Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Septiembre 2005

De la JMJ y la enseñanza del Papa

Por Abraham Morales

De esas experiencias únicas en la vida que Dios nos permite vivir fue la pasada Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), sobre todo el encuentro del Santo Padre con los jóvenes del mundo. Fueron unos días bien intensos de reflexión, convivencia y de profundizar en la fe, y aunque quizá tu, al igual que yo, no tuvimos la oportunidad de estar presentes físicamente, lo estuvimos a través de las docenas de jóvenes de nuestra Arquidiócesis de Denver y en los jóvenes de nuestros respectivos países, que participaron del encuentro.

Dentro de esta experiencia del primer encuentro del Papa Benedicto XVI con los jóvenes en su primer viaje fuera de Italia a su tierra natal, Alemania, hubo muchos detalles con gran significado, pero que por cuestiones de espacio no podemos comentar todos aquí, así que toca enfocarnos en dos o tres momentos. (Si quieres revisar lo que pasó día a día de la Jornada, ver fotos y leer todos los mensajes del Santo Padre en español te recomiendo que visites la pagina de Internet de www.aciprensa.com)

El primer gran detalle que me llamó la atención fue esa comida, almuerzo, lonche, o como quieras llamarle, que tuvo el Papa con 12 jóvenes de los cinco continentes en representación de toda la juventud. Se me hizo un súper detalle porque precisamente nos ayudó a conocer más de cerca de la persona del sucesor de San Pedro a través de los ojos de esos jóvenes. Todos salieron admirados y más que contentos, no sólo porque vieron a un Santo Padre que los escuchaba y que les hablaba en su propio idioma, sino sobre todo por su compasión, su humildad, su sabiduría y su real interés, entusiasmo y esperanza por la juventud de hoy.

Otro gran detalle fue la visita del Papa a una sinagoga Judía y las palabras que ahí dirigió. Palabras de respeto, de entendimiento, de apertura. Ante los líderes Judíos de Europa nos recordó una gran enseñanza sobre la postura del católico, de la Iglesia, ante los que son diferentes a nosotros. Dijo que él reafirma la postura de la Iglesia “a favor de la tolerancia, el respeto, la amistad y la paz entre todos los pueblos, las culturas y las religiones”. Y así debemos de ser nosotros, fuertes en nuestra fe pero con respeto y tolerancia hacia los que piensan o creen diferente.

Hablando de enseñanzas del Papa, en la Vigilia de despedida, dirigió un mensaje, como decimos, duro y a la cabeza, con pa-labras de gran profundidad y actualidad. Nos dijo que no debemos de construir un Dios privado o un Jesús privado, sino que ‘creemos y nos postramos ante el Jesús que nos muestran las Sagradas Escrituras, y que en la gran comunidad de fieles llamada Iglesia se manifiesta viviente, siempre con nosotros y al mismo tiempo siempre ante nosotros”. Ahí mismo nos habló de las muchas críticas que siempre podemos hacer a la Iglesia, y nos recordó que la Iglesia está formada por pecadores, “una red con peces buenos y malos”. Pero que no obstante nuestros defectos y debilidades, por Su gracia, nos podemos contar entre los que siguen a Jesús, quien llamó a los pecadores a seguirlo.

Y para rematar, en la Misa de clausura habló con pa-labras todavía más fuertes. Y es que las cosas no están para menos. Necesitábamos de su sabiduría, su firmeza y valentía para hablarnos sobre las realidades que enfrentamos. Hablando de la necesidad de seguir trasmitiendo la alegría de conocer a Jesús, nos dijo: “En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marcha igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no. Y de este modo, junto al olvido de Dios existe como un boom de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto. Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento. Pero exagerando demasiado, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que place, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la ‘medida de cada uno’ a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte”. Esta última parte, la de una religión de consumo creo que nos ‘cae el saco’ más porque a lo mejor así vivimos, egoístas, con un Dios adecuado a mis conveniencias y a mi gusto, olvidándonos del sacrificio, de ser humildes.

Así pues, que la JMJ no pase como si nada en tu vida, al contrario, que las palabras del Santo Padre encuentren tus oídos o tus ojos (al leerlo) y te ayuden a darte cuenta que tú eres un mensajero de amor. ¡Que tú eres una persona escogida por Dios para llevar al mundo esa alegría de vivir en la plenitud de los hijos de Dios!
Paz



 
 

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