Diez años de servicio a la comunidad hispana
Programa “Mi Pequeño Negocio” ha sacado adelante a la comunidad hispana y ha logrado hacer muchos sueños realidad
Por Lara Montoya
El programa “Mi Pequeño Negocio”, que ha logrado hacer realidad muchos sueños y sacar adelante a la comunidad hispana, cumple este 19 de marzo, Fiesta de San José, diez años de servicio a la comunidad hispana. Los fundadores de Mi Pequeño Negocio recuerdan que éste se inició en 1996 con un retiro en el Santuario de Madre Cabrini, en Golden, donde se reunieron cerca de 180 personas, todas ellas con la inquietud de empezar un nuevo negocio.
Según nos cuentan los fundadores, el programa tuvo al principio la forma de cuatro cooperativas: la cooperativa de construcción, la de restaurantes, la de costureras y la de servicios de limpieza. Así se reunieron por dos años, pero sin una idea clara de lo que podían hacer. “Luego de estos primeros dos años la idea de cooperativas no funcionaba porque la gente quería tener su propio negocio, entonces organizamos un programa de 13 semanas y a partir de ahí fuimos sacando generaciones de personas” nos cuenta Felipe López, Director y fundador del Programa. El curso de pequeños negocios fue establecido oficialmente en 1998 con el apoyo de la oficina del Ministerio Hispano y auspiciado por la Arquidiócesis de Denver. Durante este tiempo se han formado más de 30 negocios con éxito.
Cómo surge esta idea
Felipe López, fundador de Mi Pequeño Negocio, nos cuenta que este programa surgió cuando trabajaba como organizador de la comunidad hispana, él hizo una encuesta para ver las necesidades más urgentes de los hispanos. “Una de las principales inquietudes que muchos mostraron fue el deseo de tener un propio negocio, de no seguir trabajando para otros, y por otro lado se veía la necesidad de aprender a hacerlo. No contábamos con cursos en español que los capacitaran para eso, que les enseñaran cómo funcionan las cosas acá” señaló Felipe.
El proyecto salió con la Metropolitan Organization for People (MOP), de la cual era parte Felipe. En ese entonces lo ofrecían en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, y permanecieron ahí por cinco años y luego en el Centro L.U.P.E que en ese entonces tenía como directora a Mar Muñoz. Ella los invitó a desarrollar el programa ahí porque había más espacio.
En este centro estuvieron por mucho tiempo, pero una vez que se inauguró el Centro San Juan Diego, el programa se empezó a ofrecer ahí y es ahí donde continúan hasta el momento.
Diez años de constancia y esfuerzo
Felipe define estos diez años como un tiempo de mucha lucha, “hemos tenido tiempos buenos y malos. Y hemos necesitado de mucha constancia para que el programa siguiera adelante por diez años consecutivos sin parar nunca, y creo que lo hemos logrado sobre todo por la claridad de misión que como equipo tenemos, pues lo que nos interesa es que la gente salga adelante. Por otro lado conocer algunas de las historias de alumnos nuestros y ver sus sueños hechos realidad es siempre una satisfacción y es lo que nos alienta”.
Otra de las cosas que Felipe destaca es la visión que el programa tiene, ya que esta es una visión de fe, comprometida con la misión de la Iglesia Católica, la cual ha sido una fortaleza que les ha permitido seguir adelante a lo largo de estos años.
Objetivo central: servir y enseñar a la comunidad hispana
Al hablar de la misión e importancia de este programa, Felipe nos dice que este es un programa que les da fortaleza a los hispanos, “les da alternativas para vivir con dignidad y justicia, para que tengan los medios para vivir como gente de fe, gente católica, es un esfuerzo además de lograr que nuestra comunidad salga adelante con los sueños que tienen”.
“Hay una satisfacción muy grande que es la de servir a la comunidad y orientarlos, sobre todo porque muchas veces por falta de conocimiento somos fácilmente engañados. Por citarte un ejemplo, hay gente que les ofrece registrarles el nombre de su negocio por $1,800 dólares, cuando esto en realidad les cuesta solamente 50 dólares, por eso queremos proteger a la gente para que no le roben su dinero” señala Felipe como una de las mayores satisfacciones que ha tenido en estos diez años. La otra parte es ver cómo mucha gente logra su sueño de poner su propio negocio en este país, y ver cómo a través de este sueño sacan a sus familias adelante, tienen la posibilidad de poner a sus hijos en una buena escuela o pagarles la universidad.
Otro de los objetivos de Mi Pequeño Negocio es generar para la ciudad entradas de dinero para que los hispanos participen de una manera activa en la economía de este país.
Sueños hechos realidad
Santiago Ochoa de Mariscos Colina
Cuando Santiago inició su negocio, contaba tan solo con $50 dólares. Empezó con una pequeña hielera de mariscos, la que ponía en la maletera de su carro frente a un taller. Sin embargo una de las cosas que Santiago enfatiza es la fe y el entusiasmo que tenía a pesar de no tener muchos medios, según él, esa era su mayor riqueza. Ahora ya cuenta con dos locales muy conocidos. Santiago recuerda que el curso de Mi Pequeño Negocio lo ayudó bastante porque no tenía conocimiento sobre las licencias, ni sabía a donde ir. “Felipe me llevó personalmente a la Secretaría de Estado y me ayudó a saber como planear y utilizar las ganancias, saberlo distribuir y como hacer impuestos” señala Ochoa.
Santiago dice además que el programa ha marcado su vida, “cuando yo vine acá era muy pobre, recuerdo que vivía de ‘arrimado’ en la casa de un tío de mi esposa, sin pagar renta, pero cuando mi negocio empezó a salir adelante, empecé a rentar un apartamento. Luego cuando el negocio estaba ya establecido, nos compramos una casa, vehículos y aunque no tengo una posición económica sobresaliente, puedo decir que llevo una vida tranquila. Por otro lado, como familia nos ha ido muy bien, mis hijos trabajan conmigo”.
Sin embargo para Santiago el éxito de su negocio no sólo se debe a su esfuerzo, él es un hombre de mucha fe y es eso lo que lo ha ayudado, “para mí no existe otra cosa mejor que la ayuda de Dios, lo que más me ha ayudado es tener fe en Él. Me gustaría ver que algunas personas tomasen interés en el programa, todo es cuestión de fe y de ‘echarle ganas’ para salir adelante, y este curso no te quita mucho tiempo y no cuesta prácticamente nada” agrega Ochoa con alegría. Santiago continúa siendo parte del programa, él ahora participa compartiendo su testimonio para inyectar ánimo a su comunidad.
Alex Guerrero de “Rayo Electric, Inc.”
Alex nos cuenta que cuando empezó estaba ¨ciego¨, no sabía donde registrarse, a quien acudir por ayuda, no sabía de contabilidad, ni como iba a pagar sus taxes. “En el curso aprendí todo lo que necesitaba saber, se me esclareció todo el panorama para hacer un negocio”, señaló. Alex empezó su negocio hace cuatro años y hoy cuenta con una compañía que realiza trabajos residenciales, comerciales e industriales por todo el estado. Una de las cosas que Alex destaca del programa es las relaciones y contactos que ahí consigues, y la idea de trabajar como comunidad haciendo una cadena de ayuda, al respecto dice que “Cada vez que voy a ocupar a alguien en mi empresa, pienso en los amigos que salimos del curso y todos mis empleados son hispanos. Se ha logrado hacer una cadena de ayuda, nos apoyamos unos a otros”. Además nos cuenta que nunca imaginó tener su propio negocio y mucho menos que podía salir adelante y lograr sus sueños. “La casa que tengo ahora es mía, mis hijos ahora están en escuelas particulares, nunca soñé ir con mis hijos a Disney, Orlando o a Centro América, y nunca me había imaginado que pudiera hacer esos viajes en avión o irme a un hotel con mi familia y gracias a esta empresa lo he hecho”.
Vocación de servicio
Cómo lo dijo Felipe, la gente que es parte del equipo de Mi Pequeño Negocio tiene una vocación común, que es la de servir a la comunidad hispana, las experiencias de los profesores son muy parecidas, descubrir que su profesión y sus talentos pueden sacar adelante a toda una comunidad.
Esta es también la historia de Ana Tedesco, encargada de las clases de matemáticas financieras, quien compartió con nosotros su experiencia de trabajar en este programa por casi seis años. Ana es voluntaria desde 1999 y les enseña a los alumnos cómo llegar al punto de equilibrio en su negocio, como definir el producto y como definir quien es la competencia. Ana llegó a Denver en 1998, cuando escuchó por primera vez de este curso, no le llamó la atención porque ella venía a este país con un Bachillerato en Negocios y un Master en finanzas. “Fui al curso por curiosidad, pero me encontré con una experiencia muy interesante, y me sirvió mucho en el aspecto práctico, cuando lo tomé me sentí interesada en ayudar en la parte de matemática, yo veía que esta parte no estaba muy desarrollada y que necesitaban gente” señaló Ana.
Una de las experiencias más bonitas que Ana destaca es la satisfacción de poder seguir ayudando a sus alumnos, incluso luego de que ellos han terminado el curso, “ver que puedo ayudar en la medida de mis posibilidades es una satisfacción muy grande, pues yo me pongo a pensar que cuando llegué acá tenía papeles, carrera y sabía hablar inglés, en cambio mucha de esta gente no cuenta con recursos. Por eso los admiro, admiro su esfuerzo, es gente que madruga para trabajar, y que a pesar de que está cansada viene a aprender. Además este curso me da la oportunidad de ayudar a la comunidad en algo que me gusta que es mi carrera”. |