Unidad, colaboración y solidaridad
Valores cristianos que necesitamos vivir más que nunca
Por el Rev. Padre Jorge De los Santos
Inicio este artículo con un cuento que quiero compartirles:
“Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas que se convocaron para arreglar algunas diferencias.
El martillo ejerció la residencia; pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar... ¿la causa? ¡Hacía demasiado ruido y además se la pasaba todo el tiempo golpeando! El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que ¡siempre la daba muchas vueltas a las cosas! Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija; hizo ver que era ¡muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás! La lija estuvo de acuerdo a condición que fuera expulsado el metro; que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, ¡como si fuera el único perfecto! A vez el metro presento la queja contra el serrucho diciendo que ¡siempre era muy cortante en su trato!
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo: Utilizó toda su herramienta; el martillo, la lija, el metro, el serrucho, etc. Finalmente, la tosca madera inicial acabó convertida en un fino y lujoso mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, se reanudó la deliberación. Fue entonces que tomó la palabra la cola y les dijo: Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos; pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, eso es lo que nos hace valiosos. Así que ya no pensemos en nuestros puntos malos y ¡concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos! La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de alta calidad, orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
En estos tiempos difíciles en los que el tema migratorio nos tiene tan preocupados debemos fortalecernos a nosotros mismos con los valores de la unidad, de la colaboración y de la solidaridad. El fundamento de estos valores es la dignidad de la persona humana que muchas veces corre el peligro de ser maltratada y por ello nos lanzamos en su defensa para buscar el bien común como conjunto de condiciones sociales que hagan posible que cada persona y cada grupo social consiga su realización. Para ello es deber de todos cooperar al bien común.
Recordemos hermanos, ¡UNIDAD, COLABORACION Y SOLIDARIDAD! Como Hispanos que somos las necesitamos hoy más que nunca.
Quisiera concentrar mis palabras en la solidaridad: La palabra solidaridad proviene del sustantivo latín soliditas, que expresa la realidad homogénea de algo físicamente entero, unido, compacto, cuyas partes integrantes son de igual naturaleza. El cristianismo adoptó este término aplicado a la comunidad de todos los hombres, iguales todos por ser hijos de Dios, y vinculados estrechamente en sociedad. La entendemos pues como fraternidad de todos los hombres, una fraternidad que les impulsa a buscar el bien de todas las personas, por el hecho mismo de que todos son iguales en dignidad gracias a la realidad de la filiación divina.
La solidaridad no se trata de un mero sentimiento, por la triste condición de muchas personas, cercanas o lejanas. Es la determinación firme y permanente de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Por medio de la solidaridad nos mostramos unidos a otras personas o grupos, compartiendo sus intereses y sus necesidades. Somos interdependientes. Toda conducta humana tiene repercusiones, no solo cerca, sino también más allá. Toda tarea humana para un cristiano, así se realice en beneficio propio, debe pensarse también en función de los demás, del bien común. La solidaridad es la negación del egoísmo personal y colectivo. Participación es la clave para mandar adelante todas las buenas iniciativas que surjan desde lo alto o desde la base.
En nuestra formación religiosa conviene destacar la importancia de la virtud social de la solidaridad. Es un valor que hunde sus raíces en la comunión de origen del género humano, por la que forma una unidad, de donde surge la ley de la solidaridad y de la caridad que, sin excluir la rica variedad de personas, culturas y pueblos, nos asegura que todos los hombres somos hermanos con nuestros derechos y obligaciones, esta es nuestra conciencia como cristianos. Nuestra fe nos dice que es precisamente en los tiempos difíciles e inciertos cuando más necesitamos de la colaboración, de la unidad y de la solidaridad para fortalecernos los unos a los otros.
Esto nos debe llevar a la justicia que como virtud moral consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia con los hombres impone el respeto por los derechos de cada uno y el establecimiento de la armonía en las relaciones humanas, la equidad, en aras de lograr el bien común.
Trabajemos unidos, seamos un equipo, seamos más fuertes para construir en el bien y para abogar por nuestros derechos.
* El Padre De los Santos es Vicario General del Ministerio Hispano |