Religiosidad Popular: en la cultura latina
Octubre, mes de celebraciones
Por Jorge Luna
Las peregrinaciones, las procesiones, los santuarios, son fenómenos comunes en los países latinoamericanos. Son experiencias que nos acompañan en la vida diaria, y así, van formando parte de lo que llamamos nuestra cultura.
La “cultura” son todos los elementos que caracterizan a un pueblo, tradiciones, comidas, formas de vestir, formas de relacionarse, etc. La cultura en un sentido más profundo “indica el modo particular como, en un pueblo, los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con Dios” (Documento de Puebla, 386).
Esta formulación de los obispos reunidos en la ciudad de Puebla nos hace notar un elemento muy importante: nuestra fe. Nuestras creencias religiosas, al ser parte esencial de nuestras vidas, necesitan plasmarse en nuestra cultura, es más, la configuran. Por eso, más adelante los pastores latinoamericanos añadirán: “Lo esencial de la cultura está constituido por la actitud con que un pueblo afirma o niega una vinculación religiosa con Dios, por los valores o desvalores religiosos” (Documento de Puebla, 389).
Al resaltar este punto entendemos mejor la importancia que tiene para los latinoamericanos la celebracion de nuestra fe de manera pública. Lo que muchos llaman “Religiosidad Popular”, constituyen ocasiones en que multitudes se reúnen para celebrar su fe. Es en estas ocasiones en que la fe y la cultura se hacen una misma cosa, y en que la buena nueva tiene oportunidad de llegar a muchas personas.
Por eso mismo, la Religiosidad Popular y sus expresiones cons-tituyen un reto para la Nueva Evangelización de la Iglesia. En especial en los Estados Unidos, donde la presencia latinaomericana crece cada vez más y en donde en nombre de la llamada separación de la Iglesia y del Estado, a veces se llega a actitudes en donde se reprime la posibilidad de expresar algo fundamental y esencial en nuestras vidas, nuestra fe.
Las expresiones de Religiosidad Popular también nos recuerdan nuestra identidad, una identidad que sobrepasa límites territoriales y está definida por una misma fe: la fe católica. De esta manera, las expresiones de Religiosidad Popular nos recuerdan nuestra identidad católica, hijos de una misma fe, miembros de una misma Iglesia. Y también nos ayudan a entender que no sólo no existe ningún problema en que nuestra vida refleje nuestra fe sino que es esencial, porque es precisamente nuestra fe la que define nuestro sistema de valores y la forma en que cons-truimos nuestra sociedad. No hacerlo sería negarnos a nosotros mismos y a nuestra historia.
Octubre es un mes especialmente lleno de expresiones de Religiosidad Popular. El 7 de Octubre celebraremos a Nuestra Señora del Rosario, patrona de Guatemala; el 12 de octubre Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil; y el el 18 de octubre al Señor de los Milagros.
Nuestra Señora del Rosario
Esta fiesta se celebra en toda la Iglesia el 7 de octubre. En Guatemala, con el estableci-miento de los dominicos en Ciudad Vieja, Almolonga, se empezó a difundir la tradición del rezo del Rosario. La primera cofradía del Rosario fue fundada en 1559.
Fray Lope de Montoya, predicador dominico en Guatemala, mandó esculpir en madera y plata la imagen de la Virgen del Rosario, terminada en diciembre de 1592. La Virgen tiene un hermoso rostro que, según cuentan sus devotos, cambia su color rosado encendido a otro mucho más pálido cuando surge algún conflicto o se aproxima alguna desgracia para la nación. Fue declarada patrona de Santiago, hoy Antigua Guatemala, en 1651 con ocasión de los temblores que azotaron la ciudad. Luego, en 1717 y 1773, la imagen fue restaurada, debido a los daños ocasionados por los terremotos de Santa Marta.
El 1 de enero de 1776, con la instalación de los dominicos en la Nueva Guatemala, hoy la ca-pital del país, la imagen fue trasladada al templo de Santo Domingo en la ciudad de Guatemala, donde se encuentra actualmente. Los caudillos de la independencia la escogieron en 1821 como Patrona, cuando reunidos en los claustros de Belén, bajo las órdenes de Juan de la Concepción, determinaron liberar a su país.
La Virgen del Rosario fue solemnemente declarada "Reina de Guatemala" en 1833 y coro-nada canónicamente por Monseñor Luis Durou y Sure el 28 de enero de 1934.
Nuestra Señora de Aparecida
A unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, Villa del Estado de Sao Paulo, se encuentra el pueblo de la Aparecida, que debe su nombre y origen al Santuario de la Virgen que fue levantado en 1743.
En octubre de 1716 pasaba por Guaratinguetá con rumbo a Minas, el gobernador de San Pablo, Pedro de Almeida y Portugal. Los pescadores de la zona querían darle la mejor atención, por lo que tendieron sus redes al río Parahiba, pero con escasa fortuna. Viendo esto, uno de ellos llamado Juan Alves, corrió hasta el lugar denominado Itaguassú y habiendo allí lanzado sus redes de pesca, sacó del primer lance entre las mallas de su red una imagen de la Virgen a la que le faltaba la cabeza. Volvió de nuevo a lanzar la red en otra dirección y esta vez logró aprisionar la cabeza de la imagen.
Lleno de asombro ante tal ha-llazgo, dirigió su barca hacia la orilla y después de limpiarla descubrió que era una Virgen Inmaculada. Aún se ignora el cómo vino a parar al río esta imagen pero todo hace creer que se remonta a los primeros tiempos de la colonización del Brasil.
En 1904 fue coronada canónicamente la Virgen de Aparecida, y en 1930 Pio XII la nombró Patrona de Brasil.
El Señor de los Milagros
Alrededor del año 1650, unos negros angolas pertenecientes a la cofradía del barrio de Pachacamilla, en Lima, Perú, pintaron en uno de los muros del galpón donde se reunían, y donde quizá también habitaban, la imagen de un Cristo crucificado.
Un 13 de noviembre del año 1655 un poderoso terremoto sacudió la ciudad de Lima sin causar daños ni al muro ni a la imagen del Cristo. Este hecho fue el que dio comienzo al culto popular al Señor de los Milagros, propagándose entre la feligresía local pero sin la autorización del párroco del templo de San Marcelo, razón por la cual éste solicitó a la autoridad eclesiástica inmediata superior que se demoliera el muro a fin de evitar cualquier acto profano. Sin embargo, la destrucción no pudo llegar a cumplirse debido a circunstancias fuera de lo común, quedando en pie el muro y la pintura del Cristo continuó ganando el prestigio y el favor del pueblo.
Sebastián Antuñano, el tercer Mayordomo y el gran artífice del culto al Cristo Morado, compró la zona donde estaba la imagen y levantó una capilla.
La primera procesión del Cristo de Pachacamilla ocurrió en 1687, cuando otro terremoto sacudió a Lima. El mismo Antuñano mandó a hacer en lienzo una copia del Cristo que figuraba en el muro y lo sacó en procesión a recorrer las calles de la ciudad. Al conmemorarse el primer aniversario del terremoto del 28 de octubre de 1746, la imagen tomará la costumbre de salir el 28 de octubre visitando templos, monasterios y calles limeñas -y ahora diversas calles del mundo.
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