Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2005

Doce nuevos diáconos para la Arquidiócesis de Denver

Tres de ellos son de México y algunos de los americanos están preparados para servir a la comunidad hispana

Por Rossana Goñi y Lara Montoya

En la medida que pasan los años se van viendo los frutos vocacionales y el ar-diente deseo de la comunidad hispana por querer entregarse a Dios y a la Iglesia del norte de Colorado. El pasado 24 de Septiembre, cientos de fieles fueron testigos de la ordenación diaconal de 12 seminaristas durante una Eucaristía presidida por el Arzobispo de Denver, Carlos J. Chaput, O.F.M. Cap. en la Catedral de la Inmaculada Concepción.

Esta vez, la ordenación diaconal tuvo características particulares, el número de ordenados fue el más extenso desde hace más de 10 años y se ordenaron jóvenes de Estados Unidos, Polonia, Italia y tres hermanos de México.

Once de los ordenados son del Seminario Teológico San Juan Maria Vianney y uno del seminario misionero Redemptoris Mater del Camino Neocatecumenal.

“Lo que hacemos hoy en la ordenación de estos jóvenes es la manifestación del plan eterno de Dios” señaló el Arzobispo en su homilía al referirse al versículo de Jeremías que dice “antes de haberte formado en el vientre materno, ya te conocía y te tenía consagrado”.
Los tres seminaristas de México son Héctor Chiapa-Villareal, Luis Escandón-Farrera y Mario Ramírez. Varios de los seminaristas que fueron ordenados -americanos y polacos- han recibido cursos intensivos de español con el fin de poder servir más a la comunidad hispana creciente en Denver.

La ceremonia de ordenación fue muy intensa no sólo por el sacramento en sí mismo que habla de la entrega total y ge-nerosa al Plan de Dios, sino por la evidencia de una Iglesia viva. Los neo-ordenados participaron como diáconos en diversas misas en el norte de Colorado al día siguiente, domingo.

Primera misa como diáconos, Parroquia Reina de la Paz

Los tres diáconos mexicanos concelebraron en la Misa dominical en español en la Parroquia Reina de la Paz en Aurora. Ante la presencia de sus familiares y amigos que habían venido desde lejos y cientos de fieles hispanos, los jóvenes diáconos mostraron su profundo gozo durante toda la emotiva Eucaristía.

La misa fue presidida por el Padre Martin Lally, Párroco de Reina de la Paz y concelebrada por el Padre Michael Glenn, Rector del Seminario Teológico San Juan Maria Vianney; el Padre Gerardo Puga, Vicario Parroquial de Reina de la Paz y los nuevos diáconos Héctor, Luis y Mario.

La lectura del Evangelio y la homilía estuvieron a cargo del diácono Luis, siendo sus primeras palabras de agrade-cimiento a los párrocos de Reina de la Paz quienes lo han apoyado y acogido desde que llegó a Denver. Posteriormente, el neo-diácono pidió la bendición de sus padres para su primera homilía, siguiendo la costumbre familiar que desde niño le enseñaron. Luis empezó su homilía hablando sobre la ordenación diaconal como una costumbre de la Iglesia primitiva, “un diácono es el que participa de las órdenes sagradas y por eso este paso es muy importante para nosotros” señaló. Además habló sobre el cumplimiento de la voluntad de Dios como mensaje central de las lecturas del día. “En el Evangelio vemos como el Señor nos habla sobre el cumplimiento de lo que Él nos pide, y lo que Él nos pide sobre todas las cosas es que amemos. Él nos ama a cada uno y por eso nos entregó a su Hijo, lo que nosotros te-nemos que hacer es demostrarle nuestro amor, necesitamos amarnos los unos a los otros, esa es la enseñanza más importante que Dios nos ha dado” señaló el diácono Luis.
Antes de concluir la misa el párroco de Reina de la Paz, Padre Martín, agradeció a Dios por el nuevo don que se ha dado con la ordenación de estos nuevos diáconos. Asimismo agradeció al Padre Michael y al Padre Gerardo. Y dirigiéndose a los padres de los nuevos diáconos, les dijo que gracias a su generosidad la Iglesia cuenta con vocaciones.
Al finalizar la misa, muchos de los fieles se acercaron a los nuevos diáconos para recibir su bendición y para saludarlos, luego pasaron todos al salón de recepción de la parroquia para celebrar con un almuerzo de confraternidad.

Los nuevos diáconos comentan

Diácono Mario Ramírez:
Me siento muy agradecido con Nuestro Señor por las bendiciones que me ha dado durante mi vida, por la vocación que me ha regalado. Es mucha la alegría, pero también mucho el compromiso que se viene adelante porque la Iglesia está viviendo momentos importantes donde tenemos que ser fieles, firmes y muy fuertes. Hoy Dios en nuestra primera misa como diáconos nos ha hablado de cumplir su voluntad y creo que para nosotros como consagrados es algo muy importante y fundamental y espero que la gracia de la ordenación me dé la fuerza para cumplirla siempre con fidelidad.

Diácono Héctor Chiapa:
Estar en el altar sirviendo a Dios en mi primera misa significa el día que Dios ha tenido en su mente y en su corazón desde toda la eternidad y que hoy ha llegado a su cumplimiento y eso es para lo que fui creado. Por otro lado, el que la gente haya venido al final de la misa a pedirme su bendición es ciertamente una gracia tremenda pero también es a la vez una experiencia que me impulsa a crecer en humildad porque no es obra mía, es obra de Dios a través mío. Al mismo tiempo que doy la bendición, recibo yo la gracia de Dios.

Diácono Luis Escandón:
Me siento muy emocionado y bendecido por Dios, sobre todo porque estuve esperando por esto desde hace mucho tiempo, esta es una bendición de Dios, para mí, para toda mi familia y para toda la comunidad. (Lea su testimonio completo en la página 12).

Hablan los padres de los nuevos diáconos

Verónica Escandón (hermana menor de Luis):
Me siento muy emocionada al ver que mi hermano por fin está realizando parte de su sueño y que lo vamos a ver siempre así.

Ariosto Escandón (padre de Luis):
Todo ha sido maravilloso y muy hermoso, lo que experimento ahora es un gozo muy grande y espero que mi hijo pueda servir a Dios con fidelidad. Al comienzo fue difícil entregar a mi hijo a Dios, pero poco a poco fui comprendiendo y asimilando esta idea.

Hilda Escandón (madre de Luis):
Estoy muy emocionada y muy contenta y toda mi alegría la expreso con mis lágrimas. Así manifiesto mi felicidad, estoy muy contenta con mi hijo. Tengo seis hijos, Luis es el penúltimo, por eso me costó mucho entregárselo a Dios, pero ahora que lo veo en su ordenación no puedo contener mi alegría y felicidad.

Héctor Chiapa (padre de Héctor):
Es algo indescriptible, es como un milagro de Dios, es una bendición que no esperaba, pues nunca pensé que mi hijo fuera a elegir esta vocación. Bueno, la vocación la traes desde que naces porque es un don de Dios, pero nunca me imaginé que traía esa vocación. Desde que entró al Seminario hace diez años para nosotros ha sido algo maravilloso porque Dios nos ha traído muchas bendiciones.

Sara Chiapa (madre de Héctor):
Es una serie de sentimientos encontrados, en primer lugar la alegría de ver a mi hijo ya ordenado como diácono y que ya llegó casi al cúlmen de su vocación, además con muchas bendiciones para él. Muy alegre además de verlo y ver que no se equivocó en la vocación que tenía y el otro sentimiento es de tristeza por saber que vivimos tan lejos y que lo vamos a tener muy lejos de nosotros, pero al mismo tiempo me consuela saber que va a hacer una buena labor en el lugar que lo manden, y servir en un lugar donde lo necesiten, eso es una bendición de Dios y además lo que un padre quiere siempre es la felicidad de los hijos y yo lo veo feliz y contento aquí en Denver.



 
 

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