Cardenal Rodríguez un solo latir: “¡Ay de mí si no evangelizo, ay de mí si no evangelizo!”
Según el testimonio de muchos de los participantes, fue la mañana del sábado la que dejó hondas huellas en los corazones de los jóvenes, esto debido a las intensas palabras que les dirigió el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras y Presidente de la Conferencia Episcopal de ese país.
En su discurso, Cardenal Rodríguez hizo una crítica a las autoridades de Estados Unidos en relación al debate de inmigración que se está llevando a cabo en el Senado. Él señaló que “es triste ver que hoy con los Tratados de Libre Comercio se quiera abrir todas las fronteras a las mercaderías pero cerrarlas a los seres humanos. No olvidemos que detrás de los rostros de nuestros hermanos inmigrantes hay una historia escrita en mayúsculas pero a veces tratada en minúsculas, quienes inmigran a este país no han tenido nunca en mente la idea de quitarle el trabajo, la dignidad ni el sustento a otro, no son ladrones ni usurpadores, van en busca de ayuda, con buena fe, y sin malas intenciones por eso no pueden ser tratados como tales”.
Por otro lado hizo un llamado de atención a sus hermanos Obispos al decirles que “parece más atrayente a simple vista construir, administrar, predicar o celebrar que acompañar. Pero yo quiero hacer una propuesta. No discuto, ni minimizo el valor de la predicación y de la celebración, no podría hacerlo pero se requiere siempre el cara a cara de padre a hijo, el Cireneo que ayude a llevar la cruz, el experimentado que anima al otro a pasar por las fatigas del camino mostrando que sólo es un montículo lo que a otro le parece una montaña, por eso lo fundamental del servicio es y será poner en las manos del Señor a las personas que inmigran. Él es quien nos lleva en la palma de sus manos, por eso hay que aprender a mirarnos con los ojos de Dios. Él es quien nos cuida como la pupila de sus ojos”.
Otra de las cosas que resaltó Cardenal Rodríguez, fue el importante rol que los hispanos han tenido en el desarrollo y progreso de este país a lo largo de la historia, recalcando que lo más bello que se ha aportado a esta cultura es la santidad. Santidad callada, humilde, sencilla pero santa y eso es lo que debemos seguir aportando todos como hijos de Dios, “la santidad no es el privilegio de unos pocos es la llamada de todos y sólo a través de la santidad podemos transformar la sociedad” puntualizó.
La parte más intensa del mensaje de su Eminencia fue cuando, al hablar del ardor apostólico, mencionó el ritmo de los latidos del corazón de San Pablo diciendo el “¡Ay de mí si no evangelizo!” que quedará marcado para siempre en el recuerdo de todos. “Yo sostengo que estamos enfermos del corazón, hoy tenemos insuficiencia cardiaca misionera, ese es el problema, ¿cuántos de ustedes no han dormido porque no evangelizaron en el día? En cambio San Pablo no podía, con ese corazón que tenía dentro y por eso nunca se desanimó ante los peligros, él nunca tiró la toalla y ¿por qué?. Porque su corazón latía diciendo “Ay de mí si no evangelizo” y por esa razón fue el apóstol de los gentiles. Pidámosle al Señor una gracia, que nos ponga un marcapaso misionero que nos haga latir como el corazón de San Pablo” enfatizó finalmente.
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