“…y a los tres días germinó…”
Por Luis Soto
Hace ya casi 15 años viví un momento simple que cambió mi vida para siempre. Mi mejor amigo tenía inquietud sacerdotal y había aceptado ir a Guadalajara, México (nosotros vivíamos en el norte de México) a un retiro vocacional durante la Semana Santa. Se acercó a mí y me dijo que lo acompañara, no quería ir solo. La semana después de Semana Santa podíamos quedarnos en Guadalajara para conocer la ciudad en casa de unos familiares suyos. Yo tenía otros planes para Semana Santa, pero decidí acompañarlo. Al llegar a la casa de retiro, el sacerdote que lo dirigía había dispuesto una mesa llena de libros y nos pidió que eligiéramos uno para leer durante la semana. Yo no estaba allí para discernir mi vocación, eso parecía estar claro, así que me dirigí hacia el libro que parecía más sencillo de todos, su titulo: “Jesucristo me dejó inquieto”, escrito por un sacerdote muy famoso en aquellos tiempo, el P. Zezinho.
Lo comencé a leer con cierta curiosidad, nada verdaderamente nuevo encontraba en él. Los días pasaron y llegó el sábado, ese día teníamos que pasar uno a uno a hablar con el sacerdote encargado del retiro a decirle si habíamos decidido algo durante el retiro. Nos pasó por orden alfabético y como mi apellido comienza con la letra “s”, resulté ser uno de los últimos. Mientras los demás pasaban, decidí terminar mi libro y llegué a uno de los últimos capítulos. No recuerdo las palabras exactas de lo que decía, pero si recuerdo que decía algo como lo siguiente:
“Muchas veces me he preguntado por qué me cuesta tanto decidir entregar mi vida totalmente al Señor, ¿No sería más fácil poder vivir tu vida cristiana sin ningún esfuerzo, como algo natural? Muchas otras me he preguntado, ¿Por qué Jesús tuvo que morir para después resucitar? ¿No hubiese sido más fácil permanecer vivo con nosotros?
Nunca he podido responderme, sólo sé que planté una semilla en el patio de mi casa, y tres días después, germinó…”
Muy simple, pero muy profundo. En la vida hay muchas decisiones que demandan de nosotros entrega, renuncia, sufrimiento. Vivimos en una sociedad que grita y proclama una doctrina de la satisfacción inmediata. ¡No espere más, ahora mismo se sentirá cómodo, encontrará el placer que necesita, vive todo para hoy y no pienses en nada más! ¿Para qué esforzarse hoy en pos de una felicidad futura? Mejor disfruta hoy tu vida, tu juventud, no pienses si dañas a alguien o no; ¿Tiene hambre? en 30 minutos se la quitamos; ¿Tiene frío? Sólo apriete ese botón; ¿Para qué esperar al matrimonio para tener relaciones sexuales eso es un sacrificio, mejor hacerlo todo ahora, mañana no sabemos?
Y nos encontramos a tantas y tantas personas simplemente buscando estar bien. Con poco ánimo de esforzarse, con pocas ganas de renunciar, de morir para vivir. Especialmente los jóvenes se ven atraídos por esa filosofía. Y como católicos, ¿Cómo proclamar un mundo por venir, que requiere compromiso, esfuerzo, dedicación, renuncia hoy? ¿Para qué proclamar un reino futuro, si ahora mismo “podemos tenerlo todo”? Matamos la esperanza, matamos la promesa del Señor, matamos la fe y dejamos de luchar.
La vida del cristiano es vivir la cruz de Cristo. “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mt 16,24). Hermanos católicos, no es fácil seguir al Señor y nadie nunca ha dicho que lo sea. Requiere entrega personal, total y definitiva, ya sea como hijo, padre, esposo, sacerdote, religiosa, etc; cualquiera que sea tu estado de vida, estás llamado a entregar tu vida, sin medida y sin reservas al Señor Jesús. Él no se deja ganar en generosidad.
Y renunciamos y nos entregamos al Señor en cosas muy sencillas. Cada vez que te levantas a trabajar porque es tu responsabilidad; cada vez que dices no a otra copa más porque debes manejar o simplemente porque no está bien; cada vez que renuncio a mi propio punto de vista para llegar a la solución de un problema con mi esposa o esposo; cada vez que decido vivir un retiro de fin de semana en lugar de pasarme un fin de semana con mis amigos; cada vez que decido ir a Misa a pesar que hay un juego de fútbol que me interesa; y en infinidad de situaciones más.
Haz la prueba y recogerás lo que sembraste, verás crecer la flor de tu vida y, sobre todo, tendrás la recompensa de Dios para aquellos que se entregan a Él, y vivirás en un mundo que es mucho mejor que éste y donde vale la pena vivir. Por que creo en Cristo, te lo aseguro. En palabras corporativas de los Estados Unidos: “Seguir a Jesucristo es un trabajo que ofrece un mal salario, muchas horas extras y no pagadas, gran esfuerzo y dedicación, pero el plan de retiro sobrepasa este mundo”.
Luis Soto es Director del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver.
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