El llamado universal a la Santidad
Por Jorge Luna
El pontificado de Juan Pablo II marcó la vida de la Iglesia de una manera singular. Entre otras cosas, un elemento que el Santo Padre quiso resaltar con mucha claridad fue el llamado que todos los fieles bautizados -laicos y clérigos- tenemos de ser santos.
El Papa Juan Pablo II, en su afán por mostrarnos que la santidad es posible y es real, beatificó a 1,338 personas y canonizó a 482, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos. Y no es que hayan habido más personas viviendo heroicamente su fe en los últimos treinta años, sino que la Iglesia ha querido reconocerlas públicamente para decirnos: Mirad, sí se puede ser santos, sí se debe ser santo.
Entre todas estas personas, que la Iglesia reconoce que vivieron vidas ejemplares de santidad encontramos personas de las más diversas profesiones, de los cinco continentes y de todos los estados de vida.
“No hay sino una tristeza: la de no ser santos….", escribía con mucha profundidad el escritor francés Leon Bloy. Y podríamos parafrasearlo diciendo que no sólo es una tristeza, sino que es una irresponsabilidad.
“Como miembro de la Iglesia, el fiel está llamado a vivir por la fe la plena fidelidad a los planes de Dios (ver GS 11ª), al tiempo que bajo la guía de Santa María peregrina en el consuelo y la esperanza hacia el día del Señor (Ver LG 68), recibiendo del Espíritu Santo bendiciones que le santifican, vivifican e impulsan a vivir el pleno misterio del amor, dando testimonio ante el mundo de la realidad sublime del Reino mediante la Evangelización y la vida en fidelidad.
Y no es que el tema del llamado universal a la santidad haya sido un descubrimiento del siglo XX. Leemos en la Escritura: “Porque ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación (1Tes 4,3)”. Este pasaje está tomado de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicences. Y en él descubrimos claramente que todos estamos llamados a ser santos por voluntad expresa de Dios. Y eso quiere decir que Él también nos da los medios y la gracia para alcanzar la santidad. Nos toca a cada uno de nosotros aceptar este llamado, colaborando con el Señor y su gracia en las circunstancias concretas de nuestras vidas para alcanzar el objetivo.
¿Qué es ser perfectos?
“Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48)”. Y ¿a qué se refiere el Señor cuando nos llama ser perfectos? En ningún momento el Señor hace excepciones acerca de quién está llamado a ser santo, ni tampoco nos llama a nada menos sino a ser perfectos. Todos estamos llamados, sin excepción y por lo tanto debemos de poner los medios adecuados para lograrlo.
La santidad es un proceso de conformación con Cristo por la profunda transformación interior que vive el cristiano. La santidad debe ser objeto de nuestra esperanza en tanto significa conformación con el Señor. Y no debemos olvidar que también es la consecuencia de nuestras promesas bautismales. No se trata de un añadido excepcional a nuestra vida cristiana, reservado para algunos elegidos; todo lo contrario. Se trata del camino que todos debemos seguir y de la meta a la cual todos debemos aspirar, “porque todos... son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”. |