Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Junio 2006

Pentecostés, fiesta del Espíritu

María está presente en la venida del Espíritu Santo y con ello en el nacimiento de la Iglesia

Por Jorge Luna

Este año la celebración de Pentecostés fue el domingo 4 de junio. ¿Pero qué celebramos en este día?

La palabra Pentecostés (que proviene del griego pentekosté (heméra) “el quincuagésimo día”) describe la fiesta durante el quincuagésimo día después de la Pascua. En esta fiesta se conmemora la venida visible del Espíritu Santo sobre los apóstoles; suceso que ocurrió precisamente a los cincuenta días después de la Resurrección del Señor.

En los últimos días de su vida terrena, Jesús prometió a sus discípulos el don del Espíritu Santo como su verdadera herencia. Así leemos en el capítulo 20 del Evangelio de Juan que el Resucitado entrando en el Cenáculo, saludó a los discípulos y, soplando sobre ellos les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22.) Pentecostés, descrito por los Hechos de los Apóstoles, es el acontecimiento que hace evidente y público, cincuenta días después, este don que Jesús hizo a los suyos la tarde misma del día de Pascua.

La acción del Espíritu Santo
“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse”. (Hch. 2, 1-4).

Con la venida del Espíritu Santo los apóstoles recuperan las fuerzas perdidas, renuevan la ilusión y el entusiasmo, aumentan el valor y el coraje para dar testimonio ante todo el mundo de su fe en Cristo.
El Espíritu Santo, que Dios había prometido a los profetas para cambiar el corazón de los hombres, ha llegado. Y desde ese momento está siempre presente en su Iglesia. Todos nosotros si estamos atentos a la acción del Espíritu y lo dejamos actuar en nuestras vidas, tenemos la posibilidad de conocer profundamente al Señor Jesús, proclamarlo y actuar como Él. Podemos conocer el Plan que Dios tiene para nosotros, tenemos una misión que llevar a cabo y contamos con la fuerza suficiente para hacerlo. El Espíritu Santo es el amor que nos estrecha con el Padre, con Jesucristo y entre nosotros.

Mediante la acción del Espíritu en la Iglesia los pecados nos son perdonados en el Bautismo y en el sacramento de la Reconciliación. Por otra parte el Espíritu Santo nos ilumina, nos consuela, nos transforma, nos lanza llenos de ardor para transformar el mundo con el fuego del Amor de Dios.

Litúrgicamente hablando existe evidencia que se trata de una festividad que se celebraba desde los tiempos apostólicos. Tenemos los testimonios de San Ireneo, y más tarde de Tertuliano.

Así como los discípulos reunidos en el Cenáculo, la Iglesia debe estar siempre reunida para rezar y al mismo tiempo abierta a la acción impetuosa del Espíritu para salir a anunciar la Buena Nueva a todos los hombres. Y así como tenemos la garantía de que el Espíritu Santo está siempre en la Iglesia nos toca a cada uno de nosotros abrirnos a su acción. Sobre todo participando activamente en los sacramentos para que con la gracia transformemos verdaderamente nuestro corazón de piedra en un corazón de carne y realmente tomemos en serio el llamado que tenemos como bautizados de ir por todo el mundo evangelizando. La fiesta de Pentecostés es una magnífica ocasión para que a la vez que celebramos los dones del Espíritu, nos comprometamos verdaderamente a hacerlos fructificar.

La presencia de nuestra Madre Santa María
Una presencia que no podemos dejar de notar en el Cenáculo es la presencia de María. Ella está allí ayudando a preparar una nueva venida del Espíritu Santo, y un nuevo nacimiento: el nacimiento de la Iglesia. Ella participa en las súplicas por la venida del Paráclito a fin de que con su poder suscite en la comunidad apostólica el impulso hacia la misión que Jesucristo al venir al mundo, recibió del Padre, y, al volver al Padre transmitió a la Iglesia. Y lo sigue haciendo hoy. Nos sigue invitando a acoger el llamado junto con las gracias que recibimos para responder a él.

Encuentro con el Papa
Este año, durante las celebraciones de Pentecostés, el Papa Benedicto XVI invitó a los Movimientos Eclesiales a ir a Roma para participar con él de un gran encuentro para celebrar juntos los dones que el Espíritu Santo sigue derramando sobre la Iglesia.

Los movimientos eclesiales son parte de la respuesta suscitada por el Paráclito para afrontar los desafíos que el mundo actual presenta a la Iglesia para el anuncio de Cristo Resucitado a los hombres del tercer milenio. Celebremos pues con gozo la fiesta de Pentecostés, y que ese gozo nos lleve a anunciar la Buena Nueva con ardor y alegría.


 
 

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