Vivir lo que uno ama
Hay que permanecer con una actitud de escucha para saber lo que Dios quiere de nosotros
Por Fernando Aguirre
Una de las mayores alegrías que el ser humano tiene, es sin duda el vivir lo que ama. Desafortunadamente no podemos decir hoy en día que es lo que la mayoría de la gente hace.
Hay muchas personas que viven insatisfechas por lo que hacen, por lo que tienen, por como viven, etc., viven peleados con la felicidad porque tal vez creen que ya no hay nada que hacer. Lo cierto es que pocos son los que viven contentos con su vida, el mecánico quiere ser doctor, el albañil quiere ser deportista, el carpintero arquitecto, etc. Yo creo que nunca es tarde, y que es bueno replantearse ¿qué es lo que estoy haciendo?, ¿qué es lo que quiero?, ¿a dónde voy?, ¿para qué y para quién vivo?, y es aquí donde entramos en materia y tocamos un tema muy importante: la vocación.
Vivimos sin pensar en ello o creemos que la vocación está hecha para los sacerdotes, cuando en verdad no es así. Dios ha puesto en cada uno de nosotros una vocación, para comprender que es una vocación, debemos saber que significa: vocación significa llamado. El primer llamado o la primera vocación a la que Dios nos invita es la vida cristiana. Debemos vivir la vida con alegría, con amor, asombrados de todo lo que ella nos ofrece y de lo generosa que es.
En la vida misma podemos encontrar otras vocaciones específicas. Alguien dijo una vez que la mejoría de nuestra sociedad no es la repartición de riquezas, sino la repartición de vocaciones, es decir, si cada quien hace lo que le toca hacer, el mundo sería distinto. Todos somos llamados a realizar una tarea muy concreta, todas igual de importantes. Por ese joven cuando escuches que “Dios te está llamando”, no creas que es sólo es un juego porque son palabras verdaderas y muy serias a la vez. No te asombres de que Dios te llama, mas bien reflexiona que respuesta vas a dar y si realmente estás preparado para responder a Dios.
Para descubrir nuestra vocación tenemos que indagar en lo profundo de nuestro ser y pedir a Dios con mucha fe que nos guíe en esta búsqueda ya que por decisiones equivocadas podemos malgastar los dones que Dios nos ha dado.
No hay mayor tesoro que el de aquel que descubre su vocación, quien encuentra su llamado. Se debe tener coraje, lucha, entrega, pasión por lo que uno ama y es aquí donde desemboca la vocación, en el amor. Como lo dice Santa Teresa de Jesús “mi vocación es el amor”, este debe ser el himno de la juventud porque en el amor todo se puede y no hay límites.
No tengan miedo de descubrir su vocación, hasta ahora no se ha dicho que sea fácil pero sí lo mejor para nuestras vidas. Démosle un sentido más profundo al hecho de vivir, todo en la vida es una vocación, desde el matrimonio, el sacerdocio, el empleo, la amistad, la carrera profesional, la fe, etc. Vivamos agradecidos por las opciones y oportunidades que Dios nos da para ser felices.
En nuestra libertad encontraremos la decisión, pero recuerda que un oído sucio no puede escuchar bien. Escucha la voz de Dios, Él es quien te regala tu vocación.
Fernando Aguirre pertenece al grupo de jóvenes de la Parroquia Reina de la Paz.
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