En la Verdad, la Paz
Por Abraham Morales
En la Verdad, la Paz… ese fue el tema del primer mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz que nos envió a principios de este año 2006. En este momento de conflictos armados en el Medio Oriente consideré necesario que reflexionáramos en torno a la verdad y la paz, porque precisamente en esa búsqueda de la verdad se han generado durante muchos años muchas otras luchas sangrientas en distintas partes del mundo; situaciones a las cuales, tú como católico, no debes ser indiferente.
Su Santidad Benedicto XVI inicia con gran sabiduría el mensaje de la paz, nos dice: “Donde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz”. Entonces, si el Papa nos habla de dejarnos iluminar por el resplandor de la verdad para llegar a la paz, esto nos motiva a preguntarnos precisamente qué es la verdad. A este respecto, yo creo que a todos nos ha pasado que alguien nos diga: “es que esa es tu verdad, pero mi verdad es distinta”. Cayendo precisamente en un relativismo donde nadie está bien o nadie está mal, sino que todo es subjetivo, esto generado a un relajamiento de la moral. (Okay, prometo no ser tan rollero, pero es que esto de la verdad se presta mucho a ondas filosóficas y me quería desquitar contigo de las que me hizo sufrir una maestra de filosofía; pero te salvaste, para que veas que buena gente soy). Lo que si te digo es que la verdad ha sido tratada de definir e interpretar en distintos tratados filosóficos desde Aristóteles. Entre aquellos filósofos destaca el gran aporte de Santo Tomás de Aquino por la perspectiva divina que le dio los conceptos de verdad, realidad, etc. Gracias a él hoy en día definimos a la verdad en torno a Dios. Esto nos dice el Catecismo de la Iglesia: “Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es verdad. Su ley es verdad. Puesto que Dios es verdad los miembros de su pueblo son llamados a vivir en la verdad”. Así que estamos llamados a vivir en la verdad, una verdad entendida de esta forma: “La verdad como rectitud de la acción y de la palabra humana, tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza. La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía”. En otras palabras, ¿te imaginas cómo viviríamos en las familias, con los amigos, etc., si no nos tuviéramos confianza reciproca para saber que el otro nos está diciendo la verdad? Por eso estamos llamados a vivir en la verdad. Pero ese llamamiento va un poco más allá, el que quiere seguir a Jesús permanece en su Palabra para conocer la verdad que hace libre. Seguir a Jesús, nos dice el Catecismo, es vivir del Espíritu de Verdad, enviado por el Padre que conducen a la verdad completa.
Ahora que ya hemos medio comprendido la verdad desde Dios, los que somos miembros de su pueblo debemos tener un amor incondicional a esa verdad, ser testigos de Dios, “que es y quiere la verdad”. Por ello, nuestro compromiso con la verdad es dar testimonio de ella, respetarla y no caer en las ofensas a la verdad, porque estas últimas son como un rechazo, una infidelidad frente a Dios. Y fíjate, a veces pensamos que no decir la verdad se traduce en decir una mentira, pero hay otras maneras en las que ofendemos a la verdad: el falso testimonio, la calumnia, la vanagloria (echarse flores a uno mismo) y una que me llamó mas la atención porque quizá muchos la vean como algo “normal” es la adulación (en México le decimos hacerle la barba a alguien, aquí le dicen kissing up) cuando al hacerlo se hace cómplice de pecados graves.
Para ser testigos de la verdad, podemos comenzar por no estar en pecado, porque ello nos hace vivir en la falsedad, en guardar un orgullo, un apego y cerrazón a nuestros criterios. Esta actitud no nos permite reflejar la verdad de Dios.
Así pues, al profundizar un poco más en la verdad, nos cae mejor el veinte de cómo la verdad nos lleva a la paz. En Medio Oriente siguen las luchas basadas en las interpretaciones religiosas de la verdad. Tú que conoces a la fuente y motor de la verdad, vive conforme a ella, comprometido con la verdad sé testigo de ella. Oremos finalmente por la paz y porque el Espíritu de Verdad ilumine los corazones y mentes de los involucrados en esta lucha armada.
Paz
Abraham
PD. Felicito a todos los miembros de la Asociación Jóvenes para Cristo quienes celebraron recientemente el 12 aniversario de su grupo en Colorado, y saludo con mucho gusto a los integrantes del grupo de jóvenes de Saint James, en especial a Maura, Mónica, Angie y Marlene.
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