Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Mayo 2006

Dos culturas, una misma fe

Por Abraham Morales

La celebración de la Vigilia de Pascua de este año es el perfecto ejemplo de lo que te quiero hablar hoy. En la misma banca estábamos sentados anglos (americanos), filipinos e hispanos; como tú sabes, esa Misa es bilingüe. Pero en esta parroquia la hicieron trilingüe, incorporando algunas oraciones en tagálo, además del español e inglés. Fue una experiencia muy rica en lo cultural con una relación directamente a nuestra fe.

Te soy sincero, al principio yo no le agarraba bien la onda a las Misas bilingües, porque primero no son bilingües, regularmente predomina más un idioma; y segundo pues porque al que no habla el otro idioma se me hacia que quedaba a medias. Pero ahora veo la riqueza y el sentido de una Misa bilingüe, el mismo al que tú como joven bilingüe católico en este país, estás llamado: ser un puente que acerque dos culturas y formas de vivir la fe y la religiosidad popular. Además, como escuchaste en la conferencia Viviendo la Fe Católica del pasado marzo, si se dice que quien canta hora dos veces, imagina cuando eres parte de una celebración bilingüe, participando en dos idiomas, ¡entonces quiere decir que estas orando cuatro veces!!

Pero regresemos a lo de ser puentes entre dos comunidades, dos comunidades cada una con sus propias maneras de expresión, somos parte de una misma fe. Una fe católica, universal. Si como católicos no estamos abiertos a nuestros propios hermanos en la misma fe, pero que hablan otro idioma, el de este país, ¿qué testimonio estamos dando de nuestra vivencia cristiana? Si la palabra católico significa precisamente universal, el no estar abiertos a otros católicos de distinto color de piel va entonces contra nuestra propia naturaleza, nuestro propio origen cristiano. ¿No lo crees?

Y si el inglés no se te da mucho, no se trata de rechazar lo que esta cultura nos ofrece, sino de aprender las cosas buenas, que sí son muchas, que nos puede brindar. Hay quien piensa en nuestra comunidad que nada mas nosotros tenemos cosas buenas que ofrecerles, o que si las cosas no son como estábamos acostumbrados en nuestro lugar de origen, entonces no lo aceptamos. La realidad es esta, estamos en un país distinto al que hemos nacido. Pero el que sea distinto, no lo hace ni mejor o peor, simplemente diferente al tuyo. Pero, por otro lado si elegimos, o nuestros padres escogieron venirse para acá, sea poco o mucho el tiempo que vamos a vivir, por que no adaptarnos y abrir nuestra mente a aprender de ellos, y compartir de nosotros también. Salgamos de nuestra conchita. En esa misma conferencia uno de los conferencistas preguntaba “¿a cuantos americanos, asiáticos, negritos has predicado o evangelizado? Preguntas fuertes que nos ayudan a reflexionar en lo cerrado que a veces podemos ser para vivir y compartir nuestra fe.

Y es que al final de cuentas, dentro de la Iglesia, seas del color que seas, de otra cultura u hables otro idioma, profesamos una misma fe; y eso es lo más importante y el factor en común mas grande que podemos tener. Seamos pues puentes, acerquemonos a los que son distintos u hablan otro idioma, y no esperemos pasivos a que sean ellos los que tomen la iniciativa.

Misas como la de la Vigilia Pascual nos recuerdan bellamente la universalidad de la Iglesia. Nos ayuda, y recuerda a ser más como nuestra propia religión, católicos, universales. En otras palabras, a que veamos un poquito más allá, dentro de nuestra propia iglesia, de nuestra propia nariz. ¿O tú qué opinas?



 
 

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