Ser madre es desplegar el don especial que Dios me ha dado
Nada es más importante que el amor, que darse uno mismo a los demás por amor
Por Viviana Paredes
El próximo mes de Junio cumplo 8 años de casada y en este tiempo Dios me ha dado un hermoso regalo: mi familia. Mi esposo Jorge y mis tres hijos: Jorge Luis (6), Alejandro (5) y Juan Pablo de tan sólo 5 meses.
Si bien mi esposo y mis hijos son la parte más importante de mi vida, el motor que la sostiene es el Señor Jesús. No puedo comenzar el día sin un momento para encontrarme con Él a través de la oración. Le pido que me acompañe todo el día en las labores cotidianas de la casa, el trabajo, etc. Esto es vital para que el día no me consuma o me transforme simplemente en una mamá “activista”, sino en una madre muy activa pero con la fuerza de mi relación con Dios. Es así, que puedo dar la batalla del día a día que implacable con su rutina podría hacerme naufragar.
La maternidad me ha ayudado a desplegar muchos talentos, del mismo modo la vida familiar me permite asumir muchos roles.
Muy temprano en las mañanas trabajo en una Escuela Elemental, mi jornada termina cuando empieza el trabajo de mi esposo, así nos organizamos para el cuidado de los hijos. Lo mismo por las tardes, en donde enseño español en un Instituto de Idiomas, ahí comienzo cuando mi esposo termina de trabajar.
De lunes a viernes la mayor parte del día se va en la jornada de escuela de Jorge y Alejandro. Cada uno con diferentes horarios de salida me transforman en la mamá conductora que los lleva y trae de aquí para allá.
Una vez en la casa, luego de comer y descansar comenzamos a hacer las tareas. Y entonces me convierto en la maestra que les ayuda con los quehaceres de la escuela, y después de las tareas practicamos español para que lo aprendan bien y no pierdan la riqueza que significa ser bilingües y así mantengan las tradiciones nuestras y el vínculo con sus abuelos.
En el tiempo que comparto con mis hijos voy calando hondo en sus almas, a veces conversando, a veces jugando van saliendo de su mente y corazón todas esas preguntas que llevan guardadas en su cabecita. Y entonces preguntan: ¿Mami, por qué la gente se muere? ¿Por que hay niños que no tienen que comer? Y al más pequeño, Juan Pablo que recién está despertándose a la vida, me encanta observarlo y descubrir las cosas nuevas que está aprendiendo, siempre está de buen humor y eso me dice mucho como actitud ante la vida.
Ahora que paso más tiempo con mis hijos me doy cuenta que no sólo se trata de calidad de tiempo compartido, sino también de cantidad, porque es en el día a día donde veo qué les gusta, con qué se alegran, qué cosas los cuestionan, etc.
Mis hijos aprenden de la vida observando a mamá y papá. Ellos ven cómo interactuamos los dos como padres, cómo nos tratamos, cómo son nuestros diálogos, cómo nos amamos y eso influye tremendamente en sus vidas. Y el Amor, que lo transforma todo, genera esa cadena maravillosa, porque amando a mi esposo es como mejor amo a mis hijos, quienes como esponjas que lo absorben todo a su alrededor se alimentan del amor recíproco de papá y mamá.
Y por último, hay una misión muy importante para nosotros como familia a la que también le dedicamos tiempo. Se trata de “Familia de Nazaret” del Movimiento de Vida Cristiana. Mi esposo y yo somos los responsables de esta comunidad de matrimonios que se reúnen periódicamente. En ese espacio crecemos espiritualmente, vivimos la fe en comunidad, aprendemos a ser mejores padres católicos, compartimos nuestros desafíos como matrimonios y como padres, nuestros hijos comparten con otros niños y familias los mismos valores cristianos. Y sucede algo muy especial porque esta comunidad de amigos en el Señor se transforma en la familia que no tenemos aquí en Estados Unidos, entonces no nos sentimos solos especialmente en fechas tan importantes en donde se extraña no tener a la familia cerca.
Y así pasan mis días, desplegando este don de Dios tan especial y propio de la mujer que es la maternidad. Esforzándome para no dejar que las labores cotidianas me hagan perder el verdadero sentido de lo que hago, nada es más importante que el amor, que darse uno mismo a los demás y vivir intensamente las 24 horas que el Señor me regala día a día para ser mejor cristiana, mejor esposa y mejor madre. |