Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Julio 2006

El caminar de quien fue la querida Hermana Magdalena

Un compartir de gente que trabajó muy cerca de quien vino obedientemente de México a entregar su corazón a los hispanos en Colorado

Por Erlinda Moscoso y la Hna. Rocío Maldonado

La Hermana Magdalena Contreras nació el 23 de mayo de 1955 en Paso de San Antonio, en San Luis Potosí, México. Sus padres fueron Honorio y Bernarda Contreras. Ella fue la mayor de siete hermanos : Pedro, Noel (quienes ya han fallecido), María Ascensión, Yolanda, María Guadalupe y José Osorio. En la medida que crecía quería ser monja pero al mismo tiempo se sentía llamada a permanecer con sus padres en la casa y terminar de estudiar.

En 1980 se graduó como economista de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y trabajó para el gobierno. Mientras que trabajaba y viajaba por la ciudad constantemente viajaba acompañada de sus padres o hermanos. Siempre le gustó estar con todos sus hermanos y especialmente con sus padres. La familia viajó a casi todas las ciudades de San Luis Potosí gracias a la insistencia de ella.

Cuando los hijos mayores comenzaron a trabajar, Magdalena decidió responder a su llamado y entrar al convento. Entró a formar parte de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada el 20 de julio de 1985.

Alrededor de 1989 fue enviada a Denver, Colorado, a trabajar con los Hispanos católicos de la arquidiócesis. Regresó a México en 1992 y se desempeñó como la administradora del Hospital Rougier en la Ciudad de México. Durante ese tiempo continuó sus estudios de Filosofía y Teología.

La Hna. Magdalena regresó a Denver para continuar su entrega a la comunidad hispana en el año 1996. Su trabajo consistió en visitar casas en donde reunía a gente a celebrar su fe; preparación de sacramentos; entrenamiento en la evangelización; celebraciones litúrgicas y religiosidad popular; retiros y formación de líderes. Su llamado central estuvo en trabajar con las Comunidades de Base. Pudo formar grupos en Boulder, Greeley, Lafayette, Hudson, Luchbuie, Fort Morgan y varias parroquias en Denver.

La gente que ha trabajado con ella en el pasado, hoy son sus amigos. Durante su estadía en el hospital la visitó mucha gente a la que ella sirvió. También la visitaron hombres que estuvieron muy cerca de perder a sus esposas, trabajos o familia, debido al vicio del alcoholismo y le dijeron que ella había estado siempre ahí para ayudarlos y ahora sus vidas daban un giro. La hermana tenía una manera muy especial de consolar a jóvenes problemáticos y uno de sus sueños fue tener un hogar para madres solteras.

Durante su tiempo en el hospital las enfermeras de guardia se encantaron con su manera de ser tan sencilla. Nunca se quejó y aceptó su destino con paciencia. Un enfermero le dijo un día “me ha robado el corazón”... cuando la hermana murió, él lloró por un largo tiempo. Algunas de las enfermeras en sus días libres iban a visitar a la Hna. Magdalena y se sentaban a conversar con ella. Mientras en el hospital la gente se refería a ella como una persona santa, amable, con deseos de ayudar y gran amiga, una amiga muy cercana la llamaba de manera muy querida “Gordita”.

La familia fue muy importante para Magdalena, cuando iba a México se daban reuniones familiares que estaban a la espera de ella. Una vez planeó llevar a uno de sus sobrinos al cine y el resto dijo que también quería ir. Al final terminó llenando el carro con todos sus sobrinos. Su lema fue “si prometes algo, estate seguro de cumplir esa promesa, o nadie de tomará en serio”.

Cuando la Hna. Magdalena estaba dando sus últimos respiros tuvo junto a ella a su madre, tres hermanas y un hermano. Mientras su madre entonaba cantos a la Virgen María para Magdalena, el ambiente estaba colmado de amor. El rosario fue rezado muchas veces por familiares y amigos.

Es duro pensar que la Hna. Magdalena ya partió. Todos creemos que está en un mejor lugar y que su sufrimiento ya se terminó. Sin embargo, la extrañaremos ver correr de actividad en actividad. Nunca la vimos paseando para terminar un trabajo... siempre la vimos corriendo. ¡Supones que está ahora corriendo de un lugar a otro en el cielo, ayudando a los ángeles y lossantos!

* Erlinda Moscoso y la Hna. Rocío Maldonado trabajan en el Centro San Juan Diego y conocieron muy de cerca a la Hna. Magdalena.


 
 
 

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