¿Están los avances científicos al servicio del hombre?
La controversia de los “Diagnósticos y procedimientos prenatales”
Por el Dr. Luis E. Raez
Con el adelanto de la medicina vemos con alegría e interés como ahora se pueden realizar diversos procedimientos quirúrgicos aun cuando el bebé está en el útero materno con el fin de salvarle la vida. Uno de los mejores ejemplos son las intervenciones en casos de enfermedades cardiacas que normalmente años atrás por ser incurables hubieran causado la muerte del bebé antes de nacer o hubieran dejado secuelas permanentes. Sin embargo, al mismo tiempo vemos cómo el avance de la ciencia sin una dirección moral o ética origina problemas morales nuevos muy serios.
Es común hoy en día hacer pruebas en la sangre para “detectar” enfermedades genéticas como el Síndrome de Down (retardo mental). Pero, como estas pruebas no son exactas se debe pasar por dos estudios “invasivos”: amminocentesis (extraer liquido del saco gestacional con agujas) o hacer biopsias de la membrana coriónica (placenta). Usualmente se hacen estos estudios en el segundo trimestre del embarazo (alrededor de los cuatro meses, ó 14-16 semanas), y de encontrarse un cromosoma que predisponga al Síndrome de Down (retardo mental) o rasgos con los cuales el bebé desarrollará una enfermedad genética (sin que ésta tenga que ser grave o mortal), se ofrece a la madre la posibilidad del aborto por considerarlo «no deseado».
Muchas parejas desconocen los riesgos a los que someten a sus niños cuando realizan estos procedimientos. Porque en su afán de prevenir un niño malformado, ponen en juego la vida de sus bebés. Muchos de estos procedimientos podrían originar complicaciones graves como la inducción de un aborto espontáneo.
Existen numerosos artículos científicos sobre el tema, pero sólo voy citar tres que nos pueden dar una idea de la situación presente. En un artículo publicado recientemente en una revista de perinatología se comprobaba que el riesgo de muerte del bebé durante estos procedimientos es de 1/200 (Evans MI. Semin Perinatol. Agosto 2005; 29(4):215-8). En un seminario organizado por la rama de Perinatología del Instituto Nacional de Salud (NIH) de EEUU, se consideró que ahora se pueden diagnosticar con certeza el 85% de niños con Síndrome de Down en el primer trimestre y se sugiere la posibilidad de pasar los procedimientos de diagnósticos del segundo al primer trimestre (Reddy UM. Obstet Gynecol. 2006 Jan; 107(1):167-73). Finalmente, existen nuevas tecnologías como el uso del ultrasonido para detectar mejor el líquido amniótico que podría reducir la tasa de muerte de 0.6% entre los bebés que son sometidos a estos procedimientos (Seeds JW. Am J Obstet Gynecol. 2004 Aug; 191(2):607-15).
Ante estos estudios, nos preguntamos ¿cuál es la necesidad de hacer los procedimientos?, la respuesta que nos dan muchos padres es “obvia” para ellos: ¡para saber si vamos a tener un niño malformado o con retardo mental!; pero ¿acaso esa lógica justifica el hecho que sólo para “saber” si el niño es normal o no se le exponga a peligros que pueden incluso causarle la muerte?’ las tasas de muerte parecen bajas en estos estudios pero si recordamos que son miles de padres de familia que diariamente pasan por esos procedimientos podemos entender que el número de complicaciones médicas y el número de niños afectados es grande.
Lamentablemente, el razonamiento seguido es “correcto” para mucha gente ya que el “saber” que su hijo tendrá malformaciones originará que se tome la decisión de abortarlo y no dejarlo nacer. Por otro lado, si existen padres que aún sabiendo que sus hijos podrían tener alguna enfermedad o malformación no lo abortarán... ¿ para que pasar por estos procedimientos?
El punto es más complicado todavía, ya que no sólo entra en discusión el aborto sino la manipulación de embriones humanos y la promoción de la eugenesia.
La eugenesia selecciona individuos con criterios bastante relativos, de acuerdo al tiempo y espacio histórico en que se viva. Así recordemos cómo en la Alemania nazi se promovía la raza aria como superior a la judía, y actualmente en China los padres pueden decidir abortar una hija mujer para obtener después el bebé varón porque solamente se les permite tener un hijo.
Hoy en día, gracias a los estudios prenatales mencionados estamos decidiendo quien merece nacer y quien no.
Es muy crítico también lo que hoy en día sucede en Estados Unidos. Para concebir niños se recurre a espermas de donantes anónimos y las agencias que negocian esto promocionan a los donantes como gente muy brillante, inteligente, deportistas famosos; asimismo, aseguran que se les ha chequeado para todas las enfermedades genéticas y hay cierta garantía de que el bebé no nacerá malformado o al menos con enfermedades conocidas. Esto, no es totalmente correcto, pues existen muy pocas enfermedades que se pueden prevenir con el estudio de los cromosomas.
Además no se trata necesariamente de la época del embarazo donde se descubre al bebé enfermo y probablemente lo maten, sino que durante la niñez y adolescencia el nuevo ser estará expuesto a peligros que no se pueden controlar o prevenir.
Otra enfermedad muy común en Estados Unidos es el autismo y aún no existe forma de prevenir o predecir si un niño será autista o no cuando nazca, incluso a veces hay que esperar un año ó más para ver las manifestaciones de esta enfermedad.
Otro ejemplo claro de manipulación de embriones es para decidir el sexo de los hijos. En la actualidad existen dos técnicas que se ofrecen en Estados Unidos de manera comercial para los padres que quieren escoger el sexo de los hijos: «Preimplantation Genetic Diagnosis» (PGD) (Kopaczynski G. Ethics & Medics, Vol 27, No 5, May 2002) y «Microsort». Si se quiere tener un bebé varón en el primer caso se escoge un embrión fecundado varón y se implanta ese (y no una mujer) en el útero materno; en el segundo se estudian los espermatozoides y se escogen solamente los que van a fecundar un varón para unirlos con el óvulo, garantizando así que el bebé será varón.
Estas controversias y problemas morales tampoco se solucionarán acusando a la tecnología de inmoral, si por ejemplo es necesario que un bebé en el útero pase por uno de estos procedimientos para solucionar un problema médico probablemente no habría problema de aceptarlos. El problema está cuando la tecnología deja de estar al servicio del ser humano y le da la espalda a Dios.
*El Dr. Luis E. Raez es Profesor Asistente de Medicina, Epidemiología y Salud Pública en la División de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento de Medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami. |