De tu vocación, el amor y tus papás
Por Abraham Morales
Como seres humanos nuestro primer llamado o vocación es el amor. Fuimos creados para ser felices, y para lograr esa felicidad necesitamos dar y recibir amor, ese es el motor que mueve nuestra vida, nuestra capacidad de ser felices.
En la adolescencia y la juventud es cuando comenzamos a darnos cuenta que esa felicidad a la que estamos llamados a buscar, encontrar y vivir, se da de una manera concreta a través de un llamado especial que Dios nos hace, esa es tu propia vocación. En otras palabras, Dios nos ha llamado a todos a vivir en el amor, pero a cada uno nos ha dado una manera distinta de vivir ese amor. A algunos los llama a vivir una vocación del amor en el matrimonio, a otros una vocación del amor al sacerdocio y a otro una vocación del amor en la vida consagrada. Esas son las maneras por las cuales Dios te llama a vivir el llamado del amor a través de una opción de vida, las conocemos como las vocaciones específicas. Yo sé, ninguna es fácil de decidir, ni siquiera el matrimonio, que es la vocación que más gente elige, pero a lo mejor la que menos vive como verdadera vocación.
Nuestra vida, amigo mío, está llena de opciones, desde muy pequeños aprendemos a escoger u optar por una u otra cosa, siempre necesitamos escoger algo, desde cómo vestirnos cada mañana, que carrera estudiar, a la novia o novio, etc. Muchas cosas son por opción propia, y a veces nos equivocamos y pues así aprendemos de nuestros errores. Sin embargo, en tu vocación o llamado a vivir plenamente tu vida como cristiano, nunca estas sólo al momento de elegir. Dios nos habla a través de muchas maneras y nos va mostrando el camino a seguir. Que a veces no lo queramos ver es otra cosa, porque nos tapamos los ojos con comodidades o egoísmos, pero el hecho es que Dios llama todos los días a los que Él quiere para cada vocación especifica.
De cada estilo de vida podemos hablar mucho, el propio matrimonio, la vocación más
"común" requiere de su propio espacio, pero hoy hablamos de las vocaciones en general, como te digo, como la opción que todos los bautizado tenemos que hacer en un momento determinado de nuestra vida. Y ese momento es durante nuestra juventud. Por eso la importancia de que hoy mismo te hagas estas preguntas: ¿A que me está llamando Dios a mí? ¿Cómo quiere el Señor que me realice como persona, como cristiano y sea feliz? ¿Cuál es mi vocación?
La mayoría damos por hecho que nos casaremos y viviremos felices por siempre como en cuento de hadas. Pero no todos estamos llamados al matrimonio, y no todos los que se casan lo hacen porque esa sea su vocación, sino que a veces escogen el matrimonio sin haberle nunca preguntado al Señor si ese era su verdadero llamado.
Muchos hombres y mujeres son llamados a la vida consagrada pero niegan ese llamado por toda su vida y toman otras opciones, pero no son del todo felices ¿Será esta la situación de alguien que tu conozcas o la tuya propia?
La vocación es parte del Misterio de Dios. Él escoge a quien quiere para que guíe a su pueblo como sacerdotes y obispos, Él también escoge a matrimonios que funden sólidas semillas en sus familias para la construcción de un mundo mejor desde sus raíces; y es Él mismo llama a personas a que sean felices y hagan felices a los demás como solteros colaborando de maneras muy particulares, ni como padrecitos, religiosas, ni casados. A lo que voy es que cada vocación es importante y colabora de manera única y complementaria a las otras, en esa vivencia del amor de Dios. Que es al final de cuentas a lo que hemos sido llamados desde nuestra creación, a compartir junto a Él y junto a los demás, su amor.
Y sin importar si ahorita tienes 16, 18, 24 ó 30 años es tiempo de que si nunca lo has hecho que le preguntes al Señor cual es tu vocación. ¿De manera has sido llama a vivir tu propio llamado al amor de Dios? ¿Cuál es tu vocación? Y señora, señor, si su hijo o hija le dice que tiene la inquietud de ser sacerdote o religiosa, sean ustedes los primeros en alegrarse y ayudarles a encontrar su vocación. Ni usted y nadie es dueño de sus vidas (sólo Dios) para prohibirles seguir el llamado que Dios les hace, a ser felices viviendo el amor de Dios en su vocación específica.
Paz
Abraham
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