Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Junio 2006

De cosas malas y gente buena

La primera vez que yo escuché algo así, me sorprendió y me puse a pensar muy seriamente sobre la obra de Dios en la vida de nosotros los seres humanos. Fue durante la Misa del funeral de un joven policía muy cercano a mi familia, que había muerto trágicamente. De esas cosas que pasan y que después te quedas preguntando ¿por qué él? Su esposa embarazada, él de unos 28 años, y esas casualidades que él iba apenas llegando a un robo de un banco y justo por la calle que el iba, los ladrones iban huyendo y en cuanto lo vieron en uniforme, le dispararon…

En la homilía durante la Misa de exequias, el sacerdote, también muy joven, dijo esto que me impactó: “Dios no quería que este joven policía muriera; su muerte no era la voluntad del Señor”. Tú sabes, en situaciones así uno casi siempre piensa en escuchar las clásicas frases de consuelo, de que Dios tiene sus motivos, Él sabe por qué hace las cosas, etc. pero las palabras del sacerdote me pusieron a pensar en algo muy cierto, en la libertad que Dios nos regaló desde la creación. Libertad entre elegir entre el bien y mal; y todos los seres humanos, con el uso de nuestra razón y nuestra conciencia, tomamos decisiones todos los días, unas buenas, o para bien, y otras no tanto, o para el mal. Y aunque Dios está en todo y con todos, no puede obligarnos a tomar decisiones siempre hacia el bien. En este contexto, alguien como este joven policía no falleció porque Dios lo quisiera ya llamar a su presencia o porque su misión en esta vida hubiera terminado, sino porque otros (los mugres rateros) abusaron de la libertad que se les había otorgado y optaron por el mal, y la consecuencia fue quitarle la vida, trágicamente, a otra persona.

Te doy otro ejemplo, más clásico si quieres. No crees tú que mucha gente se ha preguntado ¿por qué Dios permitió la masacre de millones de judíos durante el Holocausto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué no borró del planeta a Hittler con un rayo para detener tanto dolor y muertes? ¿Qué acaso no está Dios en todos lados? ¡Claro que lo está! El Señor estuvo ahí, con cada persona hasta su muerte, y sufrió con ellos, y quizá sintió la frustración más grande jamás imaginada, de tristeza; al ver a los hombres haciéndonos eso a los mismos hombres, abusando de la libertad que nos ha dado para escoger entre el bien y el mal. Pero, igualmente, no era su voluntad. No era parte de su Plan.
Ahora bien, quizá te saque un poco de onda, y si lo hago te ofrezco disculpas y te pido vayas a platicar esto con un sacerdote si te enredo más que aclararte las cosas. Hablemos de las enfermedades o las personas que nacen con una situación especial. ¿Conoces a alguien que sea buena gente pero que de pronto se vea en una situación familiar de una enfermedad terminal? ¿O de alguien que haya nacido con una situación especial? ¿Por qué crees que a esa gente buena le sucedan cosas malas? ¿Crees que merecen sufrir eso? ¿Tendrá su situación algún propósito? ¿Será esto voluntad de Dios? Es un tanto profundo, pero la respuesta puede ser que no, que quizá no es que Dios mande enfermedades a ciertas personas o que otras nazcan diferentes; sino que simplemente suceden porque nuestros cuerpos, como seres vivos, están expuestos a virus y bacterias, porque son sensibles. No sé, no tengo respuestas completamente satisfactorias, de hecho tengo más preguntas que respuestas, pero a quien ha experimentado el amor de Dios, de ese Padre bondadoso que todo nos da y nos perdona, puede también parecerle difícil creer que el Dios del Amor sea el mismo que mande cánceres o enfermedades congénitas a ciertas personas. Quizá hay cosas en nuestra naturaleza y en la misma creación de este mundo que suceden no porque así lo quiera el Señor, sino que simplemente suceden… Lo que si estoy seguro es que Él, a través también de la Iglesia, está ahí con el que sufre para ayudarle a darle sentido a ese dolor; también está ahí con el que ha nacido diferente y con su familia para que se sientan apoyados y reconfortados en Él. Está siempre ahí para que nuestra carga, sea ligera, muy pesada o muy dolorosa, sea siempre menos con Él.

Al final, lo más importante es que con su ayuda y la de nuestros seres queridos logremos cambiar nuestra pregunta de por qué nos ha sucedido tal cosa, por: ahora que me sucedió, ¿qué puedo hacer para sobrellevarlo?. Y en eso, nuestra fe y la obra de Dios, no tengo la menor duda que se harán presentes de una manera muy fuerte.

Bueno, creo que el asunto de la libertad que Dios nos regala es más complejo que lo que puedo explicarte y compartir en estas líneas...pero podemos seguir dialogando, de hecho en otra ocasión quisiera que habláramos un poco más en profundidad sobre el dolor. Por lo pronto recuerda también que en nuestra fe hay muchos misterios... y por eso Dios también nos regala la FE, pero no para que creamos sin base alguna, como bien lo sabes, sino que para que haciendo buen uso de nuestra libertad, usemos nuestra fe y seamos capaces de comprender mejor los designios divinos.

Paz
Abraham


 
 

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