Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Septiembre 2005

En la JMJ se vive hondamente la universalidad de la Iglesia

Seminarista de Denver comparte su experiencia en la JMJ como uno de los momentos espi-rituales más fuertes de su vida

Por Mauricio Bermúdez *

Poder asistir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Alemania y poder acompañar al Papa Benedicto XVI en ésta ha sido una de las experiencias espirituales más fuertes en mi vida. Como seminarista, la ilusión de estar cerca del Vicario de Cristo es enorme y en un evento como éste los buenos ánimos no faltaron en ningún momento.

Desde el inicio pude percatarme que Dios estaba muy presente en las actividades y en las vidas de los muchachos que participaron en la jornada. Es impresionante ver como jóvenes de todo el mundo van por las calles cantando, bailando, conviviendo, orando y alabando al Señor. Ha sido uno de los momentos en donde me queda claro que la Iglesia Católica realmente es universal y para todos y cada uno de los hombres. Todos formaron una misma comunidad y todos iban con un mismo propósito: encontrarse con Cristo en la persona del Papa.

Son muchas las vivencias que me gustaría compartir pero me voy a enfocar sólo en tres:
·En mi grupo uno de los muchachos iba con la enorme ilusión de ir a Europa de paseo y no de ir a la JMJ en una peregrinación. Al principio sus intereses estaban más en visitar y hacer compras que en rezar. Pero Dios se valió de todos los medios y tocó su corazón. En un viaje previo a la jornada fuimos a Roma; el último día estuvimos en la Basílica de San Pedro. Después de misa de repente se desapareció y cuando me di cuenta estaba confesándose. Él mismo me dijo que ni siquiera se acordaba de su última confesión. Su rostro se había transformado y su actitud era más de recogimiento. Todo el resto del viaje hasta Alemania meditó e hizo lo posible por llevar una vida de oración. Mostró más interés por rezar el Rosario y se prometió a sí mismo cultivar su relación con Dios. Me sorprendió mucho el cambio de actitud y la disposición que tuvo para las demás actividades de la JMJ en Colonia.

·Asimismo, fue muy alentador ver como a pesar del mal clima que hubo en Colonia y del frío que hizo la noche que pasamos en el campo de María, ninguno de los muchachos perdió la alegría de estar en Vigilia con Jesús Eucarístico y al día siguiente en la Misa del Domingo. El fervor era realmente “ardor” por vivir unidos con Dios. Ver a un mi-llón de personas viajando de todo el mundo sólo por unas cuantas actividades y una Misa podría parecer absurdo; sin embargo, resultó ser un enorme grupo de jóvenes ansiando saciarse del “Pan de Vida”.
·Finalmente, el estar ahí afianzó y llenó de vida mi vocación. El lema de la JMJ “Hemos venido a adorarle” me hizo reflexionar en lo que debe ser mi vida. Ahora como seminarista y en un futuro como sacerdote: una vida de adoración a Dios.

Comprendí que ningún deseo ni aspiración en la vida se puede comparar con ese acto de amor que podemos darle a Dios con nuestras vidas. Al ver a tanta gente participando en el sacramento de la confesión, buscando estar en comunión con la Iglesia, me hizo anhelar más el don del sacerdocio ministerial. La paz y la alegría que experimenté fueron un don de Dios indescriptible.

Después de esta Jornada, al regresar a las actividades diarias, es ahora cuando debo de compartir toda esta alegría que recibí y seguir intentando vivir de acuerdo a la Buena Nueva de Jesús.

* Mauricio nació en México y hace algunos años vino a Colorado y entró al Seminario Teológico San Juan María Vianney de la Arquidiócesis de Denver, donde se prepara para ser sacerdote.

 
 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi