Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Julio 2006

La formación integral

Objetivo primordial de la Pastoral Juvenil Hispana

Por Liliana Flores

Todo ser humano se encuentra en un constante proceso de aprendizaje, este aprendizaje nos hace crecer cada vez más personal, intelectual y por supuesto espiritualmente. Dios en su infinito amor, decidió crear al hombre con una inteligencia excepcional pero sin casi ningún dato registrado. Nuestro cerebro es como una esponjita que va absorbiendo un cúmulo de experiencias, emociones y sobre todo conocimientos. A medida que esa esponjita se llena más, nosotros nos sentimos más empapados de Dios y por supuesto más seguros de nuestro caminar en la vida. Es importante definir qué es lo que nuestra esponjita debe conservar para en verdad sentirnos más llenos de Dios y por supuesto preocuparnos de que esta esponjita siempre esté empapada para que podamos ir creciendo en todos los ámbitos señalados anteriormente. Es por eso que la FORMACIÓN debe ser uno de los objetivos primordiales en nuestra vida, sino, esta esponjita quedará seca y nuestro caminar será vacío, hueco y sin sentido.

Pero ¿qué es la formación? Para algunos es un ejercicio más intelectual, que experiencial y vivencial, esto es que nosotros solo llenamos nuestra esponjita con conocimientos que no transcienden nuestra vida y nuestras acciones. Por ejemplo, es muy bonito hablar sobre la importancia de “amarnos los unos a los otros”, es más estoy segura que algunos de nosotros podemos escribir toda una tesis al respecto, pero ¿de qué nos sirve conocer intelectualmente este concepto si no somos capaces de amar ni siquiera al más cercano de nosotros (padres, hermanos, amigos, etc.)?.

Personalmente, me gusta mucho una definición que nos da la Pastoral Juvenil Latinoamericana, “formar es generar en los jóvenes y en los grupos nuevas actitudes de vida y nuevas capacidades que les permitan ser, clarificar sus proyectos de vida, vivir en comunidad e intervenir eficazmente para la transformación de la realidad”, es decir, formarse significa generar en mí mismo nuevas actitudes de vida, o sea que todo aquello que percibo a través de mi inteligencia lo haga llegar a mi corazón para luego transformarlo en acciones que me lleven a ser una mejor persona y transformar así mi propia realidad y la del resto.
Es por esto que la formación es muy importante para todos nosotros, pero la cosa se complica cuando además de formarnos a nosotros mismos tenemos la responsabilidad de formar a alguien más, sobre todo cuando somos responsables de la formación de los jóvenes adolescentes y jóvenes adultos. Esta es una etapa muy importante de formación para la vida y uno de nuestros objetivos primordiales como Pastoral Juvenil es la formación de líderes cristianos capaces de vivir su fe en su vida diaria y de motivar a otros a vivir como discípulos de Jesús.

Esta responsabilidad implica dos cosas muy importantes: en primer lugar debo de preocuparme por mi propia formación, cuidar de mi vida personal, intelectual y sobre todo espiritual, preocuparme de crecer cada vez más y de ser un líder cristiano que vive su fe en todos los aspectos de su vida. En segundo lugar, debo preocuparme por formarme para el ministerio que realizo. Esta segunda etapa es a veces muy descuidada y dejamos que nuestro trabajo pastoral se vaya dando de una manera improvisada y según las necesidades que se nos van presentando, cuando esto sucede, la formación que nuestros jóvenes reciben es incompleta e inconsistente, no los llevamos por ningún proceso de formación y algunas de las veces hasta confundimos más su crecimiento, su madurez y sobre todo su fe.

En nuestra Arquidiócesis es sorprendente ver el gran empeño que cada vez más nuestros líderes juveniles han demostrado para formarse y capacitarse para el ministerio que desempeñan, es muy emocionante descubrir como se han ido inscribiendo en los diversos programas de formación que la Arquidiócesis les está ofreciendo y los que se ofrecen a nivel nacional.

Aún así, creo que es importante que este tema se siga manteniendo vivo, que no descuidemos la responsabilidad que tenemos de formarnos para formar, de estar listos a los nuevos retos y de que esta formación sea continua. Recuerden que nuestra esponjita del conocimiento es insaciable y siempre está lista para recibir más y más información y que si no se sigue remojando se vacía y se seca, además en cada momento de nuestra vida hay más y ,más cosas que aprender y que poner en práctica. No se desanimen de este trabajo tan importante que hacen, pero sobre todo manténganse siempre llenos de la sabiduría de Dios.

* Liliana Flores es Coordinadora de la Pastoral Juvenil Hispana.


 
 

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