Mi experiencia
Un joven que comparte su historia en la Pastoral Juvenil Hispana de la Arquidiócesis de Denver
Por Guillermo Lezama*
Yo soy un emigrante que viajó a este país con expectativas diferentes a las que hoy en día vivo, siento y practico. Estudié en el seminario por tres años y obtuve una visión bastante corta de la realidad. No encontré lo que estaba buscando. Así viví con “mi realidad corta” de un país (México) rico en experiencia religiosa y muy abundante, lleno de vocaciones, sacerdotes, religiosos y jóvenes muy activos y entregados a su servicio en la Iglesia.
Pero cuando llegué a este país, me encontré con una realidad muy impresionante, diferente, un tanto estricta pero con un mismo ardor evangelizador. Esto lo resalto porque cuando uno vive en México se imagina a un Estados Unidos sin religión, con una Iglesia muy débil y sin embargo lo que yo encontré acá fue una Iglesia católica muy fuerte y viva. La Arquidiócesis contaba con algo establecido como formación y planes aún por terminar y nuevos sueños que cumplir.
Al integrarme en una comunidad en la Parroquia de San Guillermo en Ft. Lupton y posteriormente al Movimiento “Cristo y Yo”, comenzó una de las mejores experiencias de mi vida, un camino que Cristo marca desde que naces y sirve como instrumento para muchos más.
Creo que es enriquecedor para la Arquidiócesis tener un Instituto como el Centro San Juan Diego, que me abrió las puertas a una mejor educación. Ahí estudié el curso de Certificación de Agente Pastoral Juvenil. Esta experiencia fue un “parte aguas” en mi ministerio. El Instituto San Juan Diego me impulsó a un liderazgo más capacitado y amplió mi visión, ahí es cuando comencé como líder en mi comunidad y descubrí que el hispano inmigrante tiene gran responsabilidad del buen desarrollo de esta Arquidiócesis. Mi concepto de Pastoral Juvenil Hispana creció con un viaje de ocho personas a West Viginia, donde conocí un modelo alternativo para mi ministerio y vi la realidad gigantesca de más ministerios juveniles a nivel nacional.
¿Y por qué digo esto? Porque hay diócesis que no tienen nada definido, donde aún la voz del hispano no es escuchada. Por eso doy gracias a Dios por estar en Denver y tener algo que crece con el tiempo para beneficio de la Iglesia que Cristo dejó no sólo a doce, sino a todos aquellos que estén dispuestos a entrar al “Taller del Maestro” donde nos enseña a construir una cruz como la de Él y a tallarla con nuestro cincel y tomarla y cargarla como Él lo hizo como ejemplo para todos.
* Guillermo Lezama es Coordinador del grupo “Cristo y yo” de la Parroquia de Saint Williams de Fort Lupton.
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