Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2005

Dios me ha llamado para servirlo

Desde muy pequeño sintió el llamado de Dios para vivir el sacerdocio

Por el Diácono Luis Escandón Farrera

El día 24 de Septiembre de 2005 viví uno de los momentos más importantes de mi vida: mi ordenación como diácono. Es por este motivo que quiero compartir con ustedes, a través de este medio, el gran regalo que Nuestro Señor me dio en días pasados.

Yo soy de Puebla, México, soy el quinto de seis hermanos. Crecí en un ambiente de amor, respeto y solidaridad entre mis hermanos y mis padres, quienes nos enseñaron a vivir en unidad y caridad.

A los siete años, cuando estudiaba con los padres Salesianos, sentí la primera llamada al sacerdocio. Cuando teníamos misa los lunes en la mañana, yo quería estar en el lugar del sacerdote limpiando los vasos sagrados y doblando el corporal. A mi corta edad, creía que en lo que yo podía servir al Señor era en purificar los vasos y doblar el corporal como lo hacía el padre del colegio, con tanto cariño y respeto, yo sabía que quería hacer cuando estuviera grande. Sin embargo, sabía que quería hacer pero no que quería ser, eso lo fui descubriendo con el paso de los años.

Fue a los quince años cuando tuve una experiencia más cercana con la Iglesia, esto gracias a la valiosa intervención de mi mamá, quien me suplicaba que fuera a Misa. Pero como a la mayoría de los muchachos de mi edad no me gustaba. Entonces ella, en secreto se comunicó con mi primo para que me invitara al grupo, él era el coordinador del grupo juvenil de mi parroquia. Yo me sentí atraído por la invitación porque sabía que habían juegos, música y campamentos. Dios me atrapó por ese medio, duré más de cinco años en el grupo juvenil, incluso llegué a ser coordinador de la Sagrada Liturgia en la Misa y hasta di algunos temas del Evangelio.

Llegó el tiempo de ir a la universidad, entré a la escuela de Ingeniería Química, en cuatro años terminé mis estudios y empecé a trabajar como ingeniero en el campo de la Ingeniería Ambiental, también trabajaba dando clases de matemáticas y física para bachillerato y secundaria.

Poco a poco mis planes y mis sueños se iban realizando, pero no del todo, tenía un buen trabajo, un buen sueldo, un departamento, mi auto, pero no era feliz, algo faltaba en mi vida que no me hacía sentir plenamente satisfecho.

Fue entonces, cuando estudiaba la Maestría en Administración de Empresas, que un amigo me invitó a subir el Ixtazihuatl, una montaña en Puebla. Ahí fue donde tuve mi primer encuentro fuerte con Dios. En la cima de la montaña tuvimos una Misa y el sacerdote nos dijo que la ma-yoría de los jóvenes estaban buscando a Dios en mil cosas, dinero, éxito, diversiones, fiestas, etc., pero que Dios no se encontraba ahí, sino que Dios está presente en la grandiosidad de las cosas, en lo perfecto de la naturaleza, en lo pequeño de una flor, en la creación misma. Cuando bajé de la montaña, mi vida había cambiado, Dios me había hablado y me dijo: ¡Deja todo lo que tienes y sígueme!
Así fue que, después de hablar y reconciliarme con mis padres, de regalar mis pertenencias y de renunciar a mi trabajo, seguí al Señor en el camino al sacerdocio.

Un mes después de entrar al seminario, sucedió un hecho que me marcó para toda mi vida, mi tía Yolanda, enferma de cáncer, murió en mis brazos el día que yo la cuidaba en el hospital, ella murió y yo al lado suyo rezando por su alma.

Después de ese inolvidable hecho, mi vocación al sacerdocio fue muy clara, Dios me había llamado para servirlo a Él a través de mis semejantes.

Desde aquel día entregué mi vida al Señor, y después de casi once años, en el día de mi ordenación como diácono, Él me confirma su llamada al sacerdocio por medio de la imposición de manos del Arzobispo.

El camino al sacerdocio no es fácil, pero si tú estás llamado, Dios te ayuda. La vida me ha dado cosas y momentos maravi-llosos y creo que si el Señor me dijera: Luis, yo quiero que vuelvas a comenzar tu preparación desde el inicio, yo le respondería con gusto, “si Señor”, porque nada es tan largo y tan difícil como para vivir la alegría y la dicha de verte ordenado y confirmado por el Señor.

 
 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi