Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Enero 2006

Un tiempo de compasión

Del 8 al 16 de Enero de 2006 celebramos
la Semana Nacional de Migración

Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap

En el marco de la Semana Nacional de Migración quisiera compartir con ustedes la historia de un buen amigo, Roberto.

Roberto es un joven que nació en Juarez, México. Tiene 17 años de edad, y se graduará de una escuela secundaria pública de Denver en la primavera. Excelente estudiante, algún día desearía ser médico. Trabaja muy duro. Se lleva muy bien con sus compañeros de la escuela y sus maestros. Tiene amigos de todas las razas.

Roberto tenía 3 años cuando sus padres cruzaron la frontera y entraron a los Estados Unidos. Sus padres llegaron sin papeles y vinieron con su familia. Sentaron raíces y educaron bien a Roberto. Como sus padres, él es indocumentado, pero habla inglés mejor que español. Está orgulloso de los valores de este país y siente, habla y vive como un americano.

De hecho, se identifica más como americano que como mexicano.
Desafortunadamente, algunos meses atrás, Roberto descubrió que por su estatus “ilegal”, no podrá asistir a una universidad. No tiene número de seguro social.

Roberto es una persona real. No hay nada imaginario o exagerado en relación a este dilema. Como Roberto otros muchos jóvenes indocumentados -y no sólo hispanos- ven frustrados sus sueños de contribuir con este país, a pesar de contar con talentos y energía.

Las actuales leyes norteamericanas de inmigración están encaminadas al fracaso. En la práctica, penalizamos a gente joven inocente por un acto ilegal cometido por otro, ante el que empresas y autoridades locales legales se hacen de la vista gorda. Se trata de alguien que usualmente está dispuesto a realizar los trabajos duros y despreciados, buscando nada más que una oportunidad para labrarse una vida mejor. Esto no tiene sentido. ¿No sería más productivo para la sociedad americana aceptar a estos jóvenes y darles una oportunidad de ser exitosos?
Bajo la legislación actual, un estudiante indocumentado es -en efecto- limitado a terminar sólo la secundaria. En la práctica, tiene pocas oportunidades para una mejor educación en los Estados Unidos, lo que es un equivalente a una carrera de sentencia de muerte. No interesa si es talentoso, ni virtuoso, ni con deseos de cambiar su vida.

Afortunadamente, dos iniciativas, una a nivel estatal y otra bajo discusión nacional, podrían abrir oportunidades para una vida mejor. En Colorado, un impulso por el “pago de matrícula estatal” permitiría a estudiantes indocumentados pagar la matrícula a residentes en el estado. Para muchos, eso podría poner el grado universitario alcanzable financieramente. Y a nivel nacional, el Dream Act permitiría a estudiantes que cuentan con los requisitos para obtener residencia legal, continuar con su educación y contribuir positivamente con la vida y la grandeza de este país.

Como católicos, necesitamos pensar seriamente sobre el costo humano del continuo debate sobre inmigración. Eso no significa que debemos ser sombríos o rechazar el gozo después de la gran celebración por el nacimiento de Cristo - exactamente lo contrario. Él nos amó tanto que nos envió a su Hijo. Ningún don puede ser más grande. Ahora, Él nos invita a profundizar en ese don compartiéndolo con otros. El cómo elegiremos eso, por su puesto, depende de cada uno. A mí, me parece obvio que todos preferimos a gente como Roberto entre nosotros - y en la escuela, creciendo y contribuyendo de acuerdo a sus talentos.

La reforma migratoria es tan compleja como urgente. Gente buena puede estar en desacuerdo legítimamente y tomar diferentes aproximaciones al asunto. Las preocupaciones de lanzarnos a abrir nuestras fronteras e ignorar la seguridad nacional no es la respuesta. Nadie razonablemente puede discutir eso. Tenemos que respetar y obedecer la ley. Pero también necesitamos leyes que sean sensibles, humanas y justas. El dilema de gente joven como Roberto no parece sensible, o humano, o justo.

Seguramente podemos encontrar medios para poder ayudar a gente joven como Roberto a poder tener una vida decente entre nosotros, y seguir protegiendo la seguridad de nuestro país que llamamos hogar y amamos. Ésta es una tarea que nos espera durante el 2006.

Empezando nuestras celebraciones este año, recordemos como la Sagrada Familia -teniendo a Jesús como el centro- recibieron a todos de diversos lugares en su sencillo hogar, desde pastores hasta sabios del Oriente ... Que Dios nos conceda a todos un año nuevo lleno de Su presencia.


 
 

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