Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Enero 2006

María, Madre de Dios y de la Iglesia

Por Jorge Luna

El primero de Enero de cada año la Iglesia celebra la Solemnidad de María, Madre de Dios. Este debe ser un hecho importante en nuestra vida cristiana. Querer empezar un nuevo año recordando a María debe ayudar a acercarnos más a aquella que es también Madre nuestra y mediante Ella acercarnos más al Señor Jesús.

María Madre de Dios

¿Cómo es que podemos llamar a María, Madre de Dios? Pues si Jesús es Dios y María es madre de Jesús, entonces María es Madre de Dios. María es Madre del Verbo encarnado, la segunda Persona de la Trinidad, engendrado milagrosamente en su vientre por obra del Espíritu Santo.

Cuando nosotros le damos ese título no nos referimos a que sea Madre de Dios Padre, sino que al estar totalmente unida a su Hijo, Dios verdadero de Dios verdadero, entonces Ella es Madre de Dios.
El título de Madre de Dios se atribuyó de manera explícita a María sólo después de una reflexión que duró alrededor de dos siglos. Son los cristianos del siglo II quienes, en Egipto, comienzan a invocar a María como Madre de Dios. Es de resaltar que la oración a María más antigua que se ha encontrado, conocida por el nombre de “Bajo tu amparo”, contiene la invocación: Theotokos que en griego significa “Madre de Dios”.

Como podemos apreciar, no fueron los estudiosos, los teólogos, los que empezaron usando este título, para referirse a la Virgen María, sino que fue fruto de la intuición de fe del pueblo cristiano. “Los que reconocen a Jesús como Dios se dirigen a María como Madre de Dios y esperan obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la vida”.

Fue en el 431, en el Concilio de Efeso, que se define el dogma de la maternidad divina, atribuyendo oficialmente a María el título de Theotokos, Madre de Dios, con referencia a que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

Así el Concilio Vaticano II recuperó esta fiesta que viene a ser la celebración más antigua de la Virgen en la Iglesia Romana. La solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primera fiesta Mariana que comenzó a celebrarse en la Iglesia Occidental. Comenzó en Roma hacia el siglo VI. Anteriormente se celebraba el 11 de octubre.
El título "Maria Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María y de él dependen todos los demás que ella tiene.

El reconocer a María, como Madre de Dios ha sido un elemento esencial en la fe de los fieles. Ella al haber aceptado la invitación de Dios a colaborar activamente en nuestra salvación se ha convertido en aquella que mejor puede interceder por nosotros ante su Hijo, por la íntima unión que vive con Él. Por eso juntos, millones de cristianos, a lo largo de la historia no nos cansamos de repetir: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores”.

Madre de la Iglesia

"Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo. "Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre." Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa". (Jn. 19,26-27)

Al llamar a María con las palabras “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, el Señor Jesús proclama su maternidad no sólo con respecto al Apóstol Juan, sino también con respecto a todo discípulo. Es por eso que podemos llamarla nuestra Madre.

También San Lucas al hablarnos de la presencia de María en el seno de la primera comunidad de Jerusalén, subraya la función maternal de María con respecto de la Iglesia naciente. Ya desde el principio María desempeña su papel de Madre de la Iglesia. Su presencia y su obrar permiten que los Apóstoles se comprendan mejor. Lucas los presenta compartiendo un mismo espíritu y muy lejanos de las disputas que a veces habían surgido entre ellos (Hech. 1, 14). En la primera comunidad el papel de María es de mucha importancia. Ella está presente personalmente en los primeros pasos de la obra comenzada por el Hijo.

El referirse a María como Madre de la Iglesia refleja la profunda convicción de los cristianos, desde muy temprano de que María no sólo es Madre de la persona de Cristo, sino también de los fieles.

Así, recogiendo este sentir, el papa Pablo VI había deseado que el mismo Concilio Vaticano II proclamase a “María, Madre de la Iglesia. Y finalmente lo hizo él mismo en el discurso de clausura de la tercera sesión conciliar (21 de noviembre de 1964) pidiendo además, que de ahora en adelante la Virgen sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título”.

Así, nuestra Madre María ejerce su papel de Madre orando por la Iglesia para obtenernos los dones del Espíritu Santo, y educándonos en la comunión constante con Dios. Empecemos pues este año acogiéndonos cariñosamente a los cuidados maternales de Nuestra Madre María, y pidámosle que nos ayude y nos eduque a ser cada vez más como su Hijo, el Señor Jesús.

Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios,
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

 

Texto de proclamación

(Pablo VI, Concilio Vaticano II. Discurso de clausura de la tercera sesión conciliar, 21 de noviembre de 1964).

"En verdad la realidad de la Iglesia no se agota en su estructura jerárquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenanzas jurídicas. Su esencia íntima, la principal fuente de su eficacia santificadora, ha de buscarse en su mística unión con Cristo; unión que no podemos pensarla separada de Aquella, que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan íntimamente unida a si para nuestra salvación.

Así ha de encuadrarse en la visión de la Iglesia la contemplación amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el conocimiento de la doctrina verdadera católica sobre María será siempre la llave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia.
La reflexión sobre estas estrechas relaciones de María con la Iglesia, tan claramente establecidas por la actual Constitución Conciliar (LG), nos permite creer que es este el momento mas solemne y mas apropiado para dar satisfacción a un voto que han dado todos los padres conciliares, pidiendo insistentemente una declaración explícita durante este Concilio de la función maternal que la Virgen ejerce sobre el pueblo cristiano.

Así pues, para GLORIA DE LA VIRGEN Y CONSUELO NUESTRO, ROCLAMAMOS A MARÍA SANTÍSIMA "MADRE DE LA IGLESIA", es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este GRATÍSIMO TITULO.

La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquel que, desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal, se constituyo en cabeza de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia.

María, pues, como MADRE DE CRISTO, ES TAMBIÉN, MADRE DE LA IGLESIA.

 



 
 

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