“No lo habéis elegido vosotros a Él, sino que Él os ha elegido a vosotros”, Jn. 15,16
¿Crisis de vocaciones o crisis de respuesta?
Por Lara Montoya
Según el último Censo realizado en el año 2000, la población hispana en Colorado es de más de 700 mil habitantes del cual un 70% es católico. Es decir, existen aproximadamente 500 mil hispanos en la Arquidiócesis de Denver. Con el número elevado y creciente de la población hispana también crecen las necesidades de la misma. De acuerdo a las investigaciones, el primer lugar donde los hispanos acuden al llegar por primera vez a tierras estadounidenses es a la Iglesia, buscando allí apoyo y consuelo. Consciente de esta realidad, la Arquidiócesis de Denver ha venido trabajando arduamente para poder atender estas necesidades, el Ministerio Hispano ahora cuenta con más personal, los seminaristas se están preparando para poder atender las necesidades de los hispanos y los ministerios en español cada vez son más grandes, hay cada vez más parroquias en el norte de Colorado que tienen pastoral en español.
Sin embargo, según el Padre Jorge De los Santos, Vicario del Ministerio Hispano, las necesidades sobrepasan los esfuerzos de la pastoral. Los hispanos necesitan sobre todo la administración de sacramentos y los únicos que tienen la facultad de ofrecerlos son los sacerdotes.
Las instituciones de la Iglesia están haciendo lo que pueden, sin embargo, también está la falta de respuesta de muchos jóvenes que al escuchar la voz del Señor a dejarlo todo y seguirlo... no le responden...
Necesidad de hablar sobre la vocación
El Padre De los Santos al hablar de la importancia de tocar el tema de la vocación en los grupos juveniles y en la familia señaló que “creo firmemente que Dios cuando nos creó, lo hizo con un propósito, no nos puso para que camináramos a la deriva. Él tiene un plan para nosotros, entonces una de las tareas que el ser humano tiene en esta vida es descubrir ese plan que tiene Dios para cada uno. En eso consistirá la realización de su vida, ahí está la importancia de conocer cuál es su vocación. Alcanzar la verdadera felicidad depende mucho de la realización del plan que Dios tiene para cada uno. Y puede que se encuentre con su vocación al matrimonio o a la vida consagrada, el punto es que las personas encuentren ese plan y realicen en su vida la vocación que Dios les ha regalado”.
Y es que el tema de la vocación, no se refiere solamente a la vocación a la vida consagrada, hablar de la vocación es hablar del Plan particular que Dios tiene para cada uno.
Muchos jóvenes no se hacen esta pregunta, algunos porque dan por sobreentendido que la siguiente etapa de sus vidas es el matrimonio. Otros experimentan mucho miedo al preguntarse por el sentido de sus vidas, tal vez porque temen encontrarse con el llamado de Dios. A ellos, el Papa Juan Pablo II los alentaba con estas palabras, “si alguno de vosotros, queridos jóvenes, siente en sí la llamada del Señor a darse totalmente a Él para amarlo “con corazón indiviso” (ver 1 Co 7,34), que no se deje paralizar por la duda o el miedo. Que pronuncie con valentía su propio “sí” sin reservas, fiándose de Él que es fiel en todas sus promesas. ¿No ha prometido, al que lo ha dejado todo por Él, aquí el ciento por uno y después la vida eterna? (ver Mc 10,29-30)”.
Crisis sí, pero de respuesta al llamado...
En el Seminario Arquidiócesano San Juan Maria Vianney de Denver hay actualmente 26 seminaristas hispanos o con raíces hispanas. Número bastante más alto al de hace unos cinco años... Sin embargo, son más de 500 mil hispanos en el norte de Colorado a los que hay que servir. El reto se presenta muy grande.
Un pensador latinoamericano comentaba hace algunos años que “el problema de la falta de sacerdotes es un hecho, su causa es la falta de respuesta a la vocación sacerdotal. Por eso es bueno señalar que no hay una crisis vocacional, sino más bien crisis de respuesta. Dios sigue llamando, pero las personas son más reacias a oír su llamado y a responder. La explicación a esta crisis de respuesta es compleja. Hay muchos que desconocen lo que es la vocación. Se podrían señalar varias causas. Una de las primeras que viene a la mente es el secularismo. También el agnosticismo funcional, es decir el divorcio entre fe y vida. A ello se suman otros fenómenos como el subjetivismo, el miedo a la presión que pueda ejercer el entorno de quien percibe el llamado, y así otras razones”.
La sociedad de hoy se convierte en un gran obstáculo para responder al llamado de Dios. Sin embargo, no es el único obstáculo que tienen que enfrentar los jóvenes que sienten el llamado de Dios, la presión de los amigos y sobre todo la oposición de la familia a la vocación sacerdotal es una de las mayores tensiones que un joven atraviesa.
Un hijo sacerdote es una bendición... ¿así lo crees?
Los padres sienten miedo de “perder” a sus hijos para siempre, y esa reacción en cierto sentido es natural, sin embargo el testimonio de muchos padres que tienen hijos sacerdotes confirman que el llamado de Dios es una bendición para toda la familia.
El Pueblo Católico conversó con María Socorro Márquez. Ella es madre del Padre Humberto Márquez y nos compartió su experiencia de ser madre de un sacerdote.
“Cuando mi hijo me dijo que iba a entrar al seminario me sorprendí mucho, porque era un muchachito muy amiguero, le gustaban las fiestas y jamás hubiera pensado que un día fuera a decirnos eso, no lo acepté al momento. Cuando el se fue de la casa fue muy duro y hasta ahora es difícil aceptar que no lo voy a tener cerca de mí, que no está con su familia. Pero comparado con las bendiciones que Dios nos da al haberlo escogido, esa renuncia vale la pena. Pues con el tiempo me di cuenta que era lo que él quería y me convencí que realmente el Señor Jesús lo había llamado.
“Ahora mi hijo es sacerdote y cuando estamos en una misa que él celebra yo me siento muy orgullosa y contenta y no me canso de dar gracias a Dios. No puedo olvidarme del día de su ordenación, eran tantas emociones juntas las que sentía que mi hijo el mayor me dijo, ‘mamá, yo pienso que le va a estallar el corazón de tanto gozo’.
La Sra. Márquez también quiso dirigir unas palabras a las madres de aquellos seminaristas que algún día serán ordenados sacerdotes.
Acepten con mucho gusto, porque la alegría de tener un hijo sacerdote es un regalo que Dios no da a todas las madres. Y al hijo que siente el llamado, que lo acepte rapidito, que no dude porque se siente uno bien bendecido por el amor de Dios y somos muy pocas las personas a las que nos toca vivir esto”.
Ciertamente el apoyo de la familia es muy importante para el joven que siente el llamado de Dios, pero también es necesario un trabajo pastoral conjunto. El pensador latinoamericano continúa diciendo... “para procurar responder a esta situación se requiere un esfuerzo pastoral que le recuerde a los cristianos qué es la vocación, que se trata de un llamado de Dios y no una elección de preferencias como si se tratara de una carrera universitaria. Tras este paso es fundamental ayudar a que los católicos se sensibilicen ante lo que significa el llamado que Dios hace a personas para que sigan el camino del sacerdocio. La oración por las vocaciones tiene para el creyente un lugar de suma importancia, especialmente ante el Santísimo ... Los padres y madres de familia deberían profundizar en la gracia que significa que Dios llame a uno de sus hijos al sacerdocio. Lo deberían respetar en su discernimiento, acompañar en su camino y apoyar con todo cariño si resulta que Dios lo llama al sacerdocio. Es muy importante este apoyo familiar”.
Seminaristas hispanos de Denver
Diácono Héctor Chiapa Villarreal: “De un modo o de otro siempre he buscado la felicidad. Un día en una Misa de Domingo, el Obispo citó a San Agustín y dijo: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti. Tenía 15 años y esas palabras se convirtieron en los primeros pasos de un camino indescriptible que me ha llevado al sacerdocio. Hoy sé que la felicidad es vivir en Cristo, que me llama a ser su discípulo”.
Diácono Luis Escandón Farrera: “Descubrí mi vocación muy pequeño cuando estudiaba con los salesianos, en la Misa de todos los lunes dedicada a Nuestra Señora del Refugio. Creo que en parte mi vocación siempre ha sido muy mariana porque en los momentos más importantes Ella ha estado conmigo”.
Miguel Angel Enriquez: “Yo no tenía conocimiento sobre qué era la vocación. Tenía 13 ó 14 años cuando me sentí atraído al sacerdocio. Me ayudó mucho el testimonio de mi párroco que me hablaba del amor de Dios con obras más que con palabras. Experimenté alegría al descubrir mi vocación y en este tiempo he aprendido a confiar en Dios. La Vocación para mí ha implicado aventurarse en un camino en donde hay muchas cosas desconocidas. Todavía me sigo asombrando de cómo Dios, de una manera muy particular, lleva sus caminos para cada uno de nosotros. ¡La vocación es un misterio y una aventura muy hermosa!”
Gerónimo González Muñoz: “Desde que era un niño he tenido una gran inquietud y atracción hacia la Misa y el sacerdocio. Siento que desde esa edad el Señor ya me había escogido y llamado. Fue por su mano divina, y las circunstancias de la vida, que ahora estoy aquí en la Archidiócesis de Denver como seminarista. Le doy gracias a Dios y le pido fuerzas para cumplir su voluntad”.
Alberto Alejandre Lara: “Al principio estaba muy nervioso pero contento, entrar al Seminario fue una gran alegría para mí. Yo soy muy feliz en el seminario y sé que aquí es justamente donde el Señor quiere que esté. Nunca me he arrepentido de haber entrado al seminario y le doy gracias a Dios por bendecirme con esta vocación”.
Mauricio Bermúdez Hernández: “A pesar de haber asistido a colegios católicos yo no pensé en el sacerdocio hasta que entre a la preparatoria. Poco a poco fui descubriendo que el Señor me llamaba y que quería consagrarle mi vida para siempre. Mi vocación me llena de paz y felicidad; seguir el llamado es lo mejor que he podido hacer en mi vida”. |