Con líderes como éstos la Iglesia local está bien servida
Respuesta de la comunidad hispana a nuevos cursos que ofrece el Instituto Pastoral San Juan Diego sobrepasó las expectativas
Por Mar Muñoz-Visoso
El pasado mes de septiembre comenzaron las clases en el Instituto Pastoral San Juan Diego. Por más de seis meses un equipo pastoral estuvo trabajando duro para consolidar temarios, homologar requisitos a los li-neamientos tanto de la arquidiócesis como de la Federación de Institutos Pastorales, y ofrecer una variedad de programas que respondan a los diferentes niveles en que nuestros agentes pastorales, o aquellos que están interesados en serlo, se encuentran. Ahora faltaba por ver qué respuesta teníamos por parte de las parroquias, grupos y movimientos eclesiales.
Para nuestra sorpresa el esfuerzo no ha quedado en lamento. Si la respuesta al curso de “Funda-mentos de la vida cristiana” ha sido muy buena, tenemos más de 20 alumnos registrados, la respuesta al curso de Certificación como agente pastoral (ministerio pastoral) ha sido realmente desbordante.
Ciertamente el equipo pensó que la respuesta iba a ser diferente. Pensamos que el curso de fundamentos, por ser un curso más corto, de un nivel muy básico y costo realmente simbólico, resultaría más accesible y atractivo a la mayoría de catequistas, voluntarios parroquiales y cristianos de a pie, sin embargo, fue todo lo contrario.
El curso de certificación, mucho más exigente en sus demandas, de tiempo, nivel educativo, lectura, tareas y evaluaciones, y un costo algo más elevado, resultó ser el gran atractivo con casi 60 personas registradas. Incluso nos llevamos la grata sorpresa de que varias personas se comprometieron a completar su educación básica (G.E.D o equivalente) antes del término de los dos años que dura el programa, con tal de obtener su certificación. Lo que nosotros pensamos podía ser un obstáculo importante para algunas personas terminó siendo un aliciente para muchos y les espoleó a avanzar no sólo en su formación religiosa sino también en su educación cívica y social. El curso de espiritualidad bíblica destinado a ser una reflexión en grupo pequeño también ha cumplido sus expectativas.
Otro aspecto importante es el de la diversidad que caracteriza al alumnado. Tenemos facilitadores de comunidades de base viniendo desde lugares como Fort Morgan, Greely o Lafayette. Tenemos cate-quistas, coordinadores de grupos juveniles y personas en otros mi-nisterios parroquiales representando a unas quince parroquias. Y tenemos a líderes del Movimiento de Renovación Carismática, Movimiento Familiar Cristiano, y de grupos locales como Cristo y Yo, y Jóvenes para Cristo.
Esto ha sido el resultado directo de un esfuerzo conjunto del Vicario para el Ministerio Hispano, de la Oficina del Ministerio Hispano y el Centro San Juan Diego que junto con el equipo asesor del instituto pastoral se afanaron en diversificar y ampliar la audiencia de los cursos de formación. Se fue a las tradicionales fuentes: se presentó a los sacerdotes, a los catequistas y a los jóvenes, pero también se vio que entre los movimientos y las comunidades eclesiales de base había una gran necesidad de formación.
Finalmente tenemos algunos miembros del clero, a quienes no les hace falta la certificación pero que por diversos motivos piensan que pueden sacar provecho a estas clases. Me admira su humildad.
Esta respuesta debería llenarnos de alegría por muchos motivos. Entre ellos me gustaría señalar los siguientes. En primer lugar, más sacerdotes y coordinadores parroquiales se están dando cuenta de que, a larga, mejor y más preparados catequistas, jóvenes y otros ministros parroquiales redundan en un mejor servicio a la comunidad parroquial. Ellos han jugado un papel importante en animar a muchos, incluso invirtiendo en su formación. Por otro lado, se percibe un cambio de mentalidad, donde estamos pasando del “bastante hacen con venir a dar catequesis a los niños, no les puedo pedir más”, a un “si tu tiempo y obligaciones te lo permiten, estos cursos te ayudarán a hacer mejor tu trabajo, ánimo”. Los líderes de grupos y movimientos también se están dando cuenta que hace falta mucho más que buena voluntad en esto de predicar el Evangelio y de aconsejar de una forma verdaderamente cristiana a aquellas personas y familias que acuden a ellos para intentar perseverar y crecer en su fe. Finalmente, muchos han compartido en las entrevistas realizadas que independientemente del ministerio que desempeñen en su parroquia o grupo, su mayor interés es crecer en su vida personal de fe.
En general, creo que existe una mayor conciencia de que la Iglesia los quiere y los necesita. Y que como pueblo Hispano, tan numeroso que ya somos en esta arquidiócesis y por todo el país, estamos llamados cada vez más a ejercer liderazgo en la Iglesia y Estados Unidos.
Sólo me queda rezar, pues, que la formación que se les ofrece desde el nuevo Instituto Pastoral en el Centro San Juan Diego no defraude a ninguno de sus alumnos y de los párrocos que los envían. Pero con un gozo tremendo, y viendo el entusiasmo con que muchos han respondido a los cursos, me atrevo a afirmar que con líderes hispanos como estos, la Iglesia arquidiocesana está y estará bien servida.
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