“Servir a los más necesitados, esa es mi vocación”
Diácono Modesto García comparte su experiencia como voluntario en la zonas afectadas por el Huracán Katrina
Por Modesto García
Yo trabajo desde hace diez años en la compañía Belfor Internacional que es una empresa de remodelación, y trabaja para compañías de seguros. Hace un año y medio que soy diácono, fui ordenado en Junio del 2004. Mi esposa es Socorro y tengo cuatro hijos, tres mujeres y un hombre.
Justo en el tiempo que el Huracán Katrina desoló la zona del Golfo, yo llevaba ya dos semanas sin trabajo y en la compañía en la que estoy contratado me pidieron que si quería ir a trabajar a Nueva Orleans, y sin pensarlo dos veces acepté.
No pudimos llegar a nuestro destino por las condiciones devastadoras que dejó el huracán. Nos quedamos en Louisiana las primeras semanas hasta que pudimos llegar a Nueva Orleans, a este tiempo ya habían terminado las brigadas de rescate.
Fue para mí muy impresionante ver la ciudad completamente destruida, no había servicios de electricidad ni agua, árboles, ramas y postes de luz tiradas por todas partes, no se podía caminar. Vi mucha necesidad especialmente en un clima de catástrofe, de desastre, pero a pesar de todo sentía interiormente una alegría profunda porque pensaba que era ahí donde debía estar, ayudando a la gente.
Comenzamos a trabajar primeramente en las tiendas de Sams y Wal-Mart, en el hospital y en la Universidad de Tulane, tuvimos muchos problemas y algunas veces pasamos hambre y sed. Cuando entramos a trabajar en la Universidad de Tulane teníamos a cargo 700 personas de Brasil y México, la mayoría de Brasil.
Mi trabajo consistía en limpiar todo, sobre todo en los supermercados, eso para que la gente pueda tener alimentos.
En ese tiempo conocí a una doctora que servía allá, ella estaba muy contenta con nosotros y estaba impresionada por ver la generosidad de tanto hispano, casi todos éramos mexicanos. Y trabajábamos muy duro. Catorce horas al día por tres meses, sin domingo ni tiempo, porque la necesidad era enorme.
Era muy triste ver lo bonito que habían sido la ciudad con sus grandes edificios, sólo que ahora todo estaba devastado, la ciudad sin servicios y los edificios hasta con 8 y 10 pies de agua, los sótanos de los edificios llenos de agua.
Lo más triste de todo era que a mucha gente la tenían trabajando sin ninguna protección de máscaras o equipos especiales que se usan en esos casos de tanta contaminación, también me daba pena ver que vivían 10 en un cuarto y a otros que sólo vivían en carpas a la intemperie.
Una de las experiencias que más me ha impactado es ver como en un ratito no somos nada, todo se mueve por Dios y veo su poder en eso, las veces que pude ir a Misa vi a la gente entregada y es precisamente en esos tiempos de sufrimiento cuando más nos acercamos a Dios. Y definitivamente el servir como voluntario en esta zona de desastre ha enriquecido mi fe y esperanza en Dios, yo vi su mano en todo ese tiempo, las parroquias estaban casi intactas, había por ejemplo una zona que estaba muy dañada y la parroquia de ese lugar, “San Antonio de Padua” estaba enterita, ahí era donde iba a Misa.
Finalmente les puedo decir a todos que esta experiencia la encierro en una reflexión que he tenido en este tiempo: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir, es en el servicio donde descubrí mi vocación de diácono, pues cuando doy es cuando más me llena Dios, y Él me llena de bendiciones”. |