y todos los católicos norteamericanos. La Tierra Santa de las Escrituras, la mayor parte de la cual se encuentra en el Israel de hoy, es la cuna de la fe cristiana y el hogar histórico del pueblo judío. La violencia contra los judíos en cualquier lugar, pero especialmente en su propia nación, deberían dolerle a los católicos de manera particularmente íntima.
Obviamente, el Oriente Medio nunca es simple. Denunciar y resistir el extremismo islámico es algo bueno, es un acto de justicia. Pero la justicia requiere que comprendamos el Oriente Medio desde todos los lados: árabe e israelí; judío, cristiano y musulmán. El sufrimiento de los civiles libaneses y palestinos es tan real y doloroso como el sufrimiento de los civiles israelíes. El sufrimiento de los árabes es tan amargo y profundo como el de los judíos, que aplastados en el medio del actual conflicto se encuentran muchos cristianos asediados cuya historia se remonta a hace 2,000 años.
Cuando sangre inocente comienza a derramarse, la oración puede parecer algo infructuoso. Pero esa es la razón por la cual la necesitamos aún más. Espero que, en las próximas semanas, los católicos de Colorado recuerden que Tierra Santa es en un sentido muy real, su propio hogar y que recen por la paz diariamente.


 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi