Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Febrero 2006

Cuando el camino se vuelve angosto

Por Angélica García (Tati)*

Cuántos de nosotros hemos escuchado decir alguna vez: “caminar junto al Señor no es fácil”. Hoy quiero contarte mis primeros pasos junto a Él. Y al decir pasos, lo hago literalmente porque son los pasos los que se cuentan sobre el camino. Y los míos, aunque han sido cortos, no han sido menos cansados y me han permitido comprobar que en realidad su camino no es fácil de seguir.

Hace ya 16 años,  El Señor Obispo de la Diócesis de Pueblo, Monseñor Arturo Tafoya, inauguró una hermosa tradición: “La Caminata por las Vocaciones”. En un recorrido de 16 millas que parten de Fort Garland y que se extienden por las Estaciones del Vía Crucis, en el Santuario de Todos los Santos, para después coronar la caminata con la celebración de la Santa Misa en el templo de la Parroquia de Sangre de Cristo, en San Luis Valley, ubicado al sur de Colorado.

La Caminata por las Vocaciones ha marcado mi vida de muchas maneras, y el pasado 8 de octubre la emprendí por cuarta ocasión. Fue en esta peregrinación que encontré cosas que nunca imaginé encontrar. Han sido varias las razones por las cuales esta tradición se ha vuelto parte importante de mi vida; entre ellas, la de entender la falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, y más aún, la necesidad de pedir por aquellos que han elegido caminar junto a Dios en estas vocaciones.
Todos, sin importar el aspecto religioso o social que le demos, buscamos un sentido específico a nuestras vidas. Yo le llamo vocación. De una u otra manera, uno de los grandes dilemas de mi vida, es entender ¿cuál es la gran misión que Dios tiene para mí?, y ¿dónde se relaciona esta peregrinación  con el continuo caminar del tiempo?  y al final el de encontrarme con esa respuesta tan buscada. ¿Cuál es mi vocación?
Nunca había tenido un encuentro cercano con Jesús, pero ya me interesaba conocer a ese hombre que le daba sentido a mis pasitos. 

Comenzar a caminar, creo que me costó un poco más de trabajo –así son las cosas de Dios- me repetía constantemente y mis pasos seguían firmes y alegres.

En ese recorrido conocí muchas personas, con grandes historias. Nunca olvidaré ese gesto del Señor Obispo cuando se detenía y nos pedía esperar a la gente que se quedaba al final, –Caminemos juntos- nos decía a cada rato. La imagen del pastor, apurando a las ovejas que van lento y alentando a las que van muy rápido.  Una gran lección para los que emprendemos el camino con Dios: ¡Caminar siempre juntos!
Al compartir momentos con los seminaristas, los retos que enfrentan día a día, dejando atrás costumbres, idioma -mencionando el gran nudo en la garganta que se les hace al hablar de sus familias tan lejanas físicamente de ellos- nació en mí una gran admiración por estas personas que lo dejan todo por servir a Dios plenamente.

La experiencia “única” poco a poco se iba convirtiendo en más cortos y cada vez más cansados pasos, el camino se empezaba a ver más angosto, y de vez en cuando nos faltaban las fuerzas. –El camino de Dios no es fácil pero hay que caminarlo- esto me repetía como a las dos de la tarde. De vez en cuando me amenazaban las ganas de rendirme y no seguir más. Cuántas veces me he sentido así en la vida, en la Iglesia, en mi trabajo, así, tal cual me sentía  a las dos de la tarde en la caminata de San Luis.

Por fin llegamos al cerro donde está el santuario de “Todos los Santos” justo donde comienzan las estaciones del Vía Crucis, mismas que subiríamos sin dejar de cantar, de repetir las oraciones en voz alta acompañando a Jesús en el camino al Calvario con nuestro cansancio externo, pero con nuestro ánimo interior encendido, y así hasta llegar al Jesús resucitado.
Para mí, este fue el momento más significativo de la peregrinación. Entender que Jesús nos acompaña a través de cada paso que damos en la vida. Dándome cuenta de que sin duda viviré momentos felices sin olvidar que tengo que enfrentar dificultades, y así entender sus propósitos. Entender que todo lo que tengo viene de Él, y que todo lo que soy, lo soy también por Él.

Mi vida, como la tuya, seguramente está llena de momentos de “las 2 de la tarde en San Luis” y tal vez lo más fácil  es aceptar que en todas partes, en la casa, en el trabajo, en la escuela, en las comunidades, en la parroquia; existen esos breves instantes en que se nos haría más fácil dejar de caminar. Cuando a ti te toquen esos momentos: ¡No te rindas! ¡Sigue adelante! Y si tus pasos son cortos y cansados, mejor aún, ya que es ahí, en esas dificultades, en los grandes pequeños sacrificios, en donde encontraras el sentido de tu vida. Yo encontré a mi mejor amigo, y la respuesta de lo que buscaba…¡Allá, en el Valle, cuando el camino se hace angosto, ahí encontré a Jesús resucitado! Ahí encontré al Amado….

*Tati como la conocen sus amigos fue coordinadora del grupo de jóvenes de la Parroquia Nuestra Sra. de Guadalupe por dos años, actualmente es encargada de un grupo de adolescentes de esa parroquia.

 
 
 

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